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16.8.26

Me presento

 


Me permito hacer una pequeña introducción, ahora que tengo una columna propia dentro de la revista. Parece que la iniciativa ha animado a otros compañeros, pues ya somos varios los que hemos dado este paso. 

No creo que sea una cuestión de méritos; al menos, no en mi caso. Más bien responde a una necesidad práctica. Me resulta más sencillo reunir mis escritos bajo un mismo título que intentar clasificarlos en una sola etiqueta, porque hablan de temas muy diversos. Al fin y al cabo, la vida también lo es.

Aprovecho para hacer una pequeña presentación

Cuando comencé a participar en estas tertulias, donde unos compartían generosamente sus reflexiones y otros las leíamos, comentábamos y enriquecíamos con nuestras aportaciones, mi intención era simplemente aprender. Me fascinaba leer lo que escribían los demás, mientras pensaba para mis adentros que yo jamás sería capaz de redactar algo digno de ser publicado. Dudaba de mí misma. Tenía ese miedo escénico que tantas veces nos paraliza antes de dar el primer paso.

Sin embargo, un día me atreví. Escribí mi primer artículo y me acogisteis con una generosidad que nunca olvidaré. No solo lo recibisteis bien, sino que me animasteis a continuar. Vuestros comentarios, consejos y palabras de aliento me hicieron sentir cómoda y acompañada.

Con el tiempo descubrí algo muy hermoso: si nos detenemos un poco a mirar hacia dentro, todos llevamos un universo interior extraordinariamente rico. Nuestra propia vida, nuestras experiencias, inquietudes, alegrías y heridas son una fuente inagotable de reflexión. Después, cada uno aporta además aquellos conocimientos o intereses que cultiva con mayor profundidad. Todo ello puede convertirse en un regalo para compartir con los demás.

Mi columna lleva por título Escalando horizontes. Aunque, si tuviera que buscarle un subtítulo, quizá sería "Contracorriente" o "Pensando en positivo". Porque escribo sobre cuestiones de actualidad, sí, pero procuro hacerlo desde el corazón y desde mi conciencia, no desde las modas, las campañas ideológicas o los intereses comerciales disfrazados de causas nobles.


Intento situarme siempre en el lugar del más débil. Esa inclinación a mirar la realidad desde la vulnerabilidad de las personas, unida a cierta actitud crítica ante lo que sucede a nuestro alrededor, hace que mis reflexiones nazcan del deseo de defender la dignidad humana allí donde pueda verse amenazada, ya sea de forma directa o indirecta.

Siento una especial atracción por la antropología, porque considero que es una disciplina que ayuda a comprender quién es realmente el ser humano. Procuro seleccionar aquellas fuentes que profundizan en su naturaleza, en sus sentimientos, en sus anhelos y en sus conflictos. De ellas intento aprender y saciar, en la medida de lo posible, mi deseo de conocer mejor a la persona.

Siempre que puedo, dedico algunos días al año a seguir formándome mediante cursos intensivos, conferencias o encuentros, ya sean presenciales o a distancia. No soy, ni mucho menos, una experta. Pero sí puedo afirmar que intento abordar cada tema desde una reflexión ética y moral fundamentada en autores y especialistas que me inspiran. Lo que escribo nace de esas lecturas, del estudio y, sobre todo, de muchas horas de reflexión personal.

No tengo otro compromiso que el de ser fiel a mi conciencia. Tampoco persigo reconocimiento ni difusión. Sé que el alcance de esta revista es modesto y que mis palabras llegarán a un número limitado de personas. Pero eso nunca ha sido lo importante.

Mi único propósito es ofrecer, cuando sea posible, otra mirada sobre la realidad. Esa mirada que muchas veces no ocupa titulares porque no vende, porque no hace ruido o porque simplemente va a contracorriente.

Aspiro, sobre todo, a ser coherente: que mi manera de pensar y de escribir sea la misma que intento vivir cada día. Porque las palabras solo adquieren verdadero valor cuando están respaldadas por los hechos.

Recuerdo con cariño un consejo que escuché tantas veces a mis padres y que procuro no olvidar:

«Haz el bien sin mirar a quién».

Si estas páginas consiguen, aunque solo sea de vez en cuando, despertar una reflexión, sembrar una esperanza o ayudar a contemplar la vida desde una perspectiva más humana, sentiré que el esfuerzo habrá merecido la pena.  

                                    Lucia SS


Escalando Horizontes

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