BIENVENIDOS

14.4.24

Mayo Mes De Maria

                                                           


A lo largo de los años se han escrito innumerables artículos sobre personajes históricos. Sin embargo, como esta revista se publica en el mes de mayo, quiero dedicar estas líneas a la persona a quien, desde hace siglos, la tradición cristiana consagra de un modo especial este tiempo: la Virgen María.

Mayo es su mes. También celebramos el Día de la Madre y la naturaleza se llena de flores. No parece una casualidad. María es la Madre por excelencia: Madre de Dios y madre nuestra; la flor más bella entre todas las flores.

No pretendo hacer un recorrido por su vida, sobre la que tanto se ha escrito. Prefiero recordar algo mucho más cercano y entrañable: aquellas canciones que durante generaciones hemos cantado en iglesias, colegios y hogares, y que todavía hoy son capaces de despertar recuerdos, emoción y esperanza. Al leer sus letras, muchos volveremos, aunque solo sea por un instante, a nuestra infancia.

«Madre, óyeme: mi plegaria es un grito en la noche…»

«Buena Madre, veo en ti a la mujer llena de Dios…»

«Cuántas veces, siendo niño, te recé…»

Estas y tantas otras canciones acompañaron el mes de mayo de miles de niños. Eran días de flores, de altares improvisados, de rezos sencillos y de una fe que se aprendía casi sin darnos cuenta, al calor de la familia y de la escuela.

A mí todo aquello no me hizo ningún mal. Al contrario. Aprendí las primeras oraciones y devociones casi al mismo tiempo que comenzaba a hablar. Es cierto que, en muchos momentos de mi vida, las dejé a un lado. Pero también puedo decir que, cuando más las necesité, fueron un verdadero salvavidas.

Quiero terminar con una anécdota que refleja la sencillez con la que vivíamos aquella devoción.

En casa teníamos una imagen de la Virgen junto a la escalera. Desde pequeños nos enseñaron a saludarla al pasar, lanzarle un beso, pedirle ayuda o darle las gracias.

Un día había visita en casa. Uno de mis hermanos, que apenas tenía tres años, cogió una tremenda pataleta. Lloraba y gritaba sin consuelo. Lo mandaron a su habitación y mi madre comentó a la visita:

—Ahora se callará.

Y así fue. Al llegar a la imagen de la Virgen, el niño hizo un silencio absoluto. La visita quedó desconcertada. Apenas unos segundos después, continuó llorando con la misma intensidad mientras seguía subiendo la escalera.

Mi madre sonrió y explicó:

—Ha hecho una pausa para saludar a la Virgen.

Son recuerdos sencillos, propios de otra época, pero que dejaron una huella profunda. Porque la fe, muchas veces, no se transmite con grandes discursos, sino con pequeños gestos cotidianos que permanecen para siempre en el corazón.        


A lo largo de los años, se han escrito muchísimos artículos sobre personajes históricos,
Pues como la revista sale en el mes de mayo. Quiero hablar de un personaje Único, maravilloso al que se dedica por tradición este  mes
. Mayo mes de la Virgen, Nadie ha tenido tanto reconocimiento ni en el cielo ni en la tierra. También se celebra el día de la madre, y es el mes de las flores. Creo que precisamente porque la Virgen es la madre por excelencia pues es de Dios y nuestra, y la flor de las flores.
No voy a hablar de ella, pero si he recopilar la letra de alguna canción dedicadas en su honor y que la mayoría recordaremos
·        Madre, óyeme: mi plegaria es un grito en la noche. Madre, mírame en la noche de mi juventud. Madre, sálvame, mil peligros acechan mi vida. Madre, lléname de esperanza, de amor y de fe.

Madre, guíame: en la sombra no encuentro el camino. Madre, llévame, que a tu lado feliz cantaré. Madre, una flor, una flor con espinas es bella. Madre, un amor, un amor que ha empezado a nacer.

 Madre, sonreír, sonreír aunque llore en el alma. Madre, construir, caminar aunque vuelva a caer. Madre, sólo soy el anhelo y la carne que luchan. Madre, tuyo soy, y en tus manos me vengo a poner.
·        Buena Madre veo en ti, a la mujer llena de Dios. Buena Madre por la fe, sabes vivir en la oscuridad. Mira a tus hijos caminar, buscando luz. Mira la angustia y el dolor,   Danos tu fe y acógenos.
·        Cuántas veces siendo niño te rece .Con mis besos te decía que te amaba .Poco a poco, con el tiempo, alejándome de Ti Por caminos que se alejan me perdí.
Hoy he vuelto, Madre a recordar, cuántas cosas dije ante tu altar, y al rezarte puedo comprender, que una Madre no se cansa de esperar
Al regreso me encendías una luz. Sonriendo desde lejos me esperabas. En la mesa la comida aún caliente y el mantel. Y tú abrazo en mi alegría de volver

·        . 
Aunque el hijo se alejara del hogar, una madre siempre espera su regreso, que el regalo más hermoso, que a los hijos da el Señor, es su madre y el milagro de su amor.
     A mí no me hizo ningún mal. Por el contrario, las oraciones y devociones que aprendí a la vez que comenzaba a hablar. Aunque las he abandonado en muchos momentos. En otros han sido mi salva-vidas.
     Como colofón una anécdota: En casa teníamos una imagen de la Virgen al subir la escalera. Y nos enseñaron a saludarla, tirar un beso, pedirle cosas , pedirle ayuda etc. Pues un día en casa estaba una visita y no sé el motivo, pero uno de mis hermanos con 3 añitos cogió una pataleta, y los gritos y lloros  aumentaban. Debieron mandarlo a su cuarto. Mi madre le comento a la visita, calculando que el niño iba por la escalera, ahora se callará, y así fue ante la sorpresa de esta visita, para continuar berreando. Mi madre explico que  el motivo de la pausa fue dedicado a la Virgen




24.3.24

En Torno A La Vida (Micro Relatos)






SIEMPRE HAS ESTADO A MI LADO

Desde mi concepción, Tú ya estabas a mi lado.

Podría haber muerto antes incluso de nacer. Mi madre sufrió un accidente durante el embarazo y el miedo la invadió de repente. No temía tanto por ella como por la pequeña vida que llevaba en su seno.

Cuando los médicos le dijeron que ambos estábamos bien, respiró aliviada. Poco antes había descubierto que no latía un solo corazón dentro de ella, sino dos. Aquella noticia la había llenado de emoción y también de incertidumbre.

Sin embargo, nunca dejó que el miedo ocupara el lugar de la confianza.

Como tantas madres generosas, no pensó en dos bocas más que alimentar, ni en dos cuerpos que vestir, ni en las innumerables necesidades que traería una familia más numerosa. Levantó la mirada hacia el cielo y, con la naturalidad de quien habla con un amigo de toda la vida, Te dijo:

—Esta vez tendrán que venir con dos panes debajo del brazo.

Y Te dio gracias porque los tres seguíamos con vida.

Con el paso de los años, en las reuniones familiares, volvían una y otra vez los recuerdos de la infancia. Entre risas, alguien terminaba preguntándole:

—¿Cómo podíais sacar adelante una familia tan grande viviendo solo del campo?

Ella sonreía.

Sabía muy bien que trabajar la tierra era vivir mirando al cielo. Se araba, se sembraba, se abonaba... y bastaba una tormenta de granizo para perder en unos minutos el esfuerzo de todo un año.

Sin embargo, nunca insistía en las penurias. No hablaba de las noches sin dormir, ni de las estrecheces económicas, ni de los sacrificios silenciosos que solo conocen los padres. Prefería detenerse en las bendiciones.

Recuerdo escucharle decir que, curiosamente, el año en que nacía un hijo solía llegar acompañado de una cosecha mejor o de alguna sorpresa inesperada. Los pocos animales que tenían criaban más de lo habitual; incluso una vaca llegó a parir dos terneros. Eran pequeños detalles que otros habrían atribuido a la casualidad, pero ella los recibía como una caricia de la Providencia.


Con inteligencia, trabajo y una extraordinaria capacidad para administrar lo poco, conseguía multiplicarlo todo. Nunca sobró nada, pero jamás faltó lo necesario.

Con los años he comprendido que, cuando uno vive convencido de que Dios camina a su lado, las dificultades no desaparecen, pero dejan de ser muros infranqueables. La confianza abre caminos donde antes solo parecía haber obstáculos.

Quizá por eso las personas más sencillas suelen descubrir antes Su presencia. Dios no acostumbra a levantar la voz. Habla en el silencio, actúa sin hacer ruido y ayuda de puntillas, sin reclamar reconocimiento.

Muchas veces nos apropiamos de los dones que hemos recibido, como si fueran únicamente fruto de nuestro esfuerzo. En cambio, cuando llega el sufrimiento, protestamos enseguida:

—¿Por qué a mí?

Con el tiempo he aprendido que existe una pregunta mucho más fecunda:

—¿Para qué?

Los diamantes no nacen brillando. Antes han soportado una enorme presión, han sido golpeados y cuidadosamente pulidos hasta reflejar la luz.

Quizá ocurra lo mismo con las personas.

Por eso, cuando miro hacia atrás y recuerdo aquel accidente que pudo cambiar mi historia antes de empezar, ya no me pregunto por qué seguí con vida.

La única pregunta que permanece en mi corazón es esta:


Señor, ¿para qué me dejaste con vida?


SOY ESPECIAL

Cuando mis padres supieron que iban a tener un hijo, desbordaban de alegría. Nunca quisieron conocer mi sexo antes de nacer. Querían que aquel momento fuera una sorpresa.

Todo transcurrió como sucede en la mayoría de los embarazos.

Llegó el día en que, por fin, nos conoceríamos. Mi madre ingresó en el hospital para traerme al mundo. Fueron horas de dolores, de espera y de esperanza. Y, como me daba mucha pena que sufriera tanto, decidí nacer.

Como a todos los recién nacidos, me llevaron para los cuidados inmediatos. Pasaban los minutos y mis padres preguntaban por mí. Se extrañaban de que tardaran tanto en llevarme al regazo de mi madre y a los brazos de mi padre. La inquietud comenzó a apoderarse de ellos.

—¿Le habrá pasado algo?

Esperaban ansiosos conocer a su pequeñín.

Las enfermeras dudaban antes de entregarme.

Cuando, por fin, mis padres me vieron, se derrumbaron. Sintieron dolor, angustia, miedo. No encontraban consuelo. No podían comprender lo que estaba ocurriendo. Por un instante, no supieron qué hacer conmigo.

Después de un largo rato, abrazados y llorando, hicieron silencio en su corazón y rezaron.

Entonces Dios les susurró:

—Lo que estáis viendo es solo el sobre de una carta. El sobre acaba desechándose; lo importante es la carta. Leedla despacio y descubriréis el inmenso regalo que habéis recibido.

Desde aquel instante, nunca más dejaron de abrazarme entre sus dos corazones.

Perdonad..., todavía no os he contado qué tenía de especial.

Nací con un cromosoma más.

Muchos creen que esa es nuestra única diferencia. Pero se equivocan. Somos especiales por muchísimas más cosas, aunque demasiadas veces no nos dejan demostrarlas... porque ni siquiera nos permiten nacer.

Tenemos un don para ganarnos el cariño de quienes nos rodean. Somos capaces de reunir a toda la familia, de arrancar sonrisas cuando parecen imposibles y de regalar un amor inmenso, sin condiciones.

A mí me llaman "rompecorazones". No sé muy bien qué significa, pero debe de ser algo bonito, porque siempre me lo dicen con una sonrisa llena de ternura.

Hubo un momento en que mis padres no sabían qué hacer conmigo.

Hoy sé que no sabrían qué hacer sin mí.

HE VUELTO A NACER

Era uno de esos días en los que la lluvia invitaba a quedarse en casa. Aunque a ninguno nos apetecía salir, teníamos pendiente una reunión entre amigos para celebrar distintos acontecimientos. Vencimos la pereza y, por fin, nos reunimos.

Yo regresé a casa a una hora prudente. Me esperaban mis obligaciones familiares y, además, necesitaba recuperar algo de sueño, así que me acosté temprano. Los demás decidieron prolongar la velada.

Ya entrada la noche recibí un mensaje que me dejó helado:

«He vuelto a nacer.»

Al regresar a casa, con la carretera empapada y algunas zonas comenzando a helarse, el coche de este amigo derrapó. Dio dos vueltas completas sobre sí mismo antes de acabar en la cuneta.

Horas después pudo contar lo sucedido. Me confesó que había visto la muerte muy de cerca. El coche quedó destrozado, pero él sobrevivió milagrosamente.

Me dijo que, en apenas unos segundos, toda su vida pasó por delante de sus ojos. Y añadió una frase que no he podido olvidar:

—Había cosas que no me gustaron nada.

Pensó que, si hubiera muerto en aquel instante, habría dejado demasiados asuntos importantes sin resolver. Mientras el coche giraba sin control, solo pudo rezar y pedir a Dios un poco más de tiempo.

Tiempo para dedicárselo a su familia.

Tiempo para jugar con su pequeño, para no perderse ninguna etapa de su infancia, para estar presente en su crecimiento.

Y, sobre todo, tiempo para abrazar a su mujer y decirle cuánto la quería; decirle que estaba por encima de todo, aunque hacía demasiado tiempo que no se lo expresaba.

Aquel accidente le hizo comprender que la vida no estaba en sus manos, como tantas veces había creído. Descubrió, de la manera más dura, que la muerte no siempre llama a la puerta de los demás.

Vivimos viendo cómo otros parten y, casi sin darnos cuenta, pensamos que esa desgracia siempre les ocurre a otros. Nos sentimos, inconscientemente, inmunes.

Pero basta un segundo para descubrir que nosotros tampoco somos dueños del mañana.

Entonces recordó un mensaje de WhatsApp que alguien había compartido en el grupo unos días antes:

«Relájate. Dios existe... pero no eres tú.»

Nunca una frase tan sencilla había encerrado una verdad tan profunda.

A veces necesitamos rozar el abismo para comprender que cada día es un regalo, que el amor no puede aplazarse y que las palabras importantes no deberían esperar a mañana. Porque el mañana, sencillamente, no nos pertenece.

                                                               Lucia SS






27.1.24

Peregrino IV (Articulo recuerdo a Eusebio)



                                              


Como el trayecto de Madrid a Pamplona es largo, hay tiempo para todo. Cuando el interés por el alma™
de Juan decayó, a nadie le interesó seguir elucubrando sobre temas así de transcendentales, de modo que nuestro querido Juan se concentró en sus pensamientos y volvió a soñar, pero esta vez sin dormir, un sueño de hombre soñador. Y esto era lo que le circulaba por las neuronas de su cerebro. Lo transcribo tal cual. Tendréis que perdonarle que esta vez se ponga transcendental o filosófico o tierno y sentimental. Pero él es así: “Poco sabemos sobre cómo alcanzar la verdad, pero sí sabemos cómo caminar de un lugar a otro, por más arduo que sea el viaje. Esa es mi única aspiración en este viaje: caminar de un lugar a otro, no parar, porque parar es morir. Mi vida es como la de un pájaro parecido a la golondrina, que se llama vencejo y que tiene las patitas tan cortas que si se posa en el suelo no puede remontar el vuelo y muere. El vencejo se pasa la vida en un eterno viaje. Como yo, sólo que él va por el cielo y yo por el suelo; pero los dos condenados a un eterno peregrinaje. El se pasa la vida viajando por el cielo y no puede posarse, porque es volar o morir. Hasta aparearse lo hace volando. Si no vuela no podrá comer, ni respirar, porque él vive del aire y del alimento que el aire le proporciona, que son básicamente los mosquitos. Su boca abierta succiona aire y alimento y no podrá dejar de volar. Y sólo se posará en un risco o tejado alto para cumplir con su obligación de anidar y prolongar la especie, y eso sucede una vez al año. Pondrá sus huevos, alimentará a sus crías durante dos meses y tarea cumplida. Luego otra vez al cielo, a viajar alejado del suelo. Yo tampoco podré pararme en cualquier albergue del camino, porque esté cansado o me duelan los pies o el alma. Si quiero la meta, he de seguir caminando y no parar.
Parar sería el final de mi camino sin haber llegado a nada. Así que a caminar Juan, a ver qué nos encontramos. En el camino está la verdad, la vida. En la parada no hay nada, amigo mío. No tienes ya ninguna razón para detenerte. Tú, al igual que el vencejo, ya has anidado, ya has criado a tus hijos, has cumplido con el deber de ir perpetuando la especie. Ahora el camino es tu vida.” Y con estos pensamientos revoltosos y confusos cociéndose en su cerebro se fueron acercando a la estación. El tren se paró y Juan se levantó del asiento. Todos los del compartimento se fueron despidiendo y le desearon felices sueños, silenciosos o compartidos y Feliz Camino. Todos fueron comprensivos con él, porque los viejos se duermen en cualquier parte y hay que ser educados y respetarles el merecido descanso. Y cada uno se fue por su lado hasta nunca más ver, pero se llevaron un agradable recuerdo de aquel viejo soñador. Juan se sentó en un banco de la estación y mientras esperaba al autobús que le iba a llevar a Saint Jean Pied de Port, no pudo por menos de recordar a la persona que le había contado la vida de estos increíbles pájaros que se pasan el 80 por ciento de su vida en el aire. Esta persona le contó cómo ella recogía a algunos vencejos que caían al suelo y les ayudaba para salvarles de la muerte. Y es que los pobres tienen un grave problema cuando caen al suelo, sobre todo las crías. Mientras están en el nido la madre los alimenta y les hace engordar hasta que pesan incluso más que ella misma. Pero a los dos meses tienen que saltar del nido y nunca más volverán a él. Tendrán que buscarse la vida por sí mismos en otra parte del planeta, porque el nido ya no será su casa y su madre les soltará definitivamente de su protección. La madre si volverá año tras año al mismo nido con una precisión de GPS y allí criará otros polluelos. Algunas veces


estas crías no aciertan con el aleteo correcto o no están suficientemente fuertes y caen al suelo y ya sabemos que caer al suelo significa la muerte. Esta persona con ternura los recogía y alimentaba un tiempo hasta que estaban suficientemente fuertes para ´volver emprender una vida en Dios sabe que latitudes de la tierra. Juan me encargó encarecidamente a mí , su portavoz, que le diera las gracias a esa persona en su nombre. Me dijo que fue gloria bendita oir el relato de su boca y que siempre se la imaginará teniendo en su mano una cría de vencejo y alimentándolo tiernamente, para darle una oportunidad de vivir y divisar la tierra casi entera desde las alturas, ya que son aves migratorias y realizan gigantescos viajes, buscando los mejores climas del globo terráqueo Me dijo que ella le había inspirado este episodio de su Camino y que a ella le dedicaba estos pensamientos que me ha dejado para que se los transmita a ustedes, mis pacientes y sufridos lectores. Y este día se despidió diciéndome: “Amigo escribano, ten en gran
aprecio a una persona así, porque no se encuentran muchas de éstas en el mundo y quien encuentra a una de ellas encuentra un tesoro Una persona que acuna y mima así a un pobre pájaro ha de tener un alma muy especial”. Y prosiguió: “No os voy a revelar su nombre, porque no sé si a ella le gustaría. Sólo os diré que, mientras me contaba esta tierna historia de los vencejos, su rostro lucía con una luz especial. Si un día, en vuestro peregrinaje os encontráis con ella, la reconoceréis fácilmente, porque os contará historias entrañables y su rostro resplandecerá otra vez, mientras el corazón se le seguirá saliendo por la boca”.




3.10.23

El Valor Oculto Del Amor





Hay mucha gente buena en el mundo, más de la que podemos imaginar. A diario se cruza en nuestro camino, pasando inadvertida, pero sus vidas son fecundas: generan bien, entregan amor y, la mayoría de las veces, la sonrisa y el buen humor son sus señas de identidad.

Podrían compararse al aire limpio, a la hierba fresca o a esas pequeñas plantas de tallo tierno que, en silencio, cubren grandes superficies.

El tiempo corre veloz.

Sin embargo, me gustaría recordar la conmoción que causó la noticia del accidente sufrido por un grupo de jóvenes que, recién terminado el curso, decidieron dar lo mejor de sí mismas en un proyecto solidario en Costa de Marfil.

Mientras amigos y compañeros preparaban sus hamacas y chancletas para pasar el verano tumbados al sol, treinta jóvenes estudiantes emprendían un viaje de cuatro mil kilómetros para dirigirse a una zona del África occidental, lejos de la comodidad de sus hogares, donde realizarían labores de voluntariado y solidaridad.

Allí las esperaban con los brazos abiertos para recibir apoyo en su formación y ayuda en tareas sanitarias y educativas; todo ello impregnado del cariño, la generosidad y esa alegría desbordante propia de los corazones jóvenes.

Pero el destino quiso otra cosa.

Un fortuito accidente frustró aquellos magnánimos deseos. La noticia saltó rápidamente a los informativos y, a través de la prensa, se conoció todo lo que, durante años, habían realizado desde este proyecto de apoyo a África.

De no haber ocurrido el lamentable suceso, su labor habría permanecido ignorada y oculta para la mayor parte del mundo.

Estas jóvenes, como la hierba fresca que crece callada, llevaban con su presencia, su trabajo y su buen hacer una ráfaga de esperanza y cercanía a los más necesitados.

No se sentían heroínas ni titanes, porque cuando es el amor el que impulsa a hacer las cosas no hay medida ni cálculos mezquinos.


Así vivía Teresa Cardona, la única fallecida en el accidente, una de las responsables e impulsoras de este gran proyecto social en África. Mujer de sonrisa abierta y corazón generoso, había hecho de esa entrega una forma cotidiana de vivir. Era profesora de un colegio de Barcelona.

A veces juzgamos demasiado deprisa.

Nos parece que los tiempos están revueltos, que la juventud anda confundida, desorientada y sin ideales. Sin embargo, esas afirmaciones no hacen justicia a la valentía y a la generosidad que siguen demostrando tantos jóvenes de hoy.

Además, la experiencia enseña que, por poco que demos y ayudemos, siempre recibimos mucho más: lecciones de gratitud, de alegría, de fortaleza y de generosidad. Casi podría decirse, con un punto de egoísmo, que recibimos multiplicado cada pequeño gesto de lo que ofrecemos.

Pasa el tiempo, surgen otras noticias y nuestra atención se dispersa entre la avalancha de información que cada día nos llega.

Pero, mientras tanto, el bien continúa abriéndose camino en silencio, sin hacer ruido, como esas pequeñas plantas que crecen sin que nadie repare en ellas y, poco a poco, cubren la tierra de vida.

Y es entonces cuando volvemos a descubrir que la verdadera felicidad, la que llena de sentido la vida, nace cuando vivimos con el corazón abierto a los demás.

la felicidad que llena la vida, se encuentra cuando se vive en disposición de continua apertura a los demás.

      Lucia SS











16.8.23

Homenaje A Las Abuelas: El Poder Del Amor 3

 Llevo poco tiempo colaborando en la revista del barrio donde vivo y, desde que descubrí el enorme trabajo que hay detrás de cada número, todavía me hace más ilusión sentarme a escribir.

Antes de comenzar, permitidme un pequeño inciso. Espero que los abuelos no se molesten. Hoy este artículo está dedicado a las abuelas. No porque quiera excluirlos, sino porque sería imposible escribir continuamente "abuelos y abuelas". Ellos también merecen un reconocimiento, pero hoy el protagonismo es para ellas.

Me gustaría hacer una mención muy especial a tantas mujeres de mi pueblo: algunas mayores que yo, otras compañeras de mi infancia y juventud, con las que compartí juegos, calles y recuerdos. Hoy, la inmensa mayoría tiene algo en común: son abuelas. ¡Y qué abuelas!

Cuando mi hermana Nati me envió una fotografía de varias de ellas, me pareció tan bonita y tan representativa que enseguida despertó en mí el deseo de escribir este pequeño homenaje.

¿Quiénes son esas abuelas?

Son esas mujeres que dejan una huella imborrable en el corazón de sus nietos. Son un refugio seguro, un segundo hogar donde siempre encontramos comprensión, ternura y amor incondicional. Son esos abrazos largos que parecen curarlo todo, la mirada que transmite calma y el corazón que nunca juzga.

En ellas encontramos el espejo donde aprender a mirarnos, el hombro donde descansar las lágrimas, el silencio que sabe escuchar nuestros secretos y la paciencia infinita para interesarse por nuestras pequeñas historias, como si fueran las más importantes del mundo.

Las abuelas guardan la esencia de los momentos que nunca podrán reemplazarse: los cuentos contados al calor de su regazo, los valores aprendidos sin necesidad de grandes discursos, las primeras oraciones antes de dormir mientras velaban nuestros sueños y ese cariño que solo ellas saben regalar.

Siempre aciertan con los pequeños detalles, porque conocen el verdadero valor del tiempo dedicado y del amor entregado sin esperar nada a cambio. Sus brazos recomponen el alma, sus manos alivian las heridas de las rodillas cuando somos niños y también esas otras heridas invisibles que la vida va dejando en el corazón.

Las abuelas de hoy son jóvenes de espíritu, llenas de energía, con proyectos e ilusiones. Son mujeres luchadoras que han construido su vida con esfuerzo. La vida les ha dado muchas alegrías, pero pocas cosas les han sido regaladas.

Y, aunque ya hayan criado a sus hijos, siguen siendo imprescindibles para ellos. En una sociedad donde conciliar el trabajo y la familia parece un rompecabezas imposible, ellas continúan colocando muchas de las piezas en su lugar. Gracias a su ayuda, miles de familias pueden salir adelante cada día.

Por eso las abuelas —y también los abuelos— se han convertido en figuras esenciales en la sociedad del siglo XXI. Son el apoyo silencioso que sostiene muchos hogares sin pedir nunca reconocimiento.

Son mujeres generosas, capaces de permanecer despiertas para que otros puedan dormir tranquilos. Saben aplazar sus propios planes para cuidar de quienes más quieren. Nunca dejan de soñar, pero muchas veces ponen sus sueños en segundo plano para ayudar a cumplir los de los demás.

Son abuelas modernas, activas, cultivadas, curiosas y abiertas al mundo. Sin embargo, conservan intacta una escala de valores firme, esa que les sirve de brújula para enseñar, muchas veces sin palabras, lo verdaderamente importante.

Mención a la abuela

Un jardín de amor crece siempre en el corazón de una abuela.

Una abuela es esa niñera que prefiere contemplar a sus nietos antes que la televisión.

Su voz permanece en nuestros oídos, sus caricias siguen acariciando nuestro rostro y sus besos continúan descansando en nuestra memoria.

Ha sido muy fácil quererlas, pero resulta muy difícil aprender a vivir sin ellas.

Son ellas quienes enseñan desde la experiencia, incluso desde los errores que un día cometieron.

Las que estuvieron presentes en nuestros primeros pasos y en nuestras primeras palabras. Las que nos enseñaron a escribir "abuela" antes incluso de comprender todo lo que esa palabra significaría para nosotros.

Las que nos dejaban meter las manos en la masa —eso sí, bien limpias— mientras preparaban un bizcocho. Las que nos enseñaron a reconocer las flores del campo, a cuidar un pequeño caracol o a descubrir que la felicidad se escondía en las cosas más sencillas.

Ellas se convierten en amigas, maestras, confidentes y compañeras de aventuras.

Nos escuchan con verdadera atención, nos cuentan cómo era su infancia y después preguntan con la misma ilusión por la nuestra.

Y no importa el camino que elijamos. Da igual si estudiamos lejos o cerca, si la vida nos lleva a otra ciudad o incluso a otro país. Ellas seguirán esperándonos con la misma sonrisa, con la mesa preparada y el corazón abierto de par en par.

Porque las abuelas nunca dejan de ser hogar.

Con el paso de los años quizá olvidemos muchos momentos de nuestra infancia, pero jamás olvidaremos el olor de su cocina, el calor de sus abrazos, la ternura de sus manos sujetando las nuestras o esa forma tan especial que tenían de hacernos sentir únicos.

Dicen que Dios no podía estar en todas partes y por eso creó a las madres. Yo añadiría que, cuando una madre se convierte en abuela, el amor encuentra una nueva manera de hacerse presente.

Las abuelas son la memoria viva de la familia. Son el puente entre el pasado y el futuro; las guardianas de nuestras raíces, las que conservan las historias que nadie escribió y las transmiten de generación en generación. En un mundo que corre deprisa, ellas nos recuerdan que lo verdaderamente importante siempre necesita tiempo: escuchar, acompañar, cuidar, esperar y amar.

Quizá nunca lleguemos a agradecerles todo lo que han hecho por nosotros. Nunca llevarán una capa de superheroína ni recibirán grandes homenajes. Su recompensa siempre ha sido mucho más sencilla: una llamada inesperada, un beso, un dibujo hecho por un nieto, una visita de domingo o unas pequeñas manos buscándolas para sentirse seguras.

Hoy quiero rendir homenaje a todas esas mujeres extraordinarias que, sin hacer ruido, sostienen familias enteras con su entrega silenciosa.

A vosotras, abuelas, que habéis convertido el sacrificio en ternura, el esfuerzo en ejemplo y el amor en vuestra forma de vivir.

Gracias por cada abrazo, por cada consejo, por cada renuncia que nunca contasteis y por cada sonrisa que regalasteis incluso cuando estabais cansadas.

Ojalá nunca olvidemos que, mientras exista una abuela, siempre habrá un lugar donde regresar.

Porque las abuelas no solo dejan recuerdos.

Dejan raíces.

Y quien tiene raíces tan profundas, nunca deja de florecer.

Con todo mi cariño y admiración para todas las abuelas, las de ayer, las de hoy y las que un día lo serán. Porque el mundo siempre será un lugar mejor mientras exista una de ellas.

                                   Lucía Sanz




31.7.23

Los abuelos

                                  Los Abuelos: Con el poder del amor 5



Vivimos en una sociedad que corre deprisa. Todo parece medirse por la productividad, la rapidez y la utilidad inmediata. Sin embargo, existen personas que nos recuerdan que lo verdaderamente importante no suele tener prisa. Los abuelos son una de esas presencias silenciosas que sostienen la vida familiar sin hacer ruido.

En muchas ocasiones pensamos en ellos como quienes cuidan de los nietos cuando los padres trabajan. Y es cierto que hoy desempeñan un papel imprescindible para muchas familias. Pero reducir su misión a esa ayuda cotidiana sería olvidar la riqueza inmensa que representan.

Los abuelos son memoria viva. Son las raíces que mantienen firme el árbol familiar. Gracias a ellos conocemos nuestras historias, comprendemos de dónde venimos y aprendemos valores que ningún libro puede enseñar con la misma profundidad.

Cada arruga de un abuelo habla de luchas, sacrificios, alegrías y esperanzas. Han vivido tiempos diferentes, han superado dificultades que hoy apenas imaginamos y, sin proponérselo, transmiten una sabiduría que solo concede el paso de los años.

Mucho más que cuidadores

Cuando un abuelo juega con un nieto, no solo comparte un rato de diversión. Está construyendo recuerdos que permanecerán toda la vida.

Cuando escucha con paciencia, transmite seguridad.

Cuando cuenta una historia familiar, fortalece la identidad del niño.

Cuando abraza sin prisas, enseña que el amor no necesita palabras grandilocuentes.

Los estudios destacan numerosos beneficios psicológicos y emocionales de esta relación, tanto para los nietos como para los propios abuelos. Sin embargo, quienes hemos disfrutado del cariño de nuestros mayores sabemos que no hacen falta investigaciones para comprenderlo. Basta recordar una tarde junto a ellos para descubrir el inmenso tesoro que representan.

Cada abuelo tiene un modo único de amar

No existen dos abuelos iguales.

Los hay divertidos, capaces de convertir cualquier tarde en una aventura.

Otros son prudentes y serenos, ofreciendo siempre el consejo oportuno.

Algunos destacan por su ternura; otros por su firmeza.

Pero todos, cada uno a su manera, dejan una huella imborrable.

No necesitan ser perfectos. Solo necesitan estar presentes.

También ellos necesitan ser cuidados

Con frecuencia olvidamos que quienes un día cuidaron de nosotros también llegan a una etapa en la que necesitan compañía, comprensión y cariño.

Muchos abuelos entregan su tiempo sin reservas. Recogen a los nietos del colegio, ayudan con los deberes, preparan comidas, acompañan a actividades y están siempre disponibles.

Su generosidad merece nuestro agradecimiento, pero también nuestro respeto.

No debemos convertir su amor en una obligación permanente.

Los padres siguen siendo los principales responsables de la educación de sus hijos. Los abuelos colaboran, enriquecen y acompañan, pero nunca deben verse sobrecargados hasta el punto de perder su propia tranquilidad o poner en riesgo su salud.

El legado más valioso

Vivimos preocupados por dejar bienes materiales a quienes amamos.

Sin embargo, el mayor legado que puede dejar un abuelo no cabe en una herencia.

Es el ejemplo.

Es la fe.

Es la honradez.

Es la capacidad de perdonar.

Es la fortaleza ante las dificultades.

Es la serenidad que nace de haber aprendido que casi todo acaba encontrando su lugar.

Los nietos quizá olviden muchos regalos, pero jamás olvidarán cómo les hicieron sentir sus abuelos.

Una invitación

Si todavía tienes la inmensa fortuna de contar con tus abuelos, visítalos.

Escúchalos.

Pregúntales por su infancia.

Déjales hablar.

Abrázalos.

Y diles cuánto los quieres.

Quizá algún día descubras que aquellas conversaciones aparentemente sencillas fueron algunas de las lecciones más importantes de tu vida.

Porque los abuelos no solo transmiten recuerdos.

Transmiten identidad.

Nos recuerdan quiénes somos.

Y nos enseñan, sin apenas darse cuenta, que el verdadero amor siempre deja huella.

 

  Lucia SS

 



16.6.23

La Posverdad Y Las Fake News

 


En el artículo anterior reflexionaba sobre la verdad. Hoy quiero detenerme en su cara opuesta: la posverdad y las llamadas fake news. En realidad, ambas forman parte de un mismo problema, aunque merecen ser analizadas por separado.

No soy periodista ni experto en comunicación. Seguramente cualquiera de vosotros podría explicar estos conceptos con mayor rigor académico que yo. Sin embargo, hay algo que me impulsa a escribir sobre ellos: la inquietud que me produce comprobar hasta qué punto las nuevas tecnologías, los medios de comunicación y las redes sociales, siendo herramientas extraordinarias, también pueden convertirse en instrumentos de manipulación.

Vivimos en un mundo fascinante. Nunca antes habíamos tenido acceso a tanta información ni a tantos medios para comunicarnos. Todo está al alcance de un clic y todo evoluciona a una velocidad vertiginosa. Yo mismo reconozco que muchas veces camino varios pasos por detrás de ese progreso. Pero precisamente por eso intento observarlo con espíritu crítico.

Las fake news, o noticias falsas, no son un fenómeno completamente nuevo. La mentira ha acompañado siempre a la humanidad. Lo que sí es nuevo es la velocidad con la que una falsedad puede recorrer el planeta y el enorme impacto que puede llegar a tener antes de que aparezca la verdad.

Más preocupante aún es la llamada posverdad. No consiste únicamente en mentir. Va mucho más allá. Es un modo de construir relatos donde los hechos importan menos que las emociones que despiertan. Una afirmación termina pareciendo cierta no porque haya sido demostrada, sino porque coincide con nuestras ideas, nuestros prejuicios o nuestros deseos.

Cuando eso ocurre, la frontera entre la verdad y la mentira comienza a difuminarse. Dejamos de preguntarnos si algo es cierto para preguntarnos únicamente si nos gusta creerlo. Y ese es un terreno muy peligroso.

Los medios de comunicación son uno de los pilares de cualquier democracia. Pero una prensa libre necesita también un compromiso firme con la verdad. Cuando ese compromiso se debilita, se resienten la política, la economía y, en definitiva, la confianza entre los ciudadanos.

Me preocupa comprobar cómo, en muchas ocasiones, opinamos con rotundidad sobre asuntos que apenas conocemos. Creemos estar informados porque hemos leído un titular, visto un vídeo de unos segundos o un mensaje en una red social. Confundimos información con inmediatez y conocimiento con acumulación de datos.


Hace tiempo leí una frase que resume muy bien esta realidad:

«Nos creemos informados porque lo hemos leído en un tuit. Creemos que es verdad porque lo han dicho en la televisión. Y pensamos que tenemos criterio propio cuando solo escuchamos a quien dice aquello que queremos oír.»

Quizá esa sea una de las grandes trampas de nuestro tiempo: vivir rodeados de información y, sin embargo, dedicar cada vez menos esfuerzo a contrastarla.

Tampoco deja de inquietarme el inmenso rastro digital que vamos dejando sin apenas ser conscientes. Cada búsqueda, cada compra, cada "me gusta", cada página visitada... todo queda registrado. Esos datos tienen un valor enorme porque permiten conocer nuestros hábitos, nuestras preferencias e incluso anticipar nuestras decisiones. En muchas ocasiones, lo que parece un servicio gratuito termina convirtiéndonos en el producto.

La publicidad personalizada, las campañas de influencia o determinados mensajes políticos utilizan precisamente ese conocimiento para llegar de forma mucho más eficaz a nuestras emociones.

Y ahí vuelve a aparecer la posverdad.

No importa tanto convencer mediante argumentos como despertar sentimientos. No importa tanto demostrar como emocionar. No importa tanto la realidad como el relato.

Por eso algunos discursos prometen exactamente lo que el ciudadano desea escuchar, aunque quien los pronuncia sepa de antemano que nunca podrá o querrá cumplirlo. La emoción sustituye a la razón y la ilusión desplaza al análisis.

Existe una conocida frase atribuida al mundo del cine que siempre me hace reflexionar:


«Haz creer a la gente que ha pensado y te querrá; haz que piense de verdad y quizá te odie.»

No sé si será completamente cierta, pero encierra una advertencia importante: pensar exige esfuerzo. Creer, en cambio, resulta mucho más cómodo.

A pesar de todo, sigo creyendo en las personas. No podemos vivir desconfiando de todo y de todos. La confianza es uno de los pilares de la convivencia. Precisamente por eso duele tanto cuando alguien la utiliza para manipularnos.

Quien miente de manera deliberada suele pensar que los demás son ingenuos. Yo prefiero creer que, cuando confiamos, no estamos demostrando ingenuidad, sino algo mucho más noble: la voluntad de seguir creyendo en la honestidad de las personas.

Y quizá sea esa confianza, acompañada siempre de un sano espíritu crítico, la mejor defensa que tenemos frente a la mentira

Lucia SS

















25.5.23

Mi Nueva Amiga (un pulso)

 

La Esclerosis Múltiple es una enfermedad degenerativa y crónica del sistema nervioso, de origen auto-inmune, que afecta al cerebro y la médula espinal.
El sistema inmune ataca a la mielina, que es la sustancia que envuelve las fibras nerviosas o neuronas. La mielina se deteriora y presenta cicatrices, conocidas como esclerosis, entonces aparece la inflamación. Los impulsos nerviosos que circulan por las neuronas se ven entonces entorpecidos o directamente interrumpidos, con los consiguientes efectos en el organismo.
Los síntomas de la Esclerosis Múltiple son variables dependiendo de la localización, la extensión, la gravedad y el número de las lesiones. Son diferentes para cada persona, por ello se la suele conocer como “la enfermedad de las mil caras”.
Los síntomas más habituales son de tipo motor, sensorial y fatiga.
La Esclerosis Múltiple es la segunda causa de discapacidad entre los jóvenes, tras los accidentes de tráfico, y no tiene cura. Pero la actitud en ella, y digamos un pulso con ella, puede hacer que sea mas lento su progreso.

(Micro-relato de una chica de 22 años al diagnosticarla esclerosis múltiple)

Un día de invierno, junto a los regalos de navidad. Una nueva amiga.
A ti te tocó un coche y a mi la aventura de llevarlo sin antes haberme sacado el carnet.
Semana de pruebas y mi amiga quería robarme todo lo que tenía, le hice invisible una sonrisa, de ver cada día a mi familia, de comerme todo lo que tenia en el plato y de bailar por los pasillos del hospital sin derramar una lágrima.
De no darme cuenta de lo que pasaba y ponerla celosa, haciendo nuevas amigas que me visitaban de otras habitaciones y me regalaban revistas. Y gracias a los chistes de un profesional de mi tierra que tanto me ayudó en esos días.
Y aun así. ¿vas a quedarte? ¿estas segura? Si es así, déjame caminar, que mis dedos puedan percibir lo que tocan. Permite me abrazar. Presenciar cómo se arruga mi cara en cada sonrisa..!Déjame al menos respirar¡
No me mires así, mi vida ya era de esa manera antes que llegaras y por muy lenta o rápida que seas no lo voy a dejar de intentar. Mírame a la cara, ¿somos amigas no? Si quieres te dejo dormir en mi cama, pero ni se te ocurra levantarte antes que yo.
Y no te rías de mí, que cada día soy mas valiente, a cada minuto te voy a demostrar quien de las dos es mas fuerte.
                                                          NATIVIDAD SS

17.3.23

La Verdad

 

Esa fue la pregunta que, hace casi dos mil años, formuló Poncio Pilato durante el juicio de Jesús. La tenía delante de él y, sin embargo, no quiso reconocerla.

Hoy, en este mundo globalizado en el que vivimos, esa pregunta sigue teniendo plena actualidad. Más que nunca necesitaríamos que la verdad ocupara el lugar que le corresponde, por su importancia, por la rapidez con la que se difunde la información y por las enormes consecuencias que tiene sobre nuestras vidas. Sin embargo, da la impresión de que lo que con frecuencia impera es la mentira, la corrupción, el egoísmo, el culto al dinero y la manipulación.

A veces me pregunto: ¿qué legado queremos dejar a las nuevas generaciones? ¿Un mundo de desconfianza, de inseguridad y de miedo? ¿Una sociedad en la que caminemos sobre arenas movedizas, sin saber nunca qué es cierto y qué no?

A lo largo de la historia, la verdad siempre ha tenido un enorme valor. Desde pequeños nos enseñaban a decirla, aunque nuestras mentiras fueran inocentes o simples verdades a medias. Aquellas enseñanzas venían acompañadas de ejemplos que todos recordamos, como el de Pinocho. Bastaba imaginar que nos crecía la nariz para que, casi sin querer, acabáramos delatándonos delante del espejo.


La mentira parece pequeña cuando nace, pero va desgastando poco a poco nuestra conciencia y nuestra sensibilidad. Primero se convierte en una costumbre; después, en una forma de actuar; y llega un momento en que incluso terminamos creyéndonos nuestras propias mentiras. Entonces dejan de ser una excepción para convertirse en una herramienta de nuestra vida.

Cuando la conciencia se deforma, también se debilitan valores esenciales del ser humano: el bien común, el respeto a los demás, la defensa de la buena fama del prójimo, la honradez en la administración de los bienes públicos, la lucha por resolver los verdaderos problemas o la ayuda a los más débiles. En su lugar aparece el interés personal y el beneficio de quienes forman parte de nuestro propio entorno.

Precisamente esta reflexión es la que me ha llevado a escribir estas líneas sobre la trascendencia ética, moral y profesional de la verdad en el siglo XXI. Hoy ya no existen límites para la difusión de una mentira. Las redes sociales y algunos medios de comunicación pueden convertir una falsedad en una aparente realidad en cuestión de minutos.

Hay personas que poseen una enorme capacidad para influir sobre millones de ciudadanos. Y cuando la información llega a quienes carecen de herramientas para contrastarla, o simplemente confían ciegamente en quien la transmite, el daño puede ser enorme.

Conozco casos en los que una persona ha sido acusada públicamente antes incluso de celebrarse el juicio. Aunque posteriormente haya sido declarada inocente, la sospecha permanece y el estigma puede acompañarla durante toda la vida.

Existe una conocida historia que ilustra muy bien esta realidad. Una mujer acudió a confesarse porque era muy dada al chisme y a hablar mal de los demás, exagerando, inventando o difundiendo rumores.

El sacerdote le pidió que, cuando matara una gallina, desplumara el animal y esparciera todas las plumas desde lo alto de un monte. Ella obedeció y regresó satisfecha. Entonces el sacerdote le dijo:

—Ahora vuelve y recógelas todas.

La mujer respondió que era imposible, porque el viento las había dispersado.

El sacerdote concluyó:

—Así ocurre con la fama, el honor y la reputación de una persona. Una vez destruidos y esparcidos, resulta casi imposible recuperarlos.

Esa historia resume perfectamente el poder devastador de la mentira.

No me preocupa únicamente que haya personas que mientan; me preocupa que millones contribuyan a difundir esas mentiras sin comprobar si son ciertas. Compartimos noticias, comentarios o acusaciones con demasiada facilidad, olvidando que una simple publicación puede arruinar la vida de alguien.

Incluso en el periodismo resulta difícil mantener siempre la independencia y el rigor. La presión por ser el primero en ofrecer una noticia puede imponerse, en ocasiones, sobre la obligación de verificarla. Muchas informaciones ni siquiera proceden ya de reporteros que investigan sobre el terreno, sino de agencias cuya versión es reproducida por numerosos medios.

Siempre recuerdo el caso Watergate. Lo que parecía un simple robo en la sede del Partido Demócrata terminó destapando una compleja trama de espionaje y corrupción política que acabó provocando la dimisión del presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Aquella investigación periodística se convirtió en un símbolo del compromiso con la verdad. Los periodistas tuvieron que enfrentarse al secretismo, a las presiones y a las amenazas, demostrando que el periodismo puede desempeñar una labor esencial cuando busca la verdad con honestidad y valentía.

Quisiera terminar compartiendo algunas reflexiones de pensadores y personajes históricos que han dedicado palabras memorables a la verdad:


  • «Sócrates es mi amigo, pero soy más amigo de la verdad.» — Aristóteles.
  • «Los hechos no dejan de existir solo porque sean ignorados.» — Rafik Schami.
  • «La verdad, si no es entera, se convierte en aliada de lo falso.» — T. H. Huxley.
  • «En las montañas de la verdad nunca se escala en vano.» — G. K. Chesterton.
  • «El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.» — Anónimo.
  • «Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones.» — Aristóteles.
  • «Una necedad, aunque la repitan millones de bocas, no deja de ser una necedad.» — Anónimo.
  • «Siempre se ayuda la mentira de lo cierto para atacar a la verdad.» — Rabindranath Tagore.
  • «Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada.» — Mark Twain.
  • «El camino del hombre hacia la verdad consiste, en gran parte, en descubrir las mentiras.» — G. K. Chesterton.
  • «No se accede a la verdad sino a través del amor.» — Jesús Arellano.
  • «La verdad puede ser eclipsada, pero nunca se extingue.» — Albert Einstein.
  • «La verdad padece, pero no perece.» — Vaclav Havel.

Vivimos en una época en la que resulta más fácil que nunca difundir una mentira y más difícil que nunca reparar el daño que produce. Precisamente por eso, defender la verdad no es una opción reservada a filósofos, periodistas o jueces. Es una responsabilidad de todos. Porque solo sobre la verdad pueden construirse la confianza, la justicia y una sociedad verdaderamente libre.

Lucía Sanz


3.3.23

Un Amigo Diferente





  La profesora de cuarto de primaria debía leer y corregir lo que los chicos con trazos a lápiz, irregulares y  torpes, habían escrito, dando los primeros pasos, en sus vacilantes redacciones. No pudo resistirse y escribió ¡genial! al final de  la  que tenía entre sus manos.
   Aquella mañana en el colegio se habló de las personas con discapacidad haciendo especial referencia a los niños, por tanto el tema a red

actar en clase de Lengua, llevaría por título: “Un amigo diferente”.
  Se dio rienda suelta a estos incipientes estudiantes, para comprobar qué habían entendido  de todo aquello, y ver cómo expresan lo que sienten cuando descubren a unos niños, tan iguales y a la vez tan distintos, con los que no pueden, en muchas ocasiones, compartir juegos, confidencias y travesuras.
  Javi era un niño de nueve años, inquieto, travieso y juguetón, gemelo de su hermano Miguel.
   El pequeño Javi, toma nota  sobre lo que tiene que escribir; mordisquea un poco el lápiz y rápidamente se le va el pensamiento a un primo suyo afectado por  una lesión cerebral desde su nacimiento. De repente, como si todo alrededor hubiera desaparecido. Mentalmente se traslada a su lado, en casa, la playa,  las tardes de verano, reuniones familiares. ¿Quién es él para mí? mi primo, mi amigo. Y sin levantar la cabeza del papel comienza a escribir de corrido:
   Yo tengo un amigo, se llama Carlos, con 25 años que nació malito, pero que es muy simpático y le quiero mucho. Sale del colegio con una camiseta del Cádiz, ¡le encanta el Cádiz!

Tiene dos equipos, el Cádiz y el Betis. Cuando el Betis está abajo él es del Cádiz, y cuando el Cádiz está abajo él es del Betis.
Lo que tiene de diferente es: que no puede hablar bien. El médico cuando lo sacó del vientre de su madre, le puso un aparato en la cabeza y lo sacó, pero el aparato le apretó muy fuerte y le hizo daño en el cerebro, en la parte del  habla, y tiene los músculos del labio y la lengua que no los puede mover.
   Me cae muy bien, es gracioso y amable y cuenta historias muy divertidas, también chistes y su risa nos contagia a todos.
Juega muy bien al fútbol en la playa, y en un bar siempre se pide una fanta y en invierno agua. Creo que es el mejor amigo que tengo,  aunque como el no controla su fuerza a veces pega fuerte jugando, y hace tela de daño. ¡Pero es el mejor del mundo!
  Antes de firmar, el pequeño Javi, dibujó a dos personajes, uno más alto que el otro, que, amigablemente  echaban el brazo cada uno sobre el hombro del otro, debajo sus nombres

  Cuánto amor puede albergar un corazón  tan joven, que empieza a abrirse a la vida, que  descubre el dolor, el sufrimiento, las  limitaciones de sus iguales! y al mismo tiempo en su inocente simplicidad de niño es capaz de percibir en las balbuceantes palabras de su amigo, historias amenas, chispeantes, divertidas,  llenas de increíble imaginación. Capta con acierto sus gustos y aficiones. Y como colofón, dejando de lado lo que personalmente le pudiera disgustar, le da el número uno en el podio de su amistad a nivel mundial.
   Ni la diferencia de años ni los parapetos  de una deficiencia, son obstáculos cuando el amor y la nobleza abren los ojos para  ver.! Sus miradas sencillas, rectas, sin prejuicios, llenos de buena voluntad.

   Al día siguiente la profesora, entre el barullo de chiquillos distingue  a Javi.  Va corriendo tras un balón en el  patio del cole, como siempre, tan alegre y sonriente.  Juega con despreocupación,  entregado a su equipo de futbol, totalmente ajeno al alcance y  sacudida emocional  que su redacción  ha descargado, y  la sabia lección que, con la simplicidad de su temblorosa caligrafía ha trazado
                                                                                        
* Basado en hechos reales.    




Escalando Horizontes

Me presento

  Me permito hacer una pequeña introducción, ahora que tengo una columna propia dentro de la revista. Parece que la iniciativa ha animado a ...