BIENVENIDOS

2.12.18

Las Hjas Del Capitan: Critica Literaria


María Dueñas comenzó su trayectoria literaria en 2009 con El tiempo entre costuras, novela que alcanzó un enorme éxito y fue adaptada para televisión. Más tarde publicó Misión Olvido y La templanza, obras que, en mi opinión, poseen un argumento algo menos sólido. Con Las hijas del capitán, la autora vuelve a demostrar su capacidad para recrear con minuciosidad, fuerza narrativa y gran riqueza de detalles la colonia española emigrada a Nueva York durante los años treinta.

La novela narra las peripecias de las tres hermanas Arenas —Victoria, Mona y Luz— junto a su madre, Remedios, arrojadas casi sin querer a una ciudad inmensa, inhóspita y desconocida. Un idioma diferente, unas costumbres ajenas y unas circunstancias completamente opuestas a las de su Málaga natal marcarán el comienzo de una nueva vida.

María Dueñas consigue sumergir al lector en el mundo de Little Spain, mostrando la lucha diaria de estas tres jóvenes, los hombres que se cruzan en su camino, los sueños que dejaron atrás y los que el futuro les depara.

La autora elige un tema de plena actualidad: la emigración. En cierto modo, la novela constituye un homenaje a quienes tuvieron que empezar de nuevo en otro país. Me atrevo incluso a pensar que también pretende concienciarnos del inmenso drama que siguen viviendo millones de personas obligadas a abandonar su tierra por la guerra, la persecución, el hambre o la pobreza, buscando para sus hijos un futuro que no tenga como horizonte la muerte.

Es fácil establecer un paralelismo entre aquellos españoles que abandonaron una España pobre y atrasada a comienzos del siglo XX y muchos de los inmigrantes que hemos recibido en las últimas décadas. Nuestros compatriotas fueron albañiles, camareros, repartidores, limpiadores... Personas que aceptaban cualquier trabajo con tal de salir adelante.

Cuando hablamos de emigración solemos imaginar figuras masculinas. Sin embargo, María Dueñas, especialista en crear personajes femeninos de gran personalidad, convierte en protagonistas a tres mujeres que, pese a su juventud, deberán abrirse camino solas en Estados Unidos. La autora refleja con acierto la dificultad que suponía para una mujer tomar las riendas de su vida en una época en la que apenas tenía derechos. Como les recuerda sor Lito, su protectora, ellas reúnen todas las condiciones de vulnerabilidad: son inmigrantes, pobres, sin formación y, además, mujeres.

Aunque la novela no es histórica en sentido estricto, ya que las protagonistas son ficticias, sí incorpora personajes reales muy conocidos dentro de la colonia española de Nueva York: la vasca Carmen Barañano y su tienda Casa Moneo, en la calle 14; el alicantino Francisco Sendra y su hotel La Valenciana, en Cherry Street; Avelino Castaños y su restaurante La Bilbaína, o el músico Esteban Roig con su banda The Happy Boys.

Todo ello es fruto de un exhaustivo trabajo de documentación. María Dueñas recorrió personalmente estos lugares, consultó la prensa de la época, entrevistó a descendientes de aquellos emigrantes y accedió a fotografías y documentos familiares. Ese esfuerzo es el que permite al lector trasladarse a aquel Nueva York y sentir que camina por sus calles.

La historia comienza cuando Emilio Arenas, cansado ya de su vida errante, decide establecerse definitivamente en Nueva York y reclama la presencia de su esposa y de sus tres hijas. Remedios desea reunirse con él cuanto antes, mientras que las muchachas muestran una fuerte resistencia a abandonar su tierra, hasta el punto de que la madre necesita la ayuda de la Guardia Civil para conseguir que emprendan el viaje.

Victoria, Mona y Luz desembarcan en el puerto neoyorquino una heladora mañana de enero de 1936. Su unión parece indestructible, pero el destino les reserva un duro golpe: la muerte accidental de Emilio Arenas. Este inesperado suceso obliga a las tres jóvenes a hacerse cargo del modesto restaurante familiar mientras esperan que los tribunales resuelvan una importante indemnización.

Abatidas, pero decididas a sobrevivir, las hermanas lucharán contra las adversidades, los prejuicios y las dificultades económicas. Será Mona, la mediana, quien proponga transformar la humilde casa de comidas en un night club hispano, siguiendo la moda de aquellos años, donde convivían el flamenco, las rumbas cubanas, los tangos argentinos, los pasodobles y los cuplés.

Uno de los aspectos más hermosos de la novela es la solidaridad entre compatriotas, especialmente entre las mujeres. Ellas fueron el auténtico tejido que sostuvo a las familias emigrantes. Administraban la economía doméstica, cuidaban de los hijos, tejían redes de ayuda mutua y mantenían viva la comunidad, muchas veces sin conocer siquiera el idioma. Mujeres anónimas, pero imprescindibles.

Remedios representa otro modelo femenino. Nueva York la intimida. Teme los avances tecnológicos, la mentalidad moderna y todo aquello que desconoce. Su carácter dependiente y su visión tradicional la llevan a aferrarse al pasado. Más que impulsar la independencia de sus hijas, intenta protegerlas frenando sus iniciativas. Antes de emigrar, probablemente sus sueños fueran sencillos: encontrar un buen marido, disfrutar de las fiestas del barrio y formar una familia. Apenas concebía un horizonte distinto.

En su intento por dar prestigio al negocio, Mona solicita al conde de Covadonga que apadrine la inauguración del local. Se trata del primogénito de Alfonso XIII, nacido para reinar como Alfonso XIV, pero apartado de la sucesión debido a su hemofilia y a su renuncia a los derechos dinásticos para casarse con una joven cubana. Tras separarse de ella, acabaría viviendo en Nueva York.

Con un ritmo pausado y una narración envolvente, María Dueñas ofrece una lectura muy agradable. Gracias a una rigurosa documentación recrea con enorme realismo la comunidad española en el Nueva York de los años treinta, mostrando las ilusiones, los miedos y los sacrificios de quienes dejaron atrás su hogar en busca de una vida mejor. La presencia de personajes históricos y secundarios memorables, como Fidel, Luciano Barona o Tony el Bolitero, contribuye a reforzar esa sensación de autenticidad.

Más allá de contar una historia de emigración, Las hijas del capitán es también una novela sobre el coraje, la capacidad de adaptación y la fuerza de unas mujeres que aprendieron a construir su propio destino cuando la vida parecía haber decidido por ellas.

«Nunca una noche ha vencido al amanecer, y nunca un problema ha vencido a la esperanza».
Bern Williams

Lucía Sanz











14.9.18

Ana Karenina: Critica literaria

                     
A

«Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su manera.» Con esta célebre frase comienza una de las novelas más importantes de la literatura universal.

Anna Karénina sugiere dos grandes temas: los estragos de la pasión y el adulterio, por un lado, y los beneficios del matrimonio como proyecto de vida y de familia, por otro. Sin embargo, la obra va mucho más allá de una simple historia de amor. Es una profunda reflexión sobre la institución familiar y sobre la búsqueda de la felicidad. Tolstói nos recuque esta no consiste únicamente en satisfacer los propios deseos, sino que implica una realidad mucho más amplia y compleja.

La novela presenta a Anna como una grieta en un mundo aparentemente tranquilo, por la que irrumpen la pasión, la irracionalidad y el conflicto. Es una mujer de extraordinaria belleza que termina siendo esclava del adulterio, de los celos y del odio. A través de ella, el autor despliega una magnífica galería de personajes que conocen la incertidumbre y la decepción, el vértigo y el tedio, los mayores placeres y las más profundas miserias humanas.

Lev N. Tolstói demuestra en esta obra ser un extraordinario artista y un profundo psicólogo. Anna Karénina está considerada una de las mayores novelas sociales de todos los tiempos. La maestría de su escritura invita a reencontrarse con la gran literatura clásica. Sorprende la complejidad de sus construcciones gramaticales y, al mismo tiempo, la claridad con la que el lector comprende cada página.

La célebre frase inicial da paso a la historia de tres parejas cuyas vidas representan distintas maneras de entender el amor y el matrimonio: Anna y Vronski; Kitty y Levin; y Daria (Dolly) y Stepán Arkádevich, sin olvidar, por supuesto, la figura de Alekséi Karénin.

Tolstói consigue que sus personajes cobren vida de una manera extraordinaria. Resulta imposible no dejarse arrastrar por sus emociones. El lector acaba sintiendo lo mismo que experimentan ellos. El realismo con el que describe ambientes y sentimientos es tan intenso que casi permite percibir el roce de los vestidos de las damas, el olor del tabaco de los caballeros o el aroma de los campos de trigo durante la siega.

Esta novela marcó un cambio importante en la trayectoria de Tolstói, encaminándolo hacia las inquietudes sociales, espirituales y místicas que ocuparían los últimos años de su vida. Detrás de cada personaje hay un reflejo del propio autor: sus alegrías, sus dudas, sus anhelos y su profunda crisis existencial.

Entre todos ellos destaca, naturalmente, Anna Karénina, el personaje con mayor fuerza de la obra. Vive cada instante con absoluta intensidad, sin ocultar ninguno de sus sentimientos. En un primer momento la juzgué como una gran mujer: buena amiga, excelente consejera e inclinada siempre a la benevolencia. Es ella quien logra que Dolly perdone la infidelidad de su marido. Sin embargo, paradójicamente, no está dispuesta a aplicarse a sí misma los consejos que ofrece a los demás. Le cuesta escuchar otras opiniones, afrontar serenamente su situación o aceptar la solución más sencilla a sus problemas. Todo debe hacerse a su manera y según su voluntad. Cuando finalmente comprende que existe un mundo más allá de sus propios sentimientos y que ese mundo quizá tenga razón, ya es demasiado tarde.

Anna vive con una intensidad desbordante. Analiza constantemente sus emociones y acaba encerrándose en ellas. Si siente alegría, la experimenta hasta el extremo; si siente tristeza, también la lleva al límite. Esa forma de vivir provoca, en ocasiones, una sensación de continua negatividad y de reproche. Se ve obligada a enfrentarse a situaciones desconocidas para ella y toma decisiones impulsivas, sin medir las consecuencias. Para mí, Anna Karénina representa a una mujer consumida por la depresión, por las habladurías y por la cruel respuesta que la sociedad da a su relación con el conde Vronski.

Vronski es un joven militar despreocupado, brillante y muy apreciado en los círculos sociales. En Anna encuentra el primer amor verdaderamente pasional de su vida. Al comienzo me transmitía una sensación de frivolidad y de inmadurez ante cualquier compromiso sentimental. Está acostumbrado a conseguir todo cuanto desea y no acepta fácilmente una negativa, tanto en el amor como en los demás aspectos de su existencia.

Su relación con Anna nace como un auténtico flechazo. A pesar del rechazo inicial de ella, Vronski no se da por vencido; la persigue incansablemente y percibe enseguida que Anna necesita sentirse amada y valorada, algo que no encuentra en su matrimonio con Karénin.

Mis sentimientos hacia Vronski fueron cambiando a medida que avanzaba la lectura. Lo que al principio era reproche y rechazo terminó convirtiéndose, en cierto modo, en compasión. Vive sometido a una continua presión: la sociedad, la familia y, sobre todo, los constantes ataques de celos de Anna, aislada ya de la vida social de la que él sigue formando parte. Poco a poco comprende que la pasión que un día le hizo sentirse plenamente feliz acaba convirtiéndose también en una pesada carga.

En el extremo opuesto encontramos a Kitty, un personaje que representa la inocencia, la ternura y la pureza del primer amor. Cuando se enamora de Vronski lo hace con la ilusión propia de la juventud. Vive sus sentimientos con intensidad, aunque siempre desde la moderación y la delicadeza.

Tras el rechazo de Vronski pierde momentáneamente la serenidad, pero esa dolorosa experiencia la ayuda a madurar. Aprende a dominar sus emociones y a expresar únicamente aquello que considera necesario. La decepción sentimental la transforma en una mujer mucho más fuerte.

Su estado de ánimo llega a deteriorarse tanto que enferma. Su familia decide llevarla a un balneario en Alemania, donde recupera poco a poco la salud. Allí comprende que, en realidad, siempre ha amado a Levin.

A partir de ese momento Kitty experimenta una profunda transformación. La adversidad la hace más madura y más consciente de la realidad. Sin embargo, lo que más pesa sobre su corazón es haber rechazado al hombre que verdaderamente la quería.

Lejos de encerrarse en sí misma, decide dedicar su tiempo a aliviar el sufrimiento de los demás. Abandona la comodidad y el excesivo proteccionismo familiar para colaborar como voluntaria en el cuidado de soldados heridos. Esa generosidad revela la grandeza de su carácter y la convierte en uno de los personajes más admirables de la novela.

Cuando el destino vuelve a reunirla con Levin, acepta su segunda propuesta de matrimonio. Esta vez lo hace con plena conciencia de lo que significa amar y compartir una vida.

Levin es, probablemente, el personaje que menos cambia exteriormente a lo largo de la historia. Desde el principio hasta el final sigue siendo ese hombre sencillo, profundamente unido al campo y al trabajo de la tierra. Sin embargo, en su interior vive una intensa crisis existencial.

En poco tiempo alcanza todo aquello a lo que muchos jóvenes rusos aspiraban: una buena posición social, un matrimonio feliz y la paternidad. Pero, lejos de sentirse plenamente realizado, continúa preguntándose por el sentido de la vida. No es casual que Tolstói hiciera de Levin el personaje con el que más se identifica, pues en él proyectó muchas de sus propias inquietudes espirituales.

Kitty y Levin forman la pareja más equilibrada de la novela. Su amor, discreto y sereno, contrasta con la pasión desbordada de Anna y Vronski, pero precisamente en esa serenidad reside su fortaleza. Tolstói parece decirnos que el verdadero amor no necesita vivir de sobresaltos constantes para ser profundo.

Kitty se convierte en el gran apoyo de Levin. Lo acompaña en sus dudas sobre la fe, en sus continuas preguntas sobre el sentido de la existencia y en sus momentos de desaliento. Es para él un auténtico remanso de paz. Su presencia calma sus inquietudes, sostiene su ánimo cuando se reprocha sus defectos y da sentido a una vida que muchas veces le parecía vacía.

También desempeña un papel decisivo durante la enfermedad y muerte del hermano de Levin. Cuando este se resiste a afrontar aquel doloroso momento, Kitty permanece a su lado y consigue que aquella despedida esté llena de humanidad, dignidad e incluso de una cierta serenidad.

Levin encuentra finalmente respuesta a muchas de sus inquietudes en la vida familiar, en el amor de Kitty y en el descubrimiento de una fe sencilla, vivida desde la experiencia cotidiana. A los ojos de Tolstói, ambos representan el ideal de matrimonio.

Levin es, quizá, el personaje con el que más simpatizo y con el que en algunos momentos llego a identificarme. Es un hombre de profundas inquietudes filosóficas, que busca la verdad y se pregunta continuamente por el sentido de las cosas. No vive superficialmente. Tiene buen corazón, mantiene los pies en la tierra y trata a quienes trabajan con él como auténticos iguales. No se conforma con soluciones fáciles y procura actuar siempre con rectitud.

Para Levin, la naturaleza, la belleza del campo y el sucederse de las estaciones son un reflejo del Creador. Sin embargo, esa armonía choca constantemente con la debilidad y la incoherencia del ser humano. Se pregunta por el origen del mal, por el sufrimiento y por tantas cuestiones que acompañan al hombre desde siempre.

Defiende con convicción el cuidado de la tierra, convencido de que constituye una riqueza que pertenece a todos y de que el trabajo compartido puede mantener unidas a las familias y a la sociedad.

En este matrimonio bien podría aplicarse el conocido dicho popular: «Detrás de un gran hombre hay una gran mujer.»

Dolly, Stepán y Karénin

Por otro lado, encontramos a Dolly y Stepán Arkádevich, una pareja que comienza la novela profundamente herida y que, en realidad, termina igual. Su matrimonio nunca consigue recuperar la confianza perdida.

Dolly experimenta el dolor que siente cualquier mujer al descubrir la infidelidad de su esposo: decepción, humillación y una profunda tristeza. A partir de ese momento, vuelca todas sus energías en sus hijos y en sacar adelante el hogar. Mientras Stepán pasa largas temporadas fuera de casa, ella asume, casi en solitario, el peso de la familia.

Stepán, por el contrario, parece vivir ajeno al sufrimiento que provoca. Su infidelidad no es un hecho aislado, sino una forma de entender la vida. Es un hombre sociable, simpático y hábil en las relaciones personales, siempre preocupado por cultivar amistades influyentes que favorezcan su posición. Sin embargo, esa aparente brillantez esconde una enorme superficialidad.

A pesar de sus defectos, su personaje también me inspira cierta compasión. Da la impresión de ser un eterno adolescente que nunca llega a madurar. Vive buscando el placer inmediato, sin asumir plenamente sus responsabilidades como esposo y como padre. Carece de un verdadero compromiso con quienes más lo necesitan.

Precisamente por ello, la figura de Dolly adquiere aún mayor grandeza. No es una mujer resignada ni sumisa, sino una esposa fuerte que acepta la dura realidad que le ha tocado vivir. Con enorme esfuerzo hace de madre y de padre, administra con prudencia el patrimonio familiar y procura que nada falte a sus hijos, aun cuando los recursos apenas alcanzan para cubrir las necesidades del hogar.

Pero, por encima de todo, Dolly posee una virtud que la ennoblece: su inmenso corazón. Siempre está dispuesta a ayudar a quien la necesita, aunque para ello tenga que esconder sus propias lágrimas y silenciar su dolor.

No protagoniza los grandes acontecimientos de la novela, pero aparece siempre que alguien necesita apoyo. Visita a Anna cuando toda la alta sociedad le vuelve la espalda; consuela a Kitty tras el rechazo de Vronski; y más tarde se traslada al campo con sus hijos para ayudar a su hermana en la organización de su nuevo hogar y acompañarla durante su maternidad. Son pequeños gestos que revelan una generosidad extraordinaria y que hacen de Dolly uno de los personajes moralmente más valiosos de la obra.

A lo largo de la novela aparecen muchos otros personajes, todos ellos magníficamente construidos, aunque quizá ninguno alcance la relevancia de los protagonistas.

Por último, merece una mención especial Alekséi Karénin, el marido de Anna. Aunque su presencia pueda parecer secundaria durante buena parte del relato, termina siendo una figura decisiva en el desenlace de la historia.

Karénin es un hombre recto, disciplinado y amante del orden. Cumple con su deber y se mantiene fiel a sus principios, pero esa rigidez termina convirtiéndose en una barrera que le impide expresar sus sentimientos. Ama a Anna y nunca le es infiel; sin embargo, le cuesta demostrar ese amor con gestos de cercanía y afecto.

Y, sin embargo, Anna necesita precisamente eso: sentirse querida, escuchada y abrazada. Al no encontrar esas muestras de cariño en su marido, vuelca todo su afecto en su hijo y, más tarde, busca en Vronski el amor apasionado que tanto anhela.

No pretendo justificar su infidelidad, pero sí comprender el vacío afectivo que Tolstói retrata con tanta profundidad. El autor nos recuerda que, en un matrimonio, no basta con cumplir las obligaciones. El amor necesita también palabras, gestos, atención y ternura. De lo contrario, corre el riesgo de marchitarse silenciosamente.

Karénin acaba siendo, en cierto modo, uno de los personajes más trágicos de la novela. Es un hombre que ama, pero que no sabe demostrarlo; que posee a su esposa, pero no su corazón. Tolstói dibuja así el drama de tantos matrimonios en los que la ausencia de comunicación termina levantando un muro entre dos personas que un día decidieron compartir su vida.

Para no extenderme demasiado —pues espero comentar otras obras literarias en futuras ocasiones—, dejo aquí esta reflexión. Más adelante me gustaría escribir un artículo dedicado al matrimonio, aprovechando algunos de los magníficos diálogos que Tolstói pone en boca de sus personajes y que conservan hoy una sorprendente actualidad.

   Lucía S.S

   





















30.7.18

Reza Por Nosotros



Artículo publicado en Abc de Sevilla el domingo 11 de marzo de 2018
Rezar es una conversación con los que ya no están, el recuerdo de los que te antecedieron y la oración para seguir su ejemplo. Rezar es pedir por ellos. Y también pedirles a ellos por los que estamos aquí. Es el momento de más calma del día, y, en mi caso, el de primera hora de la mañana, poco más de las seis, y el agua de la ducha caliente cayendo despacio sobre los hombros. Rezar es una fotografía en sepia, un regreso a la casa de tus abuelos y al tiempo sin tiempo de tu infancia. Es pasar por la Iglesia de San Pedro, de camino al colegio, y rezarle al Cristo de Burgos un Padre Nuestro para que te ayude en los exámenes. Es el refugio del frío, y el silencio acogedor. Rezar es tener memoria.
Rezar es lo que va antes del trabajo o después del trabajo, y lo que nunca lo suplanta,  porque ya lo dice el refrán: a Dios rogando y con el mazo dando. Es lo único que puedes hacer cuando ya no puedes hacer más, y es la forma de comprometerse de quien no tiene otro medio de hacerlo, como cuando rezamos por un enfermo que se va a operar y ya está todo en manos del cirujano (y de Dios). Rezar no hace milagros, o sí los hace, eso nunca lo sabremos, pero ofrece consuelo al que reza y a aquel por quien se reza. Rezar nunca es inútil, porque siempre conforta.
“Rezar es decir rezaré por ti y, también, reza por mí. Y es, por tanto, lo contrario a la vanidad, la aceptación de tus limitaciones, aprender a resignarse cuando lo que pudo ser no ha sido. Es vivir sin rencor”
Rezar es decir rezaré por ti y, también, reza por mí. Y es, por tanto, lo contrario a la vanidad. Rezar es la aceptación de tus limitaciones. Es aprender a resignarse cuando lo que pudo ser no ha sido. Es vivir sin rencor, aprender a olvidar, aceptar la derrota con dignidad y celebrar el triunfo con humildad. Rezar es resignación cuando procede, pero también arrebato y pundonor cuando toca. Es buscar las fuerzas si no se tienen y confiar en que las cosas van a ser como deberían ser. Rezar es optimismo, no dar nada por perdido, luchar y resistir, como en la canción, erguido frente a todo, y es mi padre antes de morir. Rezar es fragilidad y entereza.
Rezar es curar las heridas, restañar los arañazos, superar el daño que te han hecho. Pasar página y empezar de cero. Perdonar las ofensas y también pedir perdón. Y sobre todo tener gratitud. Rezar es dar las gracias por vivir y por lo que la vida te ha dado. Es despertarse con las ilusiones renovadas. Aferrarse desesperadamente a lo inmaterial. Acordarse de lo que de verdad importa, y relativizar todo lo demás. Es establecer las prioridades, poner en orden los papeles de tu mesa, buscar la trascendencia, pensar a lo grande.
“Rezar es introspección en la sociedad del exhibicionismo. Es relajarse y calmar los nervios. Y prepararse mentalmente para lo que ha de venir. No es solo buscar el coraje, sino también la inspiración, la idea, el enfoque, la luz, el claro en medio de la espesura”.
Rezar es desconectar y apagar el móvil. Es introspección en la sociedad del exhibicionismo. Es relajarse y calmar los nervios. Y prepararse mentalmente para lo que ha de venir. No es solo buscar el coraje, sino también la inspiración, la idea, el enfoque, la luz, el claro en medio de la espesura. Rezar es razonar, aunque parezca lo más irracional que haya. Es la mente funcionando como cuando juegas un partido de tenis. Es planificar y anticipar las jugadas. Es abstracción en los tiempos de lo concreto y lo material. Es pausa en un mundo excitado. Es calma cuando todo es ansiedad. Y es aburrido en la dictadura de lo divertido.
Rezar es una forma extrema de independencia, una actividad casi contracultural, lo más punki que se puede hacer una tarde de domingo. Es la forma más radical de practicar “mindfullness”, tan pasada de moda que cualquier día se volverá extraordinariamente “cool”. Rezar podría computar como horas de trabajo para los empleados públicos, pero no sirve  porque es una práctica “antisistema”, sin reconocimiento alguno del “establishment”. Tan políticamente incorrecta que la gente oculta que reza como esconde la tripa para la foto. Rezar es un placer oculto, que se reserva para la intimidad. Un acto privado, y casi a escondidas, que, cuando se hace acompañado, necesita cierta oscuridad y mucha, mucha, confianza.
Rezar es una forma extrema de independencia, una actividad casi contracultural, lo más punki que se puede hacer una tarde de domingo. Es la forma más radical de practicar “mindfullness”, tan pasada de moda que cualquier día se volverá extraordinariamente “cool”.
Rezar es desnudarse y abrir tu alma a la persona con la que rezas. Y es una declaración de amor por la persona que tienes en tus rezos. Es derramar tu cariño sobre los que más quieres y sentir el cariño de los que rezan por ti. Rezar es tener a otros en tus oraciones y  estar en las oraciones de otros, que es mucho más que estar solo en su memoria. Rezar, y sobre todo que recen por ti, es la mayor aspiración que uno puede tener en la vida. Un privilegio inmenso. Es querer tanto a alguien como para rezar por él, y que alguien te quiera tanto como para rezar por ti. ¿Cabe mayor orgullo? ¿Existe mayor plenitud que la de saber que hay una madre, un hermano, un hijo o un amigo que quiere que Dios te proteja, y te dé salud, y te ilumine, y te ayude, y te acompañe, y esté siempre contigo?
Rezar es tener fe. Tener fe en la vida, en las personas, en tus amigos, en tus hijos, en tus padres, en Dios. Rezar es la maestría de niños y abuelos. Y es un súper poder que nos predispone al bien. Rezar es creer y ser practicante de un mundo mejor.

11.7.18

El Alma Del Mundo (Tertulia literaria )

Otto Stephens y Clea Ross ingresan en una residencia para ancianos acomodados y solicitan que sea una cuidadora en particular, Ilona, quien se ocupe de ambos.

Clea, de noventa años, fue en su juventud una brillante violonchelista, pero sacrificó su carrera para permanecer a la sombra de su marido, un célebre director de orquesta. Dotada de un agudo sentido del humor, posee una ironía demoledora; es libre, encantadora cuando quiere, pero también implacable con todo aquello que considera despreciable. Otto, de edad semejante, conserva el encanto, el glamur y el poder de seducción de su juventud.

Ilona es una joven que esconde un pasado terrible en su Hungría natal, sometida al terror soviético. Es una mujer golpeada por el destino. En Barcelona conoce a Miguel y, además de vivir con él una intensa historia de amor, aprende el oficio de luthier. Sin embargo, esa felicidad se rompe cuando debe viajar a Budapest para cuidar de su madre y permanecer allí durante un largo periodo de tiempo.

Otto le propone a Ilona que dediquen su tiempo a fabricar un violonchelo, una ocupación que acaba convirtiéndose en lo más importante de su vida. Ilona, por su parte, solo desea reconstruir la relación con Miguel.

Durante tres meses, las vidas de Clea, Otto e Ilona se entrelazan. Comparten confidencias, secretos, verdades a medias, medias mentiras y descubrimientos, hasta formar un mosaico en el que nada es lo que parece. El violonchelo será, finalmente, el desencadenante que permitirá a los protagonistas encauzar la segunda oportunidad que tanto necesitan y retomar los cabos sueltos que les impedían ser felices.

Hace tiempo, varias personas de cuyo criterio me fío mucho comentaban en Twitter y en sus blogs lo mucho que les gustaban las novelas de Alejandro Palomas. Eso me animó a leer alguna de ellas. Mi intención era empezar por El tiempo que nos une, del que había leído magníficas críticas, y le pedí a mi padre que me lo trajera de la biblioteca. Sin embargo, se equivocó de título y, gracias a ese pequeño error, llegó a mis manos El alma del mundo.

Mi opinión

El alma del mundo es la primera novela que leo de Alejandro Palomas, pero tengo claro que no será la última. Con una prosa delicada y muy cuidada, el autor nos acerca a tres personajes inolvidables.

Ilona, marcada por un pasado doloroso, comienza a trabajar en una residencia muy especial. Por las mañanas cuida de Clea, una anciana de noventa años tan encantadora como implacable, que renunció a su brillante carrera como violonchelista para favorecer la de su marido. Por las tardes atiende a Otto, un hombre seductor y vital que, al descubrir que Ilona fue luthier, le propone construir juntos un violonchelo.

La vida de los tres acaba entrelazándose de una manera muy especial. Poco a poco vamos descubriendo un pasado lleno de secretos, rencores, palabras nunca pronunciadas, silencios cargados de culpa, amor, desamor y una profunda soledad.

Clea y Otto hacen balance de sus vidas: de aquello que hicieron y de lo que se arrepienten, pero, sobre todo, de aquello que dejaron de hacer y cuyo peso resulta aún mayor. Ilona, por su parte, tras la muerte de su madre y la separación de Miguel, comprenderá que todavía existe esperanza para ella, que aún es joven para rendirse y que nunca es tarde para volver a empezar.

El alma del mundo es una novela cargada de emociones. La soledad es el sentimiento que sobrevuela toda la historia, esa soledad que puede acompañarnos incluso cuando estamos rodeados de personas. Pero, por encima de todo, es un hermoso canto a la esperanza, a las segundas oportunidades y a la capacidad de recuperar la ilusión cuando creíamos que ya no era posible volver a ser felices.

Es una de esas novelas que se leen despacio, no por su dificultad, sino porque invitan a detenerse en sus personajes y en sus emociones. Alejandro Palomas nos recuerda que nunca es demasiado tarde para cerrar heridas, reconciliarnos con nuestro pasado y permitir que la vida nos sorprenda una vez más.

     Lucia SS


Aprobación Del Aborto En Irlanda



     



Vivimos en un mundo raro: fotografiar a un niño puede ser un delito. Abortarlo,en cambio, un  derecho.

El pasado día 25 de Mayo se votó en Irlanda la despenalización del aborto. Era de los pocos países que quedaban en Europa donde se contenía la barra libre de la muerte y, lamentablemente para Irlanda y para Europa, el resultado fue sí al aborto; si a la muerte de inocentes.
He pensado mucho el porqué del sí al aborto en casi toda Europa y llego a la conclusión de que vivimos en una sociedad anestesiada por una alta renta per capita pero despojada del más mínimo sentido trascendental y ético de nuestra existencia. Y, por supuesto, vivimos sumidos en el engaño y las medias verdades que confunden y no ayudan a encontrar la verdad.
La primera mentira que nos encontramos cuando se habla de aborto provocado es el lenguaje, siempre se habla de IVE ( Interrupción voluntaria del embarazo ) cuando, en realidad, lo que se hace es acabar dentro del seno maternal con la vida de un inocente.
Otra de las grandes verdades que interesadamente se esconden es el estado anímico en el queda una madre después de abortar. Como dice un gran médico próvida Español “después de un aborto, alguien siempre sale llorando” y, es verdad, las heridas psicológicas en la madre pueden durar toda la vida. Esta realidad también se calla.
Otro aspecto que deberíamos considerar es que, un aborto, siempre es violento. Desde la aparentemente “suave” píldora del día después hasta los métodos de siempre que conviene recordar para hacernos caer en la cuenta de que el IVE no es tomarse una aspirina. La píldora del día después suele producir hemorragias y desarreglos hormonales intensos en la madre,  y no es para nada rápido y sencillo como nos tratan de hacer creer.
Los métodos con los que se practica abortos son todos ellos crueles, en los que el feto sufre y siente dolor y que, básicamente,  son:
la inyección salina: método por el cual se abrasa al feto inyectando a la madre una solución salina que quema y mata al bebé.
el curetaje: que consiste en descuartizar al niño dentro del vientre de la madre.
la aspiración: como su nombre indica consiste en aspirar al niño como si fuera basura.
Este último método se emplea en embarazos avanzados y consiste en el parto parcial, básicamente se deja nacer al niño al que previamente se ha aplastado la cabeza o algún órgano vital.

Por eso creo que toda niña debería ver como queda un feto después de alguno de estos métodos para formarse una idea en la cabeza de lo que es un IVE. Debería ser de obligado conocimiento el vídeo del “El grito Silencioso” del Dr. Nathanson.

También es una realidad que en ninguna clínica donde se practican abortos se permite a la madre mirar al cubo de basura donde se arrojan los restos de su bebé.
Estas realidades deberían ser sabidas y conocidas por todos los jóvenes Europeos pero, sin embargo, se callan y se ocultan por intereses comerciales y un falso sentimentalismo social que, por no herir sensibilidades, desinforma y confunde.
Además de todos estos argumentos y teniendo claro que asesinar a un inocente nunca puede ser un derecho. El enfoque verdaderamente humano de un embarazo no deseado debería ser el de ayudar y dar soluciones reales a una madre cuyas situaciones pueden ser, en muchos casos, muy desesperadas. Quiero agradecer la gran labor social que las asociaciones próvida en España y en Europa hacen diariamente donde ayudan de forma incondicional a las madres a darse cuenta del gran tesoro que llevan dentro y no empujarlas al brutal proceso de matar a su hijo.
Además hay otro argumento socioeconómico y es que, el aborto, está produciendo en Europa  un desierto demográfico. Por poner un ejemplo, sólo en España se producen al año 95.000 muertes de inocentes mediante el aborto. Estos 95.000 inocentes garantizarían el relevo generacional y el pago de las pensiones futuras  pero, nuestros miopes políticos, creen que un problema ético a largo plazo se puede resolver con subidas de impuestos a corto. Tampoco se dan cuenta de que si no nacen niños, o los continuamos asesinando antes de nacer, y no favorecemos la natalidad, y paramos el genocidio silencioso del aborto, ninguna nación tendrá futuro a medio plazo y, por su puesto, nos enfrentamos a ser engullidos por otros que a sólo unos miles de kilómetros tienen claro que abortar es un crimen.
Por eso el si de Irlanda es triste y preocupante. Es triste para Irlanda y es triste para Europa, si no empezamos a llamar a las cosas por su nombre y seguiremos anestesiados con términos que esconden la verdad y tranquilizan nuestras conciencias acabaremos cayendo al abismo. ( copiado de un artículo de blogspot pensar por libre)

18.6.18

Madre Teresa









¿ El día más bello.? Hoy
¿ El obstáculo más grande ? El miedo
¿ la cosa más fácil..? Equivocarse
¿ El error mayor .? Abandonarse
¿ la raíz de todos los males .? El egoísmo
¿ la distracción más bella ? El trabajo
¿ la peor derrota? El desaliento
¿ Los mejores profesores .? Los niños
¿ la primera necesidad ? Comunicarse
¿ lo que más hace feliz ? Ser útil a los demás
¿ El misterio más grande .? La muerte
¿ El peor defecto ? El mal humor
¿ la persona más peligrosa ? La mentirosa
¿ El sentimiento más ruin ? El rencor
¿ El regalo más bello ? El perdón
¿ Lo más imprescindible.? El hogar
¿ la ruta más rápida .? El camino correcto
¿ la sensación más grata ? La paz interior
¿ El resguardo más eficaz ? La sonrisa
¿ El mejor remedio .? El optimismo
¿ la mayor satisfacción .? El deber cumplido
¿ la fuerza más potente del mundo ? La fe
¿ Las personas más necesarias ? Los padres
¿



Sobre La Fuerza Del Amor (Albert Einstein)







Querida hija: Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los perjuicios del mundo.
Te pido, aún así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.

Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido indentificado por nosotros. Esta fuerza universal es el amor.

Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas. El amor es luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El amor es Dios y Dios es amor.

Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Esta es la variable que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo.

Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser sintiese que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.

Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.

Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta.
Tu padre
(Albert Einstein)

7.4.18

LA ADMIRACION




Por casualidad me correspondió pasar a máquina un artículo para la revista del CEPA. Lo primero que llamó mi atención fue la letra. Estoy segura de que a muchos expertos en grafología les habría gustado estudiarla. Hace años asistí a un seminario sobre esta disciplina y aprendí que la escritura puede reflejar aspectos muy profundos de la personalidad. Aquella letra hablaba de una vida intensa, rica en experiencias. Cuando descubrí que su autora tenía noventa y nueve años y que seguía escribiendo con una extraordinaria capacidad de admiración, pensé: somos colegas en esto. Supe entonces que ese sería el tema de mi próximo artículo.

Sé que entre nosotros hay personas expertas en muy diversas materias. Algunas investigan con rigor y elaboran artículos magníficos; otras siguen la actualidad con el entusiasmo de auténticas reporteras, buscando información y contrastando datos hasta poner los puntos sobre las íes.

Yo no poseo muchas de esas cualidades. Sin embargo, sí me considero una persona inquieta. No suelo quedarme en la superficie de las cosas. Procuro distinguir lo verdaderamente importante de lo pasajero. Soy firme en mis convicciones, pero también sé ceder en aquello que no merece convertirse en motivo de enfrentamiento.

Amo la naturaleza, la vida, los niños, los animales… En definitiva, disfruto contemplando la belleza que nos rodea. Creo que conservo la capacidad de maravillarme ante las cosas más sencillas, esas que con frecuencia pasan inadvertidas.

No tuve la oportunidad de realizar estudios universitarios, como ocurrió a muchas personas de mi generación, especialmente a quienes nacimos en familias numerosas y humildes; una circunstancia que, curiosamente, volvería a elegir. Sí recibí formación profesional y comprendí pronto que quien deja de aprender termina estancándose. Por eso nunca he dejado de estudiar aquello que despierta mi interés, asistiendo a congresos, conferencias y cursos.

Me apasionan la filosofía, la antropología y las ciencias. De pequeña me llamaban «¿Por qué?». Es verdad que todos los niños preguntan constantemente, pero creo que en mi caso aquella curiosidad era especialmente intensa. Agradezco que casi nunca recibiera un simple «porque sí» como respuesta. Entonces preguntaba los porqués; ahora los reflexiono, los estudio y trato de encontrarles sentido.

Procuro mirar a los demás no como rivales, sino con comprensión, incluso cuando se equivocan. Amo la pluralidad, aunque no el relativismo que con tanta frecuencia nos lleva a acomodar la verdad a nuestra conveniencia para justificar nuestras propias debilidades.

¡Ya estoy filosofando otra vez!

Es bueno que cada persona descubra sus talentos y los ponga al servicio de los demás. Precisamente esa diversidad de capacidades es la que hace posible construir un mundo mejor.

La admiración es una cualidad propia de quien sabe agradecer. Con demasiada facilidad nos acostumbramos a todo lo que poseemos y vivimos. No solo dejamos de valorarlo, sino que además tendemos a compararnos con quienes tienen más o parecen vivir mejor, mientras apenas pensamos en quienes carecen incluso de lo imprescindible.

Estas pasadas Navidades circuló por WhatsApp un pequeño vídeo que me hizo reflexionar. En él, un hombre despertaba, como si saliera de una terrible pesadilla. Poco a poco iba descubriendo que todo cuanto le rodeaba era un regalo. A su lado estaba su esposa, como el más hermoso de los presentes; enseguida aparecía un niño llamándole «papá»; encendía la luz y aquella simple acción parecía un milagro; miraba por la ventana y contemplaba un paisaje nevado de extraordinaria belleza. Todo era motivo de emoción y de agradecimiento.

El problema es que nosotros tenemos tantos regalos que hemos dejado de verlos como tales. Nos acostumbramos a ellos, creemos que nos pertenecen por derecho y olvidamos que podríamos no tener ninguno.

Resulta hermoso ponerse, de vez en cuando, en el lugar de un niño pequeño que descubre el mundo por primera vez. Observa sus manos, mueve los pies, contempla fascinado cuanto le rodea. Abre cajones, armarios, grifos; quiere saber qué hay detrás de cada puerta. Es verdad que esos descubrimientos suelen traer algún que otro sobresalto a los mayores, pero también nos recuerdan algo esencial: el asombro es el primer paso hacia el conocimiento.

Los niños suelen hacer estas investigaciones en silencio, y por eso precisamente un niño demasiado callado puede resultar peligroso: su curiosidad no conoce límites, ni tampoco los riesgos.

Quizá nosotros también deberíamos redescubrir ese mundo que permanece oculto bajo la costumbre. La rutina entierra muchas de las maravillas que nos rodean.

No es casualidad que los filósofos griegos consideraran la admiración el origen de la filosofía. El asombro impulsa al ser humano a hacerse preguntas, a buscar respuestas, a contemplar la realidad desde perspectivas distintas y a intentar comprender aquello que rompe nuestros esquemas.

La admiración nos mantiene vivos, despiertos y agradecidos. Es una actitud profundamente humana, capaz de abrirnos continuamente a la belleza, al conocimiento y, en definitiva, al sentido de la vida.

Incluso nuestra lengua refleja esa realidad. Los signos de admiración sirven para expresar asombro, emoción, alegría o entusiasmo. Tal vez deberíamos utilizarlos menos al escribir y mucho más al vivir.

Lucía Sanz





6.4.18

La Rosa De Media Noche (Critica literaria)




La rosa de medianoche de Lucinda Riley fue una de las novedades editoriales que más llamó mi atención a principios de este año y es que, tratándose de una saga familiar y además ambientada en La India, era difícil que yo no me fijase en ella. De esta autora me apetecía leer desde hace tiempo El secreto de la orquídea, pero finalmente ha sido esta novela con la que me he estrenado, y me ha gustado tanto que espero no tardar demasiado en repetir con ella.

"La rosa de medianoche" transcurre a través de dos hilos temporales que nos sitúan por una parte en la época actual en la mansión inglesa de Astbury Hall, y por otra nos trasladan hasta La India de principios del siglo XX, concretamente al año 1911. De esta manera, en el año 2011 a Astbury Hall llega la actriz Rebecca Bradley, protagonista de la película ambientada en los años 20 que se va a rodar en esta mansión, que a su vez se convertirá en su alojamiento durante el tiempo que dure el rodaje gracias a la amabilidad de su dueño Anthony. Por otra parte, también en la época actual pero en La India, la anciana Anahita hace llamar a su nieto Ari para hacerle entrega de un manuscrito en el que recoge lo que ha sido su vida y que está destinado a ser entregado al hijo que ella cree desaparecido, a pesar de tener su certificado de defunción. Anahita encarga a su nieto que lea el manuscrito y luego indague sobre el paradero de su hijo, y aunque en principio él se muestra reacio, cuando su abuela muera tomará un avión a Londres para intentar cumplir lo que Anahita le ha pedido. Y será esta investigación la que le lleve hasta Astbury Hall, donde conocerá a Rebecca y juntos intentarán descubrir los secretos que se esconden tras los muros de la mansión.

  El planteamiento del último libro de Lucinda Riley resulta de lo más atractivo si, como es mi caso, sois aficionados a este tipo de historias que esconden secretos familiares que han pasado de generación en generación. Puede que muchos estéis pensando que no ofrece nada diferente y es cierto, su base es similar a la de muchos otros libros, pero para mí esto no es ningún problema, me encantan estas novelas y no me canso de leerlas. En el caso de La rosa de medianoche, la trama consiguió despertar mi interés desde los primeros capítulos y me ha resultado una lectura sumamente entretenida pues he seguido con mucho interés e intriga la evolución que seguían ambas tramas hasta llegar al final en el que todas las piezas encajan y la historia queda completa.
  Os comentaba que La rosa de medianoche transcurría a través de dos hilos temporales, pero al hablaros de su argumento me he centrado únicamente en el que tiene lugar en la época actual y es que es fácil deducir que el que tiene lugar en el pasado se centra en recoger lo que fue la vida de Anahita. Normalmente los libros que utilizan esta estructura de dos tramas paralelas en diferentes épocas suelen presentar un cierto desequilibrio en cuanto al interés de ambas, afortunadamente en el caso de La rosa de medianoche no es así, y ambas líneas temporales resultan igual de interesantes, o al menos a mí así me lo ha parecido. Tanto en el pasado como en el presente se plantean cuestiones e interrogantes que invitan a seguir leyendo, además de generar la necesidad de llegar al final del libro para descubrir la conexión existente entre los personajes del pasado y los del presente.
  Por lo que se refiere a la estructura de "La rosa de medianoche", esta está vinculada con los dos hilos temporales que la obra presenta y así nos encontramos con un prólogo que da inicio a la historia para a continuación dejar paso a diez partes más un epílogo final, estando a su vez cada una de ellas dividida en capítulos. Estas partes van alternando la historia del pasado con la del presente, señalándose al comienzo de cada una tanto la ubicación como el año en el que transcurre la acción. De esta manera no hay lugar a confusión y la historia se sigue sin ningún problema, empleando Lucinda Riley una prosa natural, sencilla y cuidada, que tiene un ritmo fluido, y que resulta muy agradable de leer. Mientras que en el tiempo presente hace uso de un narrador omnisciente, cuando nos trasladamos al pasado lo hacemos a través de las memorias de Anahita, por lo que es ella quien narra utilizando para ello la primera persona.
  Si bien hay una serie de figuras que tienen mayor protagonismo, la galería de personajes es bastante amplia ya que tanto en el pasado como en el presente hay personas que juegan papeles importantes en el transcurso de la historia. No obstante Lucinda Riley se encarga de perfilarlos con acierto y detalle de tal manera que es fácil identificar quién es quién y su posición en la historia, así como tener una idea clara de sus personalidades. Son dos mujeres las auténticas protagonistas de la historia, cada una en su propio tiempo, y con ambas es fácil conectar desde el principio. A pesar de su fama, Rebecca es una mujer de gustos sencillos y carácter tierno, que se siente abrumada por lo que está viviendo y que encontrará cierta paz en la tranquilidad que embarga a la mansión de Astbury Hall. Desde su llegada a la casa se sentirá interesada por el pasado de la familia propietaria de la mansión, más tras darse cuenta del gran parecido que ella guarda con la madre de Anthony y que hará que se plantee algunas cuestiones en torno a su propio pasado.
  A pesar de que el personaje de Rebecca me ha gustado, es complicado competir con la personalidad y carisma que desprende Anahita. A ella la conocemos mucho mejor puesto que nos narra su historia en primera persona, lo que nos permite acceder a sus emociones y sentimientos. Además vamos viendo la evolución que sigue a lo largo del tiempo, desde que es una niña en Jaipur hasta su vida adulta en Londres, una vida llena de momentos dulces pero también de muchas dificultades, especialmente cuando se traslade a Inglaterra y sufra la humillación y el desprecio de ser india. Anahita es una joven que inmediatamente se gana el cariño de quienes la rodean y lo mismo sucede con el lector, es fácil conectar con ella y compartir sus alegrías y penas, afrontando todo ello con fuerza, optimismo y determinación.

Entre los personajes secundarios hay figuras con distinto grado de relevancia en función del papel que desempeñan en la historia y así entre los más importantes está en el presente el joven indio Ari, el misterioso Anthony Astbury o la fiel ama de llaves, la señora Trevathan; mientras que en el pasado destacan Donald Astbury, su esposa Violet, lady Maud Astbury o la princesa Indira, amiga incondicional de Anahita. En relación con ellos un aspecto positivo que tiene la obra es que además de formar parte de la trama principal, a su vez la mayoría son protagonistas de sus propias subtramas, mucho menos relevantes pero que en conjunto hacen que el interés de la novela aumente.

Entre los personajes secundarios hay figuras con distinto grado de relevancia en función del papel que desempeñan en la historia y así entre los más importantes está en el presente el joven indio Ari, el misterioso Anthony Astbury o la fiel ama de llaves, la señora Trevathan; mientras que en el pasado destacan Donald Astbury, su esposa Violet, lady Maud Astbury o la princesa Indira, amiga incondicional de Anahita. En relación con ellos un aspecto positivo que tiene la obra es que además de formar parte de la trama principal, a su vez la mayoría son protagonistas de sus propias subtramas, mucho menos relevantes pero que en conjunto hacen que el interés de la novela aumente.

Otro de los aspectos a destacar en La rosa de medianoche es la buena ambientación con la que cuenta la novela, sobre todo en el hilo temporal del pasado. La mayor parte de la acción del presente tiene lugar en la mansión de Astbury Hall, una mansión que el lector llega a dibujar en su mente sin problema gracias a las descripciones con las que Lucinda Riley acompaña la narración y que nos permiten movernos por sus jardines, contemplar las diferentes estancias y disfrutar de la paz y la tranquilidad que se respira en el entorno en el que está situada.

En cambio el hilo temporal del pasado nos permite en un primer momento trasladarnos a la India colonial y dejarnos envolver por la belleza, el exotismo y el colorido de la misma, además de descubrir la riqueza, el esplendor y la majestuosidad de los palacios de los maharajás. Además de las vistosas descripciones de los diferentes escenarios, la autora se encarga de plasmar el modo de vida en dicha cultura, los matrimonios concertados, el funcionamiento del zenana o el papel de la mujer entre otros aspectos. No obstante la parte que transcurre en La India no es muy extensa, pues pronto quedarán atrás estos palacios para trasladarnos hasta Inglaterra, permitiéndonos observar la mentalidad de esa sociedad con respecto a las personas llegadas de la India además de plasmar el modo de vida de la alta sociedad en la época.

La rosa de medianoche es una novela en cuyo interior se mezclan diversos géneros y elementos,encontrándonos con romance, misterio, aventuras, drama, secretos familiares, contexto histórico, lazos familiares… que hacen que en conjunto el argumento resulte muy llamativo y la lectura no se haga pesada o aburrida en ningún momento. La autora se encarga de mantener el equilibrio, dosificando la intriga y el suspense e introduciendo giros argumentales que mantienen el interés y las ganas de seguir avanzando, además de reservar alguna sorpresa con la que sorprender al lector en el final.

Creo que resulta evidente que La rosa de medianoche de Lucinda Riley me ha gustado mucho y recomiendo su lectura, especialmente a todos aquellos que disfruten con las historias de secretos familiares. Un libro cuya trama se desenvuelve a través de dos hilos temporales, que presenta una atractiva combinación de elementos en su interior, y que cuenta con las suficientes dosis de suspense e intriga para que resulte difícil abandonar su lectura hasta llegar al final.sobre la familia que ha vivido allí durante generaciones.
Palacio maharajá La India 








3.4.18

El Invierno Que Tomamos Cartas En El Asunto (Critica literaria)

                        

  
                                                        El dulce arte de escribir, el dulce arte leer
“Angeles Doñate le da sentido al género epistolar. pero en los tiempos del correo electrónico, los sms, Facebook y los WhatsApp “El invierno que tomamos cartas en el asunto” hace mucho más que eso. Con la excusa o, mejor dicho, gracias al intento de una octogenaria de salvar el puesto de trabajo de la cartera de una pequeña población de las montaña, se inicia una cadena de cartas entre desconocidos, cuya única condición será la falta de remitente y la obligación de no romper la cadena.
     Tal y como nos transmite la autora, una carta empieza siendo un escaparte, un medio de comunicación que, con solo llegar a la tercera línea, nos obliga a desnudar el alma sin permiso ninguno, sin defensa alguna sobre actos inconscientes que realizamos conscientemente y que nos permiten exhalar esos pensamientos atascados entre nuestro corazón y nuestra boca y que jamás conseguirían salir, de no ser por medio de la escritura.
       Cada una de las cartas contiene un pedazo del espíritu de sus autores, parte de sus remordimientos por culpas no redimidas, de sus anhelos jamás confesados, de sus pasados enquistados en zonas de su ser en las que nunca hubieran mirado sin ese pretexto del bien común traducido, en la buena obra de: mantener a una igual que es la pequeña cartera pelirroja; esta, sin quererlo, se ha convertido en centro y parte de un fenómeno que despierta a un pueblo hasta entonces dormido.
      Historias de amor y desamor, historias pretéritas de un lejano pasado en blanco y negro sobre fotografías de esquinas recortadas en rombo o historias tan presentes como la vuelta de un viajero cuyo día a día pivota sobre una comunicación por chat; todos ellos tienen espacio para Angeles Doñate. Nuestra autora ha sabido abstraerse de cualquiera de los personajes para no darles a ninguno de ellos el titulo de protagonista, cuando para ella ese honor solo le podría corresponder al centro de esta historia que son las cartas.
      Estas cartas que desnudan a cada uno de los personajes, que nos permiten conocerlos mucho más de lo que cualquiera de sus vecinos los conoce, que nos permiten prever las reacciones porque sabemos sus miedos, pasiones, sensaciones, pasados y pretensiones de futuro.
        Impresionante la labor de documentación de la autora, porque además de las cartas entre los actores de este teatro de marionetas que con tanta destreza maneja, la ingente cantidad de referencias literarias con que cuenta la obra hace de ella, no solo una novela deliciosa en su lectura, sino una apasionada oda de encumbramiento a todos los pensamientos compartidos en papel entre gentes de los cinco continentes en todos los tiempos de la historia; esto unido a unas más que ocurrentes citas de personajes famosos al inicio de cada uno de los capítulos hace que sea imposible separarse del libro.
        No es una novela para prestar, no es una novela para comentar o compartir porque la autora consigue entrar en nuestro interior y proporcionarnos esa deseada sensación de “no quiero que se termine”; los devoradores de letras sabemos lo que nos pasa por la mente en el inicio de un libro y como el autor pasa de ser un nombre en una portada a ser alguien con quien adquirimos una confianza plena, que nos permite tutearlo y perder la mirada en cada punto y aparte de su obra o en cada cambio de capitulo.
      No sé me ocurre cual es el lector adecuado para esta maravillosa obra pero, lo que es mejor, no se me ocurre quién de nosotros no sería el lector perfecto para esta delicatesen de la literatura; aquellos que leen habitualmente se sorprenderán a sí mismos con la mirada perdida pensando en las montañas de Porvenir, aquellos que no sean lectores habituales serán víctimas de la maravillosa prosa de Angeles Doñate y, con ese virus inoculado, buscarán con avidez nuevas historias. Quizás las pidan por carta…….
   “Uno de los placeres de leer viejas cartas es saber que ya no necesitan respuesta”
Un libro maravilloso no sólo por su contenido literario , lleno de valores, donde todo el mundo participa en el bien sugerido y propagado desde el  corazón de una anciana.

Titulos Libros Con Menos De 200 Paginas


                




– El secreto de mi madre de J. L. Witterick (Nube de tinta. 208 pág.). Interesante y original historia , tanto en la forma como su contenido, de una polaca que esconde durante la contienda en su casa tanto a judíos y como a nazis. Son breves narraciones independientes contadas por sus protagonistas. Muy bueno






 Réquiem por Nagasaki de Paul Glynn (Palabra. 207 pág.). Una biografía novelada de la impresionante historia del médico radiólogo japonés Nagai, sobre quien cayó la bomba atómica en Nagasaki, y sobrevivió. Imprescindible.

Takashi Nagai (1908-1951) fue un científico japonés casado y con dos hijos. Impulsó generosamente la medicina moderna en su país a costa de su propia salud. El ejercicio de la radiología le supuso una leucemia que no le impidió sin embargo continuar con una vida de intenso trabajo. Sobrevivió seis años a la bomba atómica de Nagasaki, la mayor parte de ellos postrado en una cama. Me gusto es fuerte pero es hecho real

 Púrpura y negro de J. P. Gallagher (Palabra. 192 págs.). Roma, II Guerra Mundial. Un jovial sacerdote irlandés, Hugh O'Flaherty, que trabaja en el Vaticano se dedica a cobijar a personas (judíos, aliados, etc.) perseguidas por los nazis. El poderoso Kapler, jefe de la GESTAPO, le pondrá en su punto de mira e intentará acabar con él. Una intrigante historia basada en hechos reales y magníficamente interpretada en el cine (bajo el título Escarlata y negro) por Gregory Peck en 1981.
La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler de José Mª García Pelegrín. (Libros Libres. 200 págs.).

«El nombre alemán permanecerá para siempre mancillado si la juventud alemana no se alza para vengar y expiar al mismo tiempo; para aniquilar a sus opresores y construir una nueva Europa espiritual.» Con Alemania inmersa en la Segunda Guerra Mundial, y conscientes de su responsabilidad, un grupo de universitarios de poco más de 20 años de edad y un catedrático, Kurt Huber, se alzaron contra Hitler, bajo el nombre de la Rosa Blanca, con su única arma: la palabra. Las Hojas que repartieron por Munich y otras ciudades alemanas mantuvieron en jaque durante meses a los jerarcas nacionalsocialistas. Los principales miembros de este movimiento fueron condenados a muerte. Con sus vidas dieron testimonio de que el nacionalsocialismo no había conseguido adormecer la conciencia de todos los alemanes.
 Reencuentro de Fred Uhlman (Tusquets. 122 pág.).
Dos jóvenes de dieciséis años son compañeros de clase y amigos inseparables. Hans es judío y Konradin, un rico aristócrata.
Esa amistad finaliza un año después. Estamos en la Alemania de 1933, y, tras el ascenso de Hitler al poder, Konradin formará parte de la fuerzas armadas nazis mientras Hans viaja hacia el exilio Muchos años después, instalado ya en Estados Unidos, donde Hans intenta olvidar el episodio que los separó amargamente, «reencuentra» al amigo perdido.
Esta pequeña obra maestra resurge hoy con la misma capacidad de conmover que cuando se publicó por primera vez en 1960. Pronto fue traducida y leída en el mundo entero.

 La nieta del señor Linh de Philippe Claudel. (Salamandra 126 pág.). Breve y conmovedora novela. Cuenta la llegada de un anciano, refugiado de una lejana guerra que le ha robado todo salvo a su
nieta, un bebé llamado Sang Diu, al que arrulla con una vieja nana infantil que recitaran durante generaciones, las mujeres de la familia. Llega un frío día de diciembre tras un agotador viaje en barco a un desconocido país europeo. Allí no conoce a nadie, y menos que hablen su lengua. Instalado en un piso de acogida, el señor Linh sólo se preocupa por su nieta, su única razón de existir, hasta que conoce al señor Bark, un hombre robusto y afable cuya mujer ha fallecido recientemente. Un afecto espontáneo surge entre estos dos solitarios que hablan distintas lenguas, pero que son capaces de comprenderse en silencio y a través de pequeños gestos. Ambos se encuentran regularmente en un banco del parque hasta que, una mañana, los servicios sociales conducen al señor Linh a un hospicio que no está autorizado a abandonar. El señor Linh consigue, sin embargo, escapar con Sang Diu y adentrarse en la ciudad desconocida, decidido a encontrar a su único amigo. Su coraje y determinación lo conducirán a un inesperado y conmovedor desenlace Es muy tierna

Señora de rojo sobre fondo gris de Miguel Delibes. Esta puede considerarse la última novela de Delibes. Escrita en recuerdo de su mujer fallecida es una lección de amor humano. Cuenta la historia de un prestigioso pintor que, sumido en una grave crisis creativa, va hilando ante su hija sus recuerdos más íntimos en un monólogo que es a la vez homenaje y exorcismo. Su relato se centra en dos acontecimientos: la detención de dos de sus hijos por motivos políticos y, fundamentalmente, la enfermedad y muerte de su mujer, Ana, a los cuarenta y ocho años. Ana contagiaba una sensación de belleza y plenitud que cobró un verdadero alcance sobre el fondo gris de lo cotidiano y los sinsabores de la enfermedad. Historia de un amor en carrera desenfrenada hacia la muerte y sobrecogedora semblanza de un personaje femenino, Señora de rojo sobre fondo gris es una profunda lección de humanismo y madurez artística que sólo Miguel Delibes podía ofrecernos.

Kafka y la muñeca viajera de Jordi Sierra i Fabra. (Siruela. 145 pág.).

Recreación novelada de una anécdota de Kafka. Un año antes de su muerte, paseando por un parque en Berlín, encontró a una niña llorando desconsolada: había perdido su muñeca. Para calmar a la
pequeña, el autor de La metamorfosis se inventó una peculiar historia: la muñeca no se había perdido, se había ido de viaje, y él, convertido en cartero de muñecas, tenía una carta que le llevaría al día siguiente al parque. Aquella noche Franz escribió la primera de las muchas cartas que, durante tres semanas, entregó a la niña puntualmente, narrando las peripecias de la extraordinaria muñeca desde todos los rincones del mundo. Según cuenta Dora Dymant, su compañera en aquellos días, el estado febril con el que Kafka escribía esas cartas era comparable al de cualquiera de sus inmortales obras. Jamás volvió a saberse nada, ni de la niña, ni de aquellas cartas.



Escalando Horizontes

Me presento

  Me permito hacer una pequeña introducción, ahora que tengo una columna propia dentro de la revista. Parece que la iniciativa ha animado a ...