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28.12.25

A proposito de Rosa (Mi Primer Articulo)

                           A PROPÓSITO DE ROSA


Leyendo el artículo que Rafa publicó sobre Rosa, y que le agradezco profundamente, he pensado que demuestra una sensibilidad que le honra. Gestos como este nos recuerdan lo fácil que resulta acostumbrarnos a escuchar noticias o conocer casos dramáticos como si fueran algo normal, lejano y ajeno a nosotros. Sin embargo, pocas veces pensamos en la historia que hay detrás de cada persona. Rafa sí lo ha hecho; ha seguido su situación, nos ha informado y, con ello, ha dejado claro que Rosa le importa.

Mientras regresaba a casa, fui dando vueltas a todo esto. Me tocó el alma. Lo siento, Eusebio, pero yo sí noto continuamente el alma. Quizá algún día hable de ello, porque tengo que confesar que hubo una etapa de mi vida en la que creí haberla perdido, haberla arrojado por la borda para seguir otros derroteros. Todos, en mayor o menor medida, tenemos que afrontar nuestra propia historia y tomar decisiones importantes, y eso nunca es fácil.

En mi caso, era cambiar el todo por la nada, o la nada por el todo. Sin embargo, me encontré con algo —o, mejor dicho, con Alguien—, en algún lugar, que sí tenía aquello que yo buscaba. Gracias a ese encuentro descubrí por qué y para qué podía servir mi vida. Comprendí que el verdadero secreto consistía en descubrir esos tesoros que siempre habían estado ahí, a mi lado, esperando ser reconocidos.

Vivimos en una sociedad profundamente materialista y racionalista, donde parece que solo existe aquello que se puede ver y tocar. Sin embargo, hay innumerables realidades invisibles capaces de colmar el anhelo del alma y de apaciguar las necesidades del cuerpo.

En mi ya más de medio siglo de existencia he conocido a muchas "Rosas". Personas con nombres distintos: hombres, mujeres, adolescentes, niños... Rosas marcadas por la soledad más absoluta, incluso cuando habían disfrutado de una intensa vida social.

Siempre que me encuentro con alguien que pide ayuda en la calle, o con una persona sin hogar —que puede vivir su pobreza con una enorme dignidad—, intento ponerme en su lugar. Aunque no siempre pueda ayudar materialmente, sí puedo ofrecer una sonrisa, una mirada, un gesto amable. Que perciban, aunque solo sea por un instante: "Me importas; no me eres indiferente."


He tenido la oportunidad de conocer a algunas de estas personas porque coincidían con mi trayecto diario al trabajo. Movida por el amor al prójimo —bien entendido, sin paternalismos—, y pensando que cualquiera de nosotros podría ocupar ese mismo lugar, me interesé por sus vidas y por las circunstancias que las habían llevado hasta allí.

En muchos casos descubrí historias durísimas y desgarradoras. Una cadena de acontecimientos en la que cada eslabón iba unido al siguiente hasta destrozar el alma y el corazón, obligándoles finalmente a pedir para mantener con vida un cuerpo del que, en ocasiones, ya ni siquiera deseaban seguir siendo prisioneros.

Siempre procuré, dentro de mis posibilidades, aliviar alguna necesidad material y, al mismo tiempo, ofrecer una pequeña chispa de esperanza para el alma. Procuraba no pasar de largo, aunque la prisa o la comodidad me invitaran a cambiar de acera. Bastaba un sencillo: «¿Cómo estás hoy?», recordar algo que me habían contado anteriormente o interesarme por un problema concreto. Pequeños detalles, pequeñas rendijas de esperanza, porque muchas veces los gestos son el verdadero lenguaje del corazón.

Durante muchos años he visto la película ¡Qué bello es vivir!. Aunque contiene algún personaje alegórico con un tono humorístico, su enseñanza sigue siendo profundamente actual: el mundo es distinto porque tú has estado en él. Incluso cuando alguien atraviesa el peor momento de su vida, ha sembrado mucho bien a su alrededor. Por eso merece la pena vivir una y mil veces. Y, aunque existan situaciones aparentemente desesperadas, siempre hay un rayo de luz al que aferrarse. Quizá nosotros podamos ser ese rayo de luz para alguna de las muchas Rosas que encontramos en nuestro camino.

Quiero terminar recordando al psiquiatra y neurólogo austriaco Viktor Frankl, autor del libro El hombre en busca de sentido. Superviviente de un campo de concentración nazi —o, más propiamente, de un campo de exterminio—, escribió que allí no sobrevivían necesariamente los más fuertes, ni los más inteligentes, sino quienes encontraban un motivo por el que vivir.

En su caso, ese motivo era la esperanza de volver a encontrarse con su joven esposa, de la que desconocía si seguía con vida. Aquella esperanza le sostuvo para soportar cualquier penalidad. También observó que resistían mejor quienes mantenían unas convicciones profundas, capaces de dar sentido a su existencia incluso en medio del mayor sufrimiento.

Quizá esa sea una de las grandes lecciones que Rosa, Rafa y tantas otras personas nos recuerdan: que nadie debería sentirse invisible; que un gesto de cercanía puede cambiar un día, y que una vida siempre encuentra fuerzas para seguir adelante cuando descubre que sigue siendo importante para alguien

                                                 Lucia SS

1.12.25

Lectura 1

     




NUESTRO MAPA DEL MUNDO

¿Qué leer?

Cuando la humanidad comenzó a poner por escrito las enseñanzas de sus sabios, los códigos que recogían las costumbres y las leyes, así como los relatos de los acontecimientos con los que se había forjado cada pueblo… nació la lectura.

Hasta entonces, la cultura —ese verdadero cultivo del alma— solo podía transmitirse de viva voz. Lo que hombres y mujeres lograban conservar en la memoria pasaba de generación en generación como un valioso mapa del mundo, como una antorcha encendida en medio de la oscuridad.

Escuchar sigue siendo hoy fundamental en nuestra vida. Es el primer camino por el que accedemos al lenguaje; le da forma a nuestro pensamiento mientras vivimos y, sobre todo, hace posible el diálogo, una de las fibras esenciales del tejido mismo de la existencia.

Pero, para que el diálogo merezca la pena, es necesario tener algo que decir. Y esa riqueza interior no surge por casualidad: se alimenta de la lectura, de la reflexión personal, de la apertura a la sociedad, del encuentro con otras ideas y otras experiencias.

La lectura ocupa hoy un lugar irreemplazable en la cultura. La memoria de la humanidad se conserva, en gran medida, en la palabra escrita: libros, cartas, ensayos, poemas y relatos que esperan el encuentro con un lector dispuesto a dialogar con ellos.

Cada libro abre una ventana distinta. Algunos nos enseñan, otros nos emocionan; unos nos hacen pensar y otros nos ayudan a comprender mejor a las personas y el mundo que nos rodea. Todos, de una u otra forma, dejan una huella en quien los lee con el corazón abierto.

Prometo continuar escribiendo un poquito más sobre este tema en próximas publicaciones. Aunque no pueda considerarme un auténtico ratón de biblioteca, sí valoro profundamente un buen libro y todo lo que puede aportar a nuestra vida. Leer nos hace más libres, más críticos y, sobre todo, más humanos.

LUCÍA S.









  

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  Me permito hacer una pequeña introducción, ahora que tengo una columna propia dentro de la revista. Parece que la iniciativa ha animado a ...