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4.6.21

Los Restos Del Dia (Dignidad)


                                                           



A propósito de la lectura de Lo que queda del día, de Kazuo Ishiguro

«La verdadera dignidad no consiste solo en cumplir con el deber, sino en no dejar nunca de ser profundamente humanos.»

Hay libros que, al cerrar la última página, continúan abiertos dentro de nosotros. Eso me ocurrió con Lo que queda del día.

Después de comentarlo en nuestra tertulia literaria, surgió una pregunta aparentemente sencilla, pero inmensa en su significado:

¿Qué es la dignidad?

En la Inglaterra de la primera mitad del siglo XX, la figura del mayordomo representaba la excelencia en el servicio. No era únicamente quien dirigía una gran mansión. Era administrador, consejero, organizador y depositario de una discreción absoluta. Debía poseer una sólida cultura, una educación exquisita y una extraordinaria capacidad para anticiparse a las necesidades de su señor. En muchas ocasiones estaba presente en reuniones donde se tomaban decisiones que influían en el destino de países enteros.

Solo unos pocos alcanzaban una responsabilidad semejante.

Sin embargo, el protagonista de esta novela comete un error que marcará toda su existencia: confunde la dignidad con la perfección en el deber.

Su afán por ser el mayordomo perfecto le impide escuchar su propio corazón. Renuncia al amor, deja pasar la oportunidad de expresar a su padre el afecto y la gratitud que merecía y sacrifica sus sentimientos en nombre de una fidelidad entendida como obediencia absoluta.

Solo al final descubre que una vida impecablemente cumplida puede esconder un inmenso vacío.

Y esa reflexión trasciende la novela.

Porque todos, en mayor o menor medida, corremos el riesgo de confundir nuestras obligaciones con el verdadero sentido de la vida.

¿Qué es la dignidad?

Después de darle muchas vueltas, he llegado a una conclusión sencilla.

La dignidad consiste en reconocer el valor de toda persona y actuar siempre con respeto hacia ella, hacia nosotros mismos y hacia todo cuanto hemos recibido.

Es una palabra que camina de la mano de la honestidad, la coherencia, el compromiso y el amor.

Y esa dignidad se pone a prueba cada día.

La dignidad de la persona

Toda persona posee dignidad por el simple hecho de existir. No depende de su origen, de su posición social, de su cultura o de sus creencias.

La historia nos recuerda, con demasiada frecuencia, lo que sucede cuando olvidamos esta verdad. Los campos de concentración nazis constituyen uno de los ejemplos más terribles de la degradación humana: hombres y mujeres privados incluso de su nombre para convertirse únicamente en un número.

Cada avance científico, político o económico solo tiene sentido cuando está verdaderamente al servicio de la persona. Ningún progreso merece ese nombre si exige sacrificar la dignidad humana.

La dignidad en la vida pública

La política debería entenderse como una auténtica vocación de servicio.

Quien asume una responsabilidad pública no debería vivir del pueblo, sino para el pueblo.

La dignidad exige preparación, competencia y honestidad. Del mismo modo que esperamos profesionalidad en cualquier oficio, también deberíamos exigirla a quienes toman decisiones que afectan al bien común.

La dignidad de nuestra casa común

La Tierra no nos pertenece; nosotros pertenecemos a ella.

Durante demasiado tiempo hemos vivido como propietarios absolutos, olvidando que respiramos su aire, bebemos de sus aguas y dependemos de sus recursos para vivir.

San Francisco de Asís la llamaba hermana y madre. Me parece una imagen de una belleza extraordinaria.

Una madre prepara lo necesario para todos sus hijos. Somos nosotros quienes, demasiadas veces, administramos mal esos dones.

Los incendios, la contaminación y la explotación indiscriminada de los recursos naturales nos recuerdan que nuestras decisiones de hoy condicionarán la vida de las generaciones futuras.

Reflexión final

Quizá esa sea la gran enseñanza que me deja Lo que queda del día.

La dignidad no consiste únicamente en cumplir con nuestro deber hasta el sacrificio de nosotros mismos.

También exige detenernos para mirar a quienes amamos, agradecer, perdonar, cuidar y dejarnos querer.

El mayordomo fue un hombre admirable en su profesión, pero demasiado tarde comprendió que la perfección en el servicio no basta para llenar una vida.

Porque existen deberes que nacen del corazón y, cuando los dejamos pasar, el tiempo rara vez nos concede una segunda oportunidad.

Tal vez esa sea la pregunta que Kazuo Ishiguro deja suspendida en el aire al cerrar la novela:

¿De qué sirve una vida perfectamente cumplida si, al llegar el ocaso, sentimos que lo mejor... quedó atrás?

📖 Ficha de lectura

Autor: Kazuo Ishiguro

Título: Lo que queda del día

Mi valoración: ⭐⭐⭐⭐

Me quedo con...

"La dignidad no consiste solo en hacer bien nuestro trabajo. También consiste en vivir con humanidad, cuidar a quienes amamos y no dejar que el deber silencie la voz del corazón."

«La verdadera dignidad no se mide por el cargo que ocupamos ni por el reconocimiento que recibimos, sino por la humanidad con la que vivimos y por el amor que dejamos en nuestro camino.»

✒️ LUCIA SS


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