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17.3.23

La Verdad

 

Esa fue la pregunta que, hace casi dos mil años, formuló Poncio Pilato durante el juicio de Jesús. La tenía delante de él y, sin embargo, no quiso reconocerla.

Hoy, en este mundo globalizado en el que vivimos, esa pregunta sigue teniendo plena actualidad. Más que nunca necesitaríamos que la verdad ocupara el lugar que le corresponde, por su importancia, por la rapidez con la que se difunde la información y por las enormes consecuencias que tiene sobre nuestras vidas. Sin embargo, da la impresión de que lo que con frecuencia impera es la mentira, la corrupción, el egoísmo, el culto al dinero y la manipulación.

A veces me pregunto: ¿qué legado queremos dejar a las nuevas generaciones? ¿Un mundo de desconfianza, de inseguridad y de miedo? ¿Una sociedad en la que caminemos sobre arenas movedizas, sin saber nunca qué es cierto y qué no?

A lo largo de la historia, la verdad siempre ha tenido un enorme valor. Desde pequeños nos enseñaban a decirla, aunque nuestras mentiras fueran inocentes o simples verdades a medias. Aquellas enseñanzas venían acompañadas de ejemplos que todos recordamos, como el de Pinocho. Bastaba imaginar que nos crecía la nariz para que, casi sin querer, acabáramos delatándonos delante del espejo.


La mentira parece pequeña cuando nace, pero va desgastando poco a poco nuestra conciencia y nuestra sensibilidad. Primero se convierte en una costumbre; después, en una forma de actuar; y llega un momento en que incluso terminamos creyéndonos nuestras propias mentiras. Entonces dejan de ser una excepción para convertirse en una herramienta de nuestra vida.

Cuando la conciencia se deforma, también se debilitan valores esenciales del ser humano: el bien común, el respeto a los demás, la defensa de la buena fama del prójimo, la honradez en la administración de los bienes públicos, la lucha por resolver los verdaderos problemas o la ayuda a los más débiles. En su lugar aparece el interés personal y el beneficio de quienes forman parte de nuestro propio entorno.

Precisamente esta reflexión es la que me ha llevado a escribir estas líneas sobre la trascendencia ética, moral y profesional de la verdad en el siglo XXI. Hoy ya no existen límites para la difusión de una mentira. Las redes sociales y algunos medios de comunicación pueden convertir una falsedad en una aparente realidad en cuestión de minutos.

Hay personas que poseen una enorme capacidad para influir sobre millones de ciudadanos. Y cuando la información llega a quienes carecen de herramientas para contrastarla, o simplemente confían ciegamente en quien la transmite, el daño puede ser enorme.

Conozco casos en los que una persona ha sido acusada públicamente antes incluso de celebrarse el juicio. Aunque posteriormente haya sido declarada inocente, la sospecha permanece y el estigma puede acompañarla durante toda la vida.

Existe una conocida historia que ilustra muy bien esta realidad. Una mujer acudió a confesarse porque era muy dada al chisme y a hablar mal de los demás, exagerando, inventando o difundiendo rumores.

El sacerdote le pidió que, cuando matara una gallina, desplumara el animal y esparciera todas las plumas desde lo alto de un monte. Ella obedeció y regresó satisfecha. Entonces el sacerdote le dijo:

—Ahora vuelve y recógelas todas.

La mujer respondió que era imposible, porque el viento las había dispersado.

El sacerdote concluyó:

—Así ocurre con la fama, el honor y la reputación de una persona. Una vez destruidos y esparcidos, resulta casi imposible recuperarlos.

Esa historia resume perfectamente el poder devastador de la mentira.

No me preocupa únicamente que haya personas que mientan; me preocupa que millones contribuyan a difundir esas mentiras sin comprobar si son ciertas. Compartimos noticias, comentarios o acusaciones con demasiada facilidad, olvidando que una simple publicación puede arruinar la vida de alguien.

Incluso en el periodismo resulta difícil mantener siempre la independencia y el rigor. La presión por ser el primero en ofrecer una noticia puede imponerse, en ocasiones, sobre la obligación de verificarla. Muchas informaciones ni siquiera proceden ya de reporteros que investigan sobre el terreno, sino de agencias cuya versión es reproducida por numerosos medios.

Siempre recuerdo el caso Watergate. Lo que parecía un simple robo en la sede del Partido Demócrata terminó destapando una compleja trama de espionaje y corrupción política que acabó provocando la dimisión del presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Aquella investigación periodística se convirtió en un símbolo del compromiso con la verdad. Los periodistas tuvieron que enfrentarse al secretismo, a las presiones y a las amenazas, demostrando que el periodismo puede desempeñar una labor esencial cuando busca la verdad con honestidad y valentía.

Quisiera terminar compartiendo algunas reflexiones de pensadores y personajes históricos que han dedicado palabras memorables a la verdad:


  • «Sócrates es mi amigo, pero soy más amigo de la verdad.» — Aristóteles.
  • «Los hechos no dejan de existir solo porque sean ignorados.» — Rafik Schami.
  • «La verdad, si no es entera, se convierte en aliada de lo falso.» — T. H. Huxley.
  • «En las montañas de la verdad nunca se escala en vano.» — G. K. Chesterton.
  • «El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.» — Anónimo.
  • «Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones.» — Aristóteles.
  • «Una necedad, aunque la repitan millones de bocas, no deja de ser una necedad.» — Anónimo.
  • «Siempre se ayuda la mentira de lo cierto para atacar a la verdad.» — Rabindranath Tagore.
  • «Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada.» — Mark Twain.
  • «El camino del hombre hacia la verdad consiste, en gran parte, en descubrir las mentiras.» — G. K. Chesterton.
  • «No se accede a la verdad sino a través del amor.» — Jesús Arellano.
  • «La verdad puede ser eclipsada, pero nunca se extingue.» — Albert Einstein.
  • «La verdad padece, pero no perece.» — Vaclav Havel.

Vivimos en una época en la que resulta más fácil que nunca difundir una mentira y más difícil que nunca reparar el daño que produce. Precisamente por eso, defender la verdad no es una opción reservada a filósofos, periodistas o jueces. Es una responsabilidad de todos. Porque solo sobre la verdad pueden construirse la confianza, la justicia y una sociedad verdaderamente libre.

Lucía Sanz


3.3.23

Un Amigo Diferente





  La profesora de cuarto de primaria debía leer y corregir lo que los chicos con trazos a lápiz, irregulares y  torpes, habían escrito, dando los primeros pasos, en sus vacilantes redacciones. No pudo resistirse y escribió ¡genial! al final de  la  que tenía entre sus manos.
   Aquella mañana en el colegio se habló de las personas con discapacidad haciendo especial referencia a los niños, por tanto el tema a red

actar en clase de Lengua, llevaría por título: “Un amigo diferente”.
  Se dio rienda suelta a estos incipientes estudiantes, para comprobar qué habían entendido  de todo aquello, y ver cómo expresan lo que sienten cuando descubren a unos niños, tan iguales y a la vez tan distintos, con los que no pueden, en muchas ocasiones, compartir juegos, confidencias y travesuras.
  Javi era un niño de nueve años, inquieto, travieso y juguetón, gemelo de su hermano Miguel.
   El pequeño Javi, toma nota  sobre lo que tiene que escribir; mordisquea un poco el lápiz y rápidamente se le va el pensamiento a un primo suyo afectado por  una lesión cerebral desde su nacimiento. De repente, como si todo alrededor hubiera desaparecido. Mentalmente se traslada a su lado, en casa, la playa,  las tardes de verano, reuniones familiares. ¿Quién es él para mí? mi primo, mi amigo. Y sin levantar la cabeza del papel comienza a escribir de corrido:
   Yo tengo un amigo, se llama Carlos, con 25 años que nació malito, pero que es muy simpático y le quiero mucho. Sale del colegio con una camiseta del Cádiz, ¡le encanta el Cádiz!

Tiene dos equipos, el Cádiz y el Betis. Cuando el Betis está abajo él es del Cádiz, y cuando el Cádiz está abajo él es del Betis.
Lo que tiene de diferente es: que no puede hablar bien. El médico cuando lo sacó del vientre de su madre, le puso un aparato en la cabeza y lo sacó, pero el aparato le apretó muy fuerte y le hizo daño en el cerebro, en la parte del  habla, y tiene los músculos del labio y la lengua que no los puede mover.
   Me cae muy bien, es gracioso y amable y cuenta historias muy divertidas, también chistes y su risa nos contagia a todos.
Juega muy bien al fútbol en la playa, y en un bar siempre se pide una fanta y en invierno agua. Creo que es el mejor amigo que tengo,  aunque como el no controla su fuerza a veces pega fuerte jugando, y hace tela de daño. ¡Pero es el mejor del mundo!
  Antes de firmar, el pequeño Javi, dibujó a dos personajes, uno más alto que el otro, que, amigablemente  echaban el brazo cada uno sobre el hombro del otro, debajo sus nombres

  Cuánto amor puede albergar un corazón  tan joven, que empieza a abrirse a la vida, que  descubre el dolor, el sufrimiento, las  limitaciones de sus iguales! y al mismo tiempo en su inocente simplicidad de niño es capaz de percibir en las balbuceantes palabras de su amigo, historias amenas, chispeantes, divertidas,  llenas de increíble imaginación. Capta con acierto sus gustos y aficiones. Y como colofón, dejando de lado lo que personalmente le pudiera disgustar, le da el número uno en el podio de su amistad a nivel mundial.
   Ni la diferencia de años ni los parapetos  de una deficiencia, son obstáculos cuando el amor y la nobleza abren los ojos para  ver.! Sus miradas sencillas, rectas, sin prejuicios, llenos de buena voluntad.

   Al día siguiente la profesora, entre el barullo de chiquillos distingue  a Javi.  Va corriendo tras un balón en el  patio del cole, como siempre, tan alegre y sonriente.  Juega con despreocupación,  entregado a su equipo de futbol, totalmente ajeno al alcance y  sacudida emocional  que su redacción  ha descargado, y  la sabia lección que, con la simplicidad de su temblorosa caligrafía ha trazado
                                                                                        
* Basado en hechos reales.    




Escalando Horizontes

Me presento

  Me permito hacer una pequeña introducción, ahora que tengo una columna propia dentro de la revista. Parece que la iniciativa ha animado a ...