BIENVENIDOS

23.6.25

Oración

Bienvenido/a a Escalando Horizontes. En este espacio comparto experiencias, reflexiones y aprendizajes, con la esperanza de que puedan inspirar, acompañar o ser de utilidad a otras personas. Gracias por estar aquí y por compartir este camino conmigo.



 Alza la mirada Hoy vamos a hablar de algo muy sencillo, pero también muy profundo: la oración.

A veces, cuando escuchamos esa palabra, pensamos que orar es algo complicado. Algunos creen que hay que usar palabras especiales, hablar de una forma concreta o tener una gran preparación espiritual. Pero la realidad es mucho más simple. La oración es un encuentro. Caminar junto a Jesús
No es magia. No es solo repetir palabras, aunque a veces también usemos oraciones aprendidas. Es mucho más. Es abrir el corazón. Es escuchar. Es confiar. Es abandonarnos en Dios. Cuando oramos, muchas veces no cambian primero las circunstancias; cambia nuestra disposición interior.

Dios no necesita que le informemos de nada, porque Él ya lo sabe todo. Pero sí quiere que nos acerquemos a Él, que confiemos, que escuchemos y que dejemos entrar su presencia en nuestra vida.

La oración no es hablar de Dios. La oración es hablar con Dios. La oración ha existido siempre:

  • Abraham confiando en la promesa. Moisés hablando con Dios. David orando en los salmos.

Así como hablamos con una persona que amamos, así podemos hablar con nuestro Padre celestial.

“Clama a mí, y yo te responderé.” Jeremias Y Jesús mismo nos enseñó que podemos dirigirnos a Dios llamándolo Padre.  No estamos hablando con un desconocido.
Estamos hablando con un Padre que nos ama, nos conoce y nos escucha.

1. ¿Qué es realmente la oración?La oración no es repetir palabras sin pensar. No es cumplir una obligación religiosa. No es solo pedir cosas cuando tenemos problemas. La oración es una relación viva con Dios. Es abrirle el corazón. Es contarle nuestras alegrías, nuestras preocupaciones, nuestros miedos y también agradecerle.

Podemos orar: cuando estamos felices, cuando estamos tristes, cuando no sabemos qué hacer.   Incluso cuando no encontramos palabras. A veces basta decir: “Señor, aquí estoy.” “Ayúdame.” “Gracias.” “Te necesito.” Dios entiende incluso el silencio del corazón

2. Jesús nos enseñó a orar: Los discípulos le dijeron a Jesús: “Señor, enséñanos a orar. “Y Jesús les enseñó el Padre Nuestro. Es una oración muy especial porque viene directamente de Jesús. En ella encontramos:

  • adoración, petición, perdón, ayuda, confianza, y también oración unos por otros.

·        Cuando decimos: “Padre nuestro “recordamos que somos hijos y que no estamos solos.

·        Cuando pedimos: “Danos hoy nuestro pan de cada día “aprendemos a confiar en Dios.

·        Cuando decimos: “Perdona nuestras ofensas “reconocemos nuestras faltas.

·        Y cuando añadimos: “Como también nosotros perdonamos “entendemos que el cristiano también debe aprender a perdonar.

·        Finalmente: “No nos dejes caer en tentación “es una petición de ayuda y fortaleza.

El Padre Nuestro no debería ser solo una oración repetida de memoria, sino una verdadera guía para nuestra vida

3. Jesús nos dio ejemplo Sí miramos la vida de Jesús, vemos algo muy importante:

Jesús oraba constantemente. Y si el Hijo de Dios necesitaba orar, cuánto más nosotros. antes de tomar decisiones importantes, en momentos de tristeza, para dar gracias, para buscar fuerzas.

En el Evangelio vemos muchas veces que se apartaba a solas para orar. Esto nos enseña algo fundamental:

La oración debe ser parte de nuestra vida diaria. Igual que necesitamos alimentarnos físicamente, nuestra alma necesita alimentarse espiritualmente. Y ese alimento es la oración.

4. ¿Por qué a veces nos cuesta orar? Muchas veces decimos: “No tengo tiempo.” “No sé qué decir.”

Me distraigo.” “Siento que Dios no me escucha.” Pero igual que en una amistad, lo importante es la constancia.

Cuando perseveramos, nuestra relación con Dios crece. No hacen falta palabras perfectas. Dios prefiere un corazón sincero, sencillo

5. Dios siempre escucha Una de las mayores dudas que tenemos es: “¿Me escucha Dios? “La respuesta es sí.
Siempre. Ahora bien, Dios responde de distintas maneras: A veces dice: sí. A veces dice: espera. Y a veces dice: tengo algo mejor. Nosotros miramos el momento. Dios mira la eternidad. Nosotros vemos una parte pequeña. Dios ve el cuadro completo. Por eso confiar también es parte de la oración. Orar no es solo hablar. es confiar y esperar.

6. La oración transforma nuestro corazón A veces pensamos que oramos para cambiar la voluntad de Dios.

·        Pero muchas veces, mientras oramos, quien cambia somos nosotros

·        La oración: nos da paz, nos fortalece, nos ayuda a perdonar, nos da esperanza, nos acerca a Dios.

Cuando una persona ora de verdad, empieza a mirar la vida de otra manera. Los problemas pueden seguir ahí, pero el corazón cambia. Y cuando el corazón cambia, todo empieza a verse diferente

7. ¿Cómo mejorar nuestra oración?

a) Buscar un momento cada día, Aunque sean pocos minutos. Lo importante es la fidelidad.

b) Hablar con sinceridad No hacen falta palabras bonitas. Dios quiere un corazón auténtico.

c) Escuchar también Orar no es solo hablar.También es guardar silencio y dejar que Dios hable al corazón.

Muchas veces Dios habla en la paz, en una palabra, de la Biblia o en una certeza interior.

d) Dar gracias No solo pedir. Agradecer cambia nuestro corazón.

La Biblia nos dice: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”

La oración no requiere perfección. Solo requiere un corazón dispuesto. Quien ora nunca está solo.

Cuando entramos en el coche nos ponemos el cinturón de seguridad y si no nos acordamos nos lo recuerda pues la oración es nuestro cinturón de seguridad

. niñas enseñando a rezar pues escríbele …

Oración final

Señor, enséñanos a orar como Tú nos enseñaste.

Ayúdanos a acercarnos a Ti con confianza de hijos.

Que el Padre Nuestro no sea solo palabras repetidas, sino una verdadera guía para nuestra vida.

Fortalece nuestra fe, aumenta nuestra confianza y ayúdanos a buscarte cada día.

Ayudame a alzar mi mirada tantas veces y verte en la cruz redimiéndome y mirándome protegiendo…

 


12.6.25

Un Hombre Ante Mi Puerta. (Crítica Literaria)



El amor comienza donde termina el deseo de poseer.

Quiero aprovechar esta novela para continuar la reflexión iniciada en mi artículo «El poder del amor II», especialmente en relación con el noviazgo. 


Cuando entré en el blog de la revista comprobé que ya habían publicado una reseña de esta novela. Por ello decidí no repetir su contenido, sino releer la historia desde una perspectiva distinta, centrándome en una idea que atraviesa toda la obra y que considero de enorme actualidad:

Amar es el opuesto a utilizar.

La familia de Katia Greenshaw, perteneciente a la antigua nobleza y aristocracia, atraviesa una profunda crisis económica. Son tiempos en los que los títulos ya no alimentan a nadie, y el prestigio social no basta para mantener una familia. Obligada por las circunstancias, Katia comienza a trabajar como camarera en un club nocturno de los bajos fondos, ocultando su verdadera identidad.

Allí se cruza con Paúl Harris, un hombre atractivo, inteligente y despiadado. Procede de una familia humilde, pero representa a los nuevos ricos: aquellos que han aprendido que el dinero abre muchas puertas y terminan creyendo que también puede abrir los corazones.

El contraste entre ambos personajes resulta fascinante. Ella posee la nobleza de los valores; él, el poder del dinero. Ella entiende el amor como entrega; él lo confunde con la posesión. Ella vive para servir; él está acostumbrado a utilizar a quienes le rodean.

En realidad, esta diferencia sigue existiendo hoy. Muchas relaciones fracasan porque uno ama y el otro simplemente utiliza. Se busca compañía, placer, seguridad, prestigio o satisfacción personal, pero no el bien del otro.

Y ahí comienza el verdadero drama.

Paúl se enamora primero de la belleza de Katia, pero no sabe amar. Cree que aquello que desea debe pertenecerle, cueste lo que cueste. Cuando descubre quién es realmente la joven y la difícil situación de su familia, utiliza toda esa información para someterla. Recurre al chantaje, las amenazas y la manipulación. Lleva una doble vida y cambia de personalidad según le conviene. Está dispuesto a destruir el honor de Katia y de su familia con tal de conseguir que sea suya.

Su obsesión llega al extremo de comportarse con una crueldad casi sádica. Consigue incluso obligarla a contraer matrimonio, aunque solo él sabe que ese matrimonio se celebra contra la voluntad de Katia.

Pero el amor verdadero nunca nace de la violencia.

Se puede dominar un cuerpo, pero jamás un corazón.

Ella nunca se deja envilecer. Puede someter su cuerpo, pero jamás su conciencia ni su dignidad. Vive un profundo sufrimiento interior, aunque continúa sonriendo para no aumentar el dolor de los suyos. Es capaz de cargar sola con la cruz de su vida antes que perjudicar a su familia.

Precisamente esa fortaleza comienza a transformar a Paúl.

Por primera vez conoce a una mujer que no puede dominar. Descubre una personalidad que resiste todas sus canalladas y empieza a admirarla. En una ocasión llega a decirle:

«Tienes demasiada personalidad para ser mujer.»

Una frase propia de la mentalidad de la época, pero que, en el fondo, expresa la admiración de un hombre que empieza a sentirse pequeño ante la grandeza moral de aquella mujer.

Poco a poco cambia también su manera de amar.

Ya no desea únicamente poseerla.

Empieza a necesitar su estima, su respeto y, sobre todo, su correspondencia. Llega incluso a suplicarle:

«Yo te amo, a mi manera, si quieres. Pero te amo, de eso estoy bien seguro.»

Todavía ama de forma imperfecta, pero comienza a comprender que el amor no se impone.

Uno de los momentos más hermosos de la novela sucede cuando Paúl recuerda la pequeña casa donde obligaba a Katia a encontrarse con él una hora cada semana. Ella la considera el lugar de su mayor humillación; él, sin embargo, acaba descubriendo que allí empezó su verdadera transformación.

Le confiesa:

«Fue allí donde aprendí a conocer y comprender a una mujer honesta. Yo nunca había tratado con mujeres verdaderamente honradas. Para mí la vida era solo una diversión. Allí nació el deseo de tener una esposa... una esposa como tú. No soy un sádico ni un sexópata, porque ya no deseo solamente tu cuerpo. Deseo tu alma.»

Aquí se encuentra el corazón de toda la novela.

No cambia Katia.

Cambia Paúl.

Y cambia porque, por primera vez, deja de mirar a una mujer como un objeto de deseo y empieza a contemplarla como una persona.

El amor comienza donde termina el deseo de poseer.

Mientras quiso hacerla suya, únicamente la utilizó.

Cuando comenzó a descubrir su dignidad, empezó a amarla.

Y entonces sucede la gran paradoja: precisamente cuando deja de intentar conquistarla por la fuerza, comienza a conquistar su corazón.

Aunque el recuerdo del sufrimiento sigue vivo y el rechazo interior continúa siendo enorme, por primera vez Katia se siente desarmada. Comprende que aquel hombre está dejando morir al egoísta que había sido para convertirse en alguien capaz de amar.

Nunca consiguió envilecerla.

Precisamente por eso terminó enamorándose de ella.

La doble personalidad que durante años había utilizado para manipular a los demás comienza a desaparecer. Descubre que el poder no consiste en dominar, sino en servir; que la grandeza no está en poseer, sino en entregarse.

Su arrepentimiento queda resumido en una de las frases más bellas de la novela:

«Toda la vida de rodillas ante ti no pagaría el bien que me haces, ni redimiría el daño que yo te hice.»

Y la respuesta de Katia es aún más grande.

Simplemente le dice:

«No lo recuerdes.»

Con esas tres palabras no está justificando el mal recibido ni olvidando el sufrimiento padecido. Está haciendo algo mucho más difícil: está regalando el perdón.

Es el comienzo de una nueva relación basada ya no en el miedo, sino en el amor.

Como prueba de ello, le propone volver una noche al mes a aquella pequeña casa que había sido escenario de su dolor, para convertirla ahora en el lugar de sus recuerdos más felices.

Toda esta historia encierra una enseñanza profundamente humana que debería hacernos reflexionar, especialmente a quienes entendemos el noviazgo como preparación para un amor definitivo.

Hoy se habla mucho de enamorarse, pero poco de aprender a amar.

Con frecuencia confundimos el amor con la emoción, la atracción física o la satisfacción personal. Sin darnos cuenta, podemos convertir a la otra persona en un instrumento para nuestra felicidad, en lugar de reconocerla como un fin en sí misma.

Cuando esto sucede, dejamos de amar y comenzamos a utilizar.

Por eso esta novela transmite una verdad que va mucho más allá de sus protagonistas:

El amor es reconocer la dignidad del otro, no convertirlo en un objeto de nuestros deseos.

Quien ama de verdad nunca manipula, nunca chantajea, nunca domina ni humilla.

El verdadero amor busca el bien del otro, incluso cuando exige sacrificio.

Solo quien aprende a amar así descubre la libertad interior y hace libre también a la persona amada.

Porque el amor auténtico nunca utiliza.

El amor auténtico libera.

Y cuando uno se enamora de verdad, ya no necesita poseer al otro; solo desea hacerlo feliz.


ENAMORATE Y NO LA/LO  DEJARAS

Enamórate... y nunca utilizarás a la persona que amas.


     Lucia SS

Escalando Horizontes

Me presento

  Me permito hacer una pequeña introducción, ahora que tengo una columna propia dentro de la revista. Parece que la iniciativa ha animado a ...