BIENVENIDOS

7.4.18

LA ADMIRACION




Por casualidad me correspondió pasar a máquina un artículo para la revista del CEPA. Lo primero que llamó mi atención fue la letra. Estoy segura de que a muchos expertos en grafología les habría gustado estudiarla. Hace años asistí a un seminario sobre esta disciplina y aprendí que la escritura puede reflejar aspectos muy profundos de la personalidad. Aquella letra hablaba de una vida intensa, rica en experiencias. Cuando descubrí que su autora tenía noventa y nueve años y que seguía escribiendo con una extraordinaria capacidad de admiración, pensé: somos colegas en esto. Supe entonces que ese sería el tema de mi próximo artículo.

Sé que entre nosotros hay personas expertas en muy diversas materias. Algunas investigan con rigor y elaboran artículos magníficos; otras siguen la actualidad con el entusiasmo de auténticas reporteras, buscando información y contrastando datos hasta poner los puntos sobre las íes.

Yo no poseo muchas de esas cualidades. Sin embargo, sí me considero una persona inquieta. No suelo quedarme en la superficie de las cosas. Procuro distinguir lo verdaderamente importante de lo pasajero. Soy firme en mis convicciones, pero también sé ceder en aquello que no merece convertirse en motivo de enfrentamiento.

Amo la naturaleza, la vida, los niños, los animales… En definitiva, disfruto contemplando la belleza que nos rodea. Creo que conservo la capacidad de maravillarme ante las cosas más sencillas, esas que con frecuencia pasan inadvertidas.

No tuve la oportunidad de realizar estudios universitarios, como ocurrió a muchas personas de mi generación, especialmente a quienes nacimos en familias numerosas y humildes; una circunstancia que, curiosamente, volvería a elegir. Sí recibí formación profesional y comprendí pronto que quien deja de aprender termina estancándose. Por eso nunca he dejado de estudiar aquello que despierta mi interés, asistiendo a congresos, conferencias y cursos.

Me apasionan la filosofía, la antropología y las ciencias. De pequeña me llamaban «¿Por qué?». Es verdad que todos los niños preguntan constantemente, pero creo que en mi caso aquella curiosidad era especialmente intensa. Agradezco que casi nunca recibiera un simple «porque sí» como respuesta. Entonces preguntaba los porqués; ahora los reflexiono, los estudio y trato de encontrarles sentido.

Procuro mirar a los demás no como rivales, sino con comprensión, incluso cuando se equivocan. Amo la pluralidad, aunque no el relativismo que con tanta frecuencia nos lleva a acomodar la verdad a nuestra conveniencia para justificar nuestras propias debilidades.

¡Ya estoy filosofando otra vez!

Es bueno que cada persona descubra sus talentos y los ponga al servicio de los demás. Precisamente esa diversidad de capacidades es la que hace posible construir un mundo mejor.

La admiración es una cualidad propia de quien sabe agradecer. Con demasiada facilidad nos acostumbramos a todo lo que poseemos y vivimos. No solo dejamos de valorarlo, sino que además tendemos a compararnos con quienes tienen más o parecen vivir mejor, mientras apenas pensamos en quienes carecen incluso de lo imprescindible.

Estas pasadas Navidades circuló por WhatsApp un pequeño vídeo que me hizo reflexionar. En él, un hombre despertaba, como si saliera de una terrible pesadilla. Poco a poco iba descubriendo que todo cuanto le rodeaba era un regalo. A su lado estaba su esposa, como el más hermoso de los presentes; enseguida aparecía un niño llamándole «papá»; encendía la luz y aquella simple acción parecía un milagro; miraba por la ventana y contemplaba un paisaje nevado de extraordinaria belleza. Todo era motivo de emoción y de agradecimiento.

El problema es que nosotros tenemos tantos regalos que hemos dejado de verlos como tales. Nos acostumbramos a ellos, creemos que nos pertenecen por derecho y olvidamos que podríamos no tener ninguno.

Resulta hermoso ponerse, de vez en cuando, en el lugar de un niño pequeño que descubre el mundo por primera vez. Observa sus manos, mueve los pies, contempla fascinado cuanto le rodea. Abre cajones, armarios, grifos; quiere saber qué hay detrás de cada puerta. Es verdad que esos descubrimientos suelen traer algún que otro sobresalto a los mayores, pero también nos recuerdan algo esencial: el asombro es el primer paso hacia el conocimiento.

Los niños suelen hacer estas investigaciones en silencio, y por eso precisamente un niño demasiado callado puede resultar peligroso: su curiosidad no conoce límites, ni tampoco los riesgos.

Quizá nosotros también deberíamos redescubrir ese mundo que permanece oculto bajo la costumbre. La rutina entierra muchas de las maravillas que nos rodean.

No es casualidad que los filósofos griegos consideraran la admiración el origen de la filosofía. El asombro impulsa al ser humano a hacerse preguntas, a buscar respuestas, a contemplar la realidad desde perspectivas distintas y a intentar comprender aquello que rompe nuestros esquemas.

La admiración nos mantiene vivos, despiertos y agradecidos. Es una actitud profundamente humana, capaz de abrirnos continuamente a la belleza, al conocimiento y, en definitiva, al sentido de la vida.

Incluso nuestra lengua refleja esa realidad. Los signos de admiración sirven para expresar asombro, emoción, alegría o entusiasmo. Tal vez deberíamos utilizarlos menos al escribir y mucho más al vivir.

Lucía Sanz





6.4.18

La Rosa De Media Noche (Critica literaria)




La rosa de medianoche de Lucinda Riley fue una de las novedades editoriales que más llamó mi atención a principios de este año y es que, tratándose de una saga familiar y además ambientada en La India, era difícil que yo no me fijase en ella. De esta autora me apetecía leer desde hace tiempo El secreto de la orquídea, pero finalmente ha sido esta novela con la que me he estrenado, y me ha gustado tanto que espero no tardar demasiado en repetir con ella.

"La rosa de medianoche" transcurre a través de dos hilos temporales que nos sitúan por una parte en la época actual en la mansión inglesa de Astbury Hall, y por otra nos trasladan hasta La India de principios del siglo XX, concretamente al año 1911. De esta manera, en el año 2011 a Astbury Hall llega la actriz Rebecca Bradley, protagonista de la película ambientada en los años 20 que se va a rodar en esta mansión, que a su vez se convertirá en su alojamiento durante el tiempo que dure el rodaje gracias a la amabilidad de su dueño Anthony. Por otra parte, también en la época actual pero en La India, la anciana Anahita hace llamar a su nieto Ari para hacerle entrega de un manuscrito en el que recoge lo que ha sido su vida y que está destinado a ser entregado al hijo que ella cree desaparecido, a pesar de tener su certificado de defunción. Anahita encarga a su nieto que lea el manuscrito y luego indague sobre el paradero de su hijo, y aunque en principio él se muestra reacio, cuando su abuela muera tomará un avión a Londres para intentar cumplir lo que Anahita le ha pedido. Y será esta investigación la que le lleve hasta Astbury Hall, donde conocerá a Rebecca y juntos intentarán descubrir los secretos que se esconden tras los muros de la mansión.

  El planteamiento del último libro de Lucinda Riley resulta de lo más atractivo si, como es mi caso, sois aficionados a este tipo de historias que esconden secretos familiares que han pasado de generación en generación. Puede que muchos estéis pensando que no ofrece nada diferente y es cierto, su base es similar a la de muchos otros libros, pero para mí esto no es ningún problema, me encantan estas novelas y no me canso de leerlas. En el caso de La rosa de medianoche, la trama consiguió despertar mi interés desde los primeros capítulos y me ha resultado una lectura sumamente entretenida pues he seguido con mucho interés e intriga la evolución que seguían ambas tramas hasta llegar al final en el que todas las piezas encajan y la historia queda completa.
  Os comentaba que La rosa de medianoche transcurría a través de dos hilos temporales, pero al hablaros de su argumento me he centrado únicamente en el que tiene lugar en la época actual y es que es fácil deducir que el que tiene lugar en el pasado se centra en recoger lo que fue la vida de Anahita. Normalmente los libros que utilizan esta estructura de dos tramas paralelas en diferentes épocas suelen presentar un cierto desequilibrio en cuanto al interés de ambas, afortunadamente en el caso de La rosa de medianoche no es así, y ambas líneas temporales resultan igual de interesantes, o al menos a mí así me lo ha parecido. Tanto en el pasado como en el presente se plantean cuestiones e interrogantes que invitan a seguir leyendo, además de generar la necesidad de llegar al final del libro para descubrir la conexión existente entre los personajes del pasado y los del presente.
  Por lo que se refiere a la estructura de "La rosa de medianoche", esta está vinculada con los dos hilos temporales que la obra presenta y así nos encontramos con un prólogo que da inicio a la historia para a continuación dejar paso a diez partes más un epílogo final, estando a su vez cada una de ellas dividida en capítulos. Estas partes van alternando la historia del pasado con la del presente, señalándose al comienzo de cada una tanto la ubicación como el año en el que transcurre la acción. De esta manera no hay lugar a confusión y la historia se sigue sin ningún problema, empleando Lucinda Riley una prosa natural, sencilla y cuidada, que tiene un ritmo fluido, y que resulta muy agradable de leer. Mientras que en el tiempo presente hace uso de un narrador omnisciente, cuando nos trasladamos al pasado lo hacemos a través de las memorias de Anahita, por lo que es ella quien narra utilizando para ello la primera persona.
  Si bien hay una serie de figuras que tienen mayor protagonismo, la galería de personajes es bastante amplia ya que tanto en el pasado como en el presente hay personas que juegan papeles importantes en el transcurso de la historia. No obstante Lucinda Riley se encarga de perfilarlos con acierto y detalle de tal manera que es fácil identificar quién es quién y su posición en la historia, así como tener una idea clara de sus personalidades. Son dos mujeres las auténticas protagonistas de la historia, cada una en su propio tiempo, y con ambas es fácil conectar desde el principio. A pesar de su fama, Rebecca es una mujer de gustos sencillos y carácter tierno, que se siente abrumada por lo que está viviendo y que encontrará cierta paz en la tranquilidad que embarga a la mansión de Astbury Hall. Desde su llegada a la casa se sentirá interesada por el pasado de la familia propietaria de la mansión, más tras darse cuenta del gran parecido que ella guarda con la madre de Anthony y que hará que se plantee algunas cuestiones en torno a su propio pasado.
  A pesar de que el personaje de Rebecca me ha gustado, es complicado competir con la personalidad y carisma que desprende Anahita. A ella la conocemos mucho mejor puesto que nos narra su historia en primera persona, lo que nos permite acceder a sus emociones y sentimientos. Además vamos viendo la evolución que sigue a lo largo del tiempo, desde que es una niña en Jaipur hasta su vida adulta en Londres, una vida llena de momentos dulces pero también de muchas dificultades, especialmente cuando se traslade a Inglaterra y sufra la humillación y el desprecio de ser india. Anahita es una joven que inmediatamente se gana el cariño de quienes la rodean y lo mismo sucede con el lector, es fácil conectar con ella y compartir sus alegrías y penas, afrontando todo ello con fuerza, optimismo y determinación.

Entre los personajes secundarios hay figuras con distinto grado de relevancia en función del papel que desempeñan en la historia y así entre los más importantes está en el presente el joven indio Ari, el misterioso Anthony Astbury o la fiel ama de llaves, la señora Trevathan; mientras que en el pasado destacan Donald Astbury, su esposa Violet, lady Maud Astbury o la princesa Indira, amiga incondicional de Anahita. En relación con ellos un aspecto positivo que tiene la obra es que además de formar parte de la trama principal, a su vez la mayoría son protagonistas de sus propias subtramas, mucho menos relevantes pero que en conjunto hacen que el interés de la novela aumente.

Entre los personajes secundarios hay figuras con distinto grado de relevancia en función del papel que desempeñan en la historia y así entre los más importantes está en el presente el joven indio Ari, el misterioso Anthony Astbury o la fiel ama de llaves, la señora Trevathan; mientras que en el pasado destacan Donald Astbury, su esposa Violet, lady Maud Astbury o la princesa Indira, amiga incondicional de Anahita. En relación con ellos un aspecto positivo que tiene la obra es que además de formar parte de la trama principal, a su vez la mayoría son protagonistas de sus propias subtramas, mucho menos relevantes pero que en conjunto hacen que el interés de la novela aumente.

Otro de los aspectos a destacar en La rosa de medianoche es la buena ambientación con la que cuenta la novela, sobre todo en el hilo temporal del pasado. La mayor parte de la acción del presente tiene lugar en la mansión de Astbury Hall, una mansión que el lector llega a dibujar en su mente sin problema gracias a las descripciones con las que Lucinda Riley acompaña la narración y que nos permiten movernos por sus jardines, contemplar las diferentes estancias y disfrutar de la paz y la tranquilidad que se respira en el entorno en el que está situada.

En cambio el hilo temporal del pasado nos permite en un primer momento trasladarnos a la India colonial y dejarnos envolver por la belleza, el exotismo y el colorido de la misma, además de descubrir la riqueza, el esplendor y la majestuosidad de los palacios de los maharajás. Además de las vistosas descripciones de los diferentes escenarios, la autora se encarga de plasmar el modo de vida en dicha cultura, los matrimonios concertados, el funcionamiento del zenana o el papel de la mujer entre otros aspectos. No obstante la parte que transcurre en La India no es muy extensa, pues pronto quedarán atrás estos palacios para trasladarnos hasta Inglaterra, permitiéndonos observar la mentalidad de esa sociedad con respecto a las personas llegadas de la India además de plasmar el modo de vida de la alta sociedad en la época.

La rosa de medianoche es una novela en cuyo interior se mezclan diversos géneros y elementos,encontrándonos con romance, misterio, aventuras, drama, secretos familiares, contexto histórico, lazos familiares… que hacen que en conjunto el argumento resulte muy llamativo y la lectura no se haga pesada o aburrida en ningún momento. La autora se encarga de mantener el equilibrio, dosificando la intriga y el suspense e introduciendo giros argumentales que mantienen el interés y las ganas de seguir avanzando, además de reservar alguna sorpresa con la que sorprender al lector en el final.

Creo que resulta evidente que La rosa de medianoche de Lucinda Riley me ha gustado mucho y recomiendo su lectura, especialmente a todos aquellos que disfruten con las historias de secretos familiares. Un libro cuya trama se desenvuelve a través de dos hilos temporales, que presenta una atractiva combinación de elementos en su interior, y que cuenta con las suficientes dosis de suspense e intriga para que resulte difícil abandonar su lectura hasta llegar al final.sobre la familia que ha vivido allí durante generaciones.
Palacio maharajá La India 








3.4.18

El Invierno Que Tomamos Cartas En El Asunto (Critica literaria)

                        

  
                                                        El dulce arte de escribir, el dulce arte leer
“Angeles Doñate le da sentido al género epistolar. pero en los tiempos del correo electrónico, los sms, Facebook y los WhatsApp “El invierno que tomamos cartas en el asunto” hace mucho más que eso. Con la excusa o, mejor dicho, gracias al intento de una octogenaria de salvar el puesto de trabajo de la cartera de una pequeña población de las montaña, se inicia una cadena de cartas entre desconocidos, cuya única condición será la falta de remitente y la obligación de no romper la cadena.
     Tal y como nos transmite la autora, una carta empieza siendo un escaparte, un medio de comunicación que, con solo llegar a la tercera línea, nos obliga a desnudar el alma sin permiso ninguno, sin defensa alguna sobre actos inconscientes que realizamos conscientemente y que nos permiten exhalar esos pensamientos atascados entre nuestro corazón y nuestra boca y que jamás conseguirían salir, de no ser por medio de la escritura.
       Cada una de las cartas contiene un pedazo del espíritu de sus autores, parte de sus remordimientos por culpas no redimidas, de sus anhelos jamás confesados, de sus pasados enquistados en zonas de su ser en las que nunca hubieran mirado sin ese pretexto del bien común traducido, en la buena obra de: mantener a una igual que es la pequeña cartera pelirroja; esta, sin quererlo, se ha convertido en centro y parte de un fenómeno que despierta a un pueblo hasta entonces dormido.
      Historias de amor y desamor, historias pretéritas de un lejano pasado en blanco y negro sobre fotografías de esquinas recortadas en rombo o historias tan presentes como la vuelta de un viajero cuyo día a día pivota sobre una comunicación por chat; todos ellos tienen espacio para Angeles Doñate. Nuestra autora ha sabido abstraerse de cualquiera de los personajes para no darles a ninguno de ellos el titulo de protagonista, cuando para ella ese honor solo le podría corresponder al centro de esta historia que son las cartas.
      Estas cartas que desnudan a cada uno de los personajes, que nos permiten conocerlos mucho más de lo que cualquiera de sus vecinos los conoce, que nos permiten prever las reacciones porque sabemos sus miedos, pasiones, sensaciones, pasados y pretensiones de futuro.
        Impresionante la labor de documentación de la autora, porque además de las cartas entre los actores de este teatro de marionetas que con tanta destreza maneja, la ingente cantidad de referencias literarias con que cuenta la obra hace de ella, no solo una novela deliciosa en su lectura, sino una apasionada oda de encumbramiento a todos los pensamientos compartidos en papel entre gentes de los cinco continentes en todos los tiempos de la historia; esto unido a unas más que ocurrentes citas de personajes famosos al inicio de cada uno de los capítulos hace que sea imposible separarse del libro.
        No es una novela para prestar, no es una novela para comentar o compartir porque la autora consigue entrar en nuestro interior y proporcionarnos esa deseada sensación de “no quiero que se termine”; los devoradores de letras sabemos lo que nos pasa por la mente en el inicio de un libro y como el autor pasa de ser un nombre en una portada a ser alguien con quien adquirimos una confianza plena, que nos permite tutearlo y perder la mirada en cada punto y aparte de su obra o en cada cambio de capitulo.
      No sé me ocurre cual es el lector adecuado para esta maravillosa obra pero, lo que es mejor, no se me ocurre quién de nosotros no sería el lector perfecto para esta delicatesen de la literatura; aquellos que leen habitualmente se sorprenderán a sí mismos con la mirada perdida pensando en las montañas de Porvenir, aquellos que no sean lectores habituales serán víctimas de la maravillosa prosa de Angeles Doñate y, con ese virus inoculado, buscarán con avidez nuevas historias. Quizás las pidan por carta…….
   “Uno de los placeres de leer viejas cartas es saber que ya no necesitan respuesta”
Un libro maravilloso no sólo por su contenido literario , lleno de valores, donde todo el mundo participa en el bien sugerido y propagado desde el  corazón de una anciana.

Titulos Libros Con Menos De 200 Paginas


                




– El secreto de mi madre de J. L. Witterick (Nube de tinta. 208 pág.). Interesante y original historia , tanto en la forma como su contenido, de una polaca que esconde durante la contienda en su casa tanto a judíos y como a nazis. Son breves narraciones independientes contadas por sus protagonistas. Muy bueno






 Réquiem por Nagasaki de Paul Glynn (Palabra. 207 pág.). Una biografía novelada de la impresionante historia del médico radiólogo japonés Nagai, sobre quien cayó la bomba atómica en Nagasaki, y sobrevivió. Imprescindible.

Takashi Nagai (1908-1951) fue un científico japonés casado y con dos hijos. Impulsó generosamente la medicina moderna en su país a costa de su propia salud. El ejercicio de la radiología le supuso una leucemia que no le impidió sin embargo continuar con una vida de intenso trabajo. Sobrevivió seis años a la bomba atómica de Nagasaki, la mayor parte de ellos postrado en una cama. Me gusto es fuerte pero es hecho real

 Púrpura y negro de J. P. Gallagher (Palabra. 192 págs.). Roma, II Guerra Mundial. Un jovial sacerdote irlandés, Hugh O'Flaherty, que trabaja en el Vaticano se dedica a cobijar a personas (judíos, aliados, etc.) perseguidas por los nazis. El poderoso Kapler, jefe de la GESTAPO, le pondrá en su punto de mira e intentará acabar con él. Una intrigante historia basada en hechos reales y magníficamente interpretada en el cine (bajo el título Escarlata y negro) por Gregory Peck en 1981.
La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler de José Mª García Pelegrín. (Libros Libres. 200 págs.).

«El nombre alemán permanecerá para siempre mancillado si la juventud alemana no se alza para vengar y expiar al mismo tiempo; para aniquilar a sus opresores y construir una nueva Europa espiritual.» Con Alemania inmersa en la Segunda Guerra Mundial, y conscientes de su responsabilidad, un grupo de universitarios de poco más de 20 años de edad y un catedrático, Kurt Huber, se alzaron contra Hitler, bajo el nombre de la Rosa Blanca, con su única arma: la palabra. Las Hojas que repartieron por Munich y otras ciudades alemanas mantuvieron en jaque durante meses a los jerarcas nacionalsocialistas. Los principales miembros de este movimiento fueron condenados a muerte. Con sus vidas dieron testimonio de que el nacionalsocialismo no había conseguido adormecer la conciencia de todos los alemanes.
 Reencuentro de Fred Uhlman (Tusquets. 122 pág.).
Dos jóvenes de dieciséis años son compañeros de clase y amigos inseparables. Hans es judío y Konradin, un rico aristócrata.
Esa amistad finaliza un año después. Estamos en la Alemania de 1933, y, tras el ascenso de Hitler al poder, Konradin formará parte de la fuerzas armadas nazis mientras Hans viaja hacia el exilio Muchos años después, instalado ya en Estados Unidos, donde Hans intenta olvidar el episodio que los separó amargamente, «reencuentra» al amigo perdido.
Esta pequeña obra maestra resurge hoy con la misma capacidad de conmover que cuando se publicó por primera vez en 1960. Pronto fue traducida y leída en el mundo entero.

 La nieta del señor Linh de Philippe Claudel. (Salamandra 126 pág.). Breve y conmovedora novela. Cuenta la llegada de un anciano, refugiado de una lejana guerra que le ha robado todo salvo a su
nieta, un bebé llamado Sang Diu, al que arrulla con una vieja nana infantil que recitaran durante generaciones, las mujeres de la familia. Llega un frío día de diciembre tras un agotador viaje en barco a un desconocido país europeo. Allí no conoce a nadie, y menos que hablen su lengua. Instalado en un piso de acogida, el señor Linh sólo se preocupa por su nieta, su única razón de existir, hasta que conoce al señor Bark, un hombre robusto y afable cuya mujer ha fallecido recientemente. Un afecto espontáneo surge entre estos dos solitarios que hablan distintas lenguas, pero que son capaces de comprenderse en silencio y a través de pequeños gestos. Ambos se encuentran regularmente en un banco del parque hasta que, una mañana, los servicios sociales conducen al señor Linh a un hospicio que no está autorizado a abandonar. El señor Linh consigue, sin embargo, escapar con Sang Diu y adentrarse en la ciudad desconocida, decidido a encontrar a su único amigo. Su coraje y determinación lo conducirán a un inesperado y conmovedor desenlace Es muy tierna

Señora de rojo sobre fondo gris de Miguel Delibes. Esta puede considerarse la última novela de Delibes. Escrita en recuerdo de su mujer fallecida es una lección de amor humano. Cuenta la historia de un prestigioso pintor que, sumido en una grave crisis creativa, va hilando ante su hija sus recuerdos más íntimos en un monólogo que es a la vez homenaje y exorcismo. Su relato se centra en dos acontecimientos: la detención de dos de sus hijos por motivos políticos y, fundamentalmente, la enfermedad y muerte de su mujer, Ana, a los cuarenta y ocho años. Ana contagiaba una sensación de belleza y plenitud que cobró un verdadero alcance sobre el fondo gris de lo cotidiano y los sinsabores de la enfermedad. Historia de un amor en carrera desenfrenada hacia la muerte y sobrecogedora semblanza de un personaje femenino, Señora de rojo sobre fondo gris es una profunda lección de humanismo y madurez artística que sólo Miguel Delibes podía ofrecernos.

Kafka y la muñeca viajera de Jordi Sierra i Fabra. (Siruela. 145 pág.).

Recreación novelada de una anécdota de Kafka. Un año antes de su muerte, paseando por un parque en Berlín, encontró a una niña llorando desconsolada: había perdido su muñeca. Para calmar a la
pequeña, el autor de La metamorfosis se inventó una peculiar historia: la muñeca no se había perdido, se había ido de viaje, y él, convertido en cartero de muñecas, tenía una carta que le llevaría al día siguiente al parque. Aquella noche Franz escribió la primera de las muchas cartas que, durante tres semanas, entregó a la niña puntualmente, narrando las peripecias de la extraordinaria muñeca desde todos los rincones del mundo. Según cuenta Dora Dymant, su compañera en aquellos días, el estado febril con el que Kafka escribía esas cartas era comparable al de cualquiera de sus inmortales obras. Jamás volvió a saberse nada, ni de la niña, ni de aquellas cartas.



Escalando Horizontes

Me presento

  Me permito hacer una pequeña introducción, ahora que tengo una columna propia dentro de la revista. Parece que la iniciativa ha animado a ...