A lo largo de los años se han escrito innumerables artículos sobre personajes históricos. Sin embargo, como esta revista se publica en el mes de mayo, quiero dedicar estas líneas a la persona a quien, desde hace siglos, la tradición cristiana consagra de un modo especial este tiempo: la Virgen María.
Mayo es su mes. También celebramos el Día de la Madre y la naturaleza se llena de flores. No parece una casualidad. María es la Madre por excelencia: Madre de Dios y madre nuestra; la flor más bella entre todas las flores.
No pretendo hacer un recorrido por su vida, sobre la que tanto se ha escrito. Prefiero recordar algo mucho más cercano y entrañable: aquellas canciones que durante generaciones hemos cantado en iglesias, colegios y hogares, y que todavía hoy son capaces de despertar recuerdos, emoción y esperanza. Al leer sus letras, muchos volveremos, aunque solo sea por un instante, a nuestra infancia.
«Madre, óyeme: mi plegaria es un grito en la noche…»
«Buena Madre, veo en ti a la mujer llena de Dios…»
«Cuántas veces, siendo niño, te recé…»
Estas y tantas otras canciones acompañaron el mes de mayo de miles de niños. Eran días de flores, de altares improvisados, de rezos sencillos y de una fe que se aprendía casi sin darnos cuenta, al calor de la familia y de la escuela.
A mí todo aquello no me hizo ningún mal. Al contrario. Aprendí las primeras oraciones y devociones casi al mismo tiempo que comenzaba a hablar. Es cierto que, en muchos momentos de mi vida, las dejé a un lado. Pero también puedo decir que, cuando más las necesité, fueron un verdadero salvavidas.
Quiero terminar con una anécdota que refleja la sencillez con la que vivíamos aquella devoción.
En casa teníamos una imagen de la Virgen junto a la escalera. Desde pequeños nos enseñaron a saludarla al pasar, lanzarle un beso, pedirle ayuda o darle las gracias.
Un día había visita en casa. Uno de mis hermanos, que apenas tenía tres años, cogió una tremenda pataleta. Lloraba y gritaba sin consuelo. Lo mandaron a su habitación y mi madre comentó a la visita:
—Ahora se callará.
Y así fue. Al llegar a la imagen de la Virgen, el niño hizo un silencio absoluto. La visita quedó desconcertada. Apenas unos segundos después, continuó llorando con la misma intensidad mientras seguía subiendo la escalera.
Mi madre sonrió y explicó:
—Ha hecho una pausa para saludar a la Virgen.
. Mayo mes de la Virgen, Nadie ha tenido tanto reconocimiento ni en el cielo ni en la tierra. También se celebra el día de la madre, y es el mes de las flores. Creo que precisamente porque la Virgen es la madre por excelencia pues es de Dios y nuestra, y la flor de las flores.· . Aunque el hijo se alejara del hogar, una madre siempre espera su regreso, que el regalo más hermoso, que a los hijos da el Señor, es su madre y el milagro de su amor.

