BIENVENIDOS

3.3.25

Lectura IV.

                                                                             

                                                                            

 Queridos lectores:                                      
Tengo que confesaros que este tema me está sorprendiendo. Pensé que con el artículo anterior había dicho casi todo lo que tenía que decir sobre la lectura. Sin embargo, cuanto más reflexiono sobre ella, más consciente soy de su enorme importancia. Es como un libro inagotable: cada vez que vuelves a abrirlo descubres algo nuevo.

Hay una preocupación que no consigo apartar de mi pensamiento. Muchos niños quizá nunca lleguen a descubrir el mundo maravilloso que se esconde detrás de las páginas de un libro. Y no porque no puedan hacerlo, sino porque nadie les ha enseñado el camino.

No culpo a los padres. Muchos de ellos tampoco llegaron a enamorarse de la lectura. En el colegio leyeron los libros obligatorios, algunos con gusto y otros por obligación, pero nunca adquirieron ese hábito que convierte la lectura en una necesidad. Después llegaron la televisión, los videojuegos, las tabletas... Todo es más inmediato, más fácil y exige mucho menos esfuerzo que abrir un libro.

Sin embargo, el amor por la lectura no nace cuando un niño aprende a juntar letras. Empieza mucho antes.

Comienza cuando alguien le sienta en sus rodillas para contarle un cuento. Cuando señala un dibujo y pronuncia despacio su nombre. Cuando convierte unas simples ilustraciones en una aventura. Más tarde llegan las sílabas, las palabras, las frases... Hasta que un día, casi sin darse cuenta, el niño descubre que ya sabe leer.

Pero aprender a leer no significa todavía convertirse en lector.

Ahí comienza el verdadero trabajo de quienes saben despertar la curiosidad y sembrar el amor por los libros. Y esa tarea es un auténtico arte.

Hace unos días viví una escena que me emocionó profundamente.

Viajaba en el metro. Frente a mí se sentó un padre con un niño de unos tres años. Cada uno ocupaba su asiento. El padre era muy alto y tenía que inclinarse continuamente para escuchar a su hijo; después estiraba el cuello con un gesto que delataba el esfuerzo.

El pequeño llevaba un cuento entre las manos. Era uno de esos libros con grandes ilustraciones y muy pocas palabras.

Pasaba las páginas con impaciencia hasta que encontraba un pequeño texto. Entonces sujetaba con sus dos manitas el rostro de su padre y lo dirigía hacia las letras para que se las leyera.

El padre obedecía una y otra vez.

Pero quien tenía el mejor asiento era yo.

Yo podía contemplar la cara del niño mientras escuchaba.

Nunca olvidaré aquella expresión.

Sus ojos se abrían como si acabara de descubrir un universo entero. Después permanecía largo rato observando el dibujo, completamente absorto. Tal vez solo aparecía una planta, unos animales o un paisaje cualquiera. Sin embargo, para él aquello era mucho más. Estaba construyendo una historia que únicamente existía dentro de su imaginación.

¡Cuánto habría dado por saber qué estaba viendo!

Aquella escena se repitió varias veces.

Confieso que estuve a punto de decirle al padre:

—No deje nunca de hacer esto con su hijo. Quizá algún día él no recuerde este viaje en metro, pero toda la vida llevará dentro el amor que usted está sembrando ahora.

Entonces pensé en la televisión.

Las imágenes aparecen y desaparecen con tanta rapidez que apenas dejan espacio para imaginar. Todo está hecho. Todo está explicado. No hay nada que completar.

En cambio, un libro obliga al niño a participar. Le invita a inventar los colores de un paisaje, el rostro de un personaje o el sonido de una tormenta. Su imaginación trabaja sin descanso.

Por eso me gusta ver a un niño convertir un palo en un caballo, en una espada o en una pértiga; esconder una piedra bajo la tierra y llamarla tesoro; inventar castillos donde los mayores solo vemos cuatro ramas. Esa capacidad de crear es uno de los mayores regalos de la infancia.

En el artículo anterior hablaba de cómo elijo mis lecturas. Tampoco ahora me dejo impresionar por las listas de los libros más vendidos. A veces he encontrado auténticas joyas escritas por personas desconocidas, autores que jamás alcanzaron fama, pero que tenían algo verdadero que contar.

Hace poco tuve que recomendar libros a dos de mis sobrinos, de siete y trece años.

No fue una tarea fácil.

Uno recurre inevitablemente a la memoria y recuerda aquellos libros que dejaron una huella imborrable. Después intenta averiguar qué le gusta a cada niño, qué aventuras le atraen, qué temas despiertan su curiosidad. Solo entonces puede aconsejar un libro.

Y si ese no le entusiasma, se busca otro.

Cada lector tiene su libro esperando.

Estos dos niños poseen una costumbre que me llena de esperanza: nunca se acuestan sin dedicar entre un cuarto de hora y media hora a la lectura. Gracias a ello ya han recorrido un largo camino como lectores.

Creo que los primeros libros deberían ayudar también a formar el corazón.

Cuentos, relatos y novelas donde aparezcan el bien y el mal, el sacrificio, la amistad, la generosidad, el valor o la justicia. Historias que hagan pensar, admirarse y preguntarse qué haríamos nosotros en el lugar de los protagonistas.

Sin darse cuenta, el niño va amueblando su interior.

Y aquí no puedo callarme.

Me rebelo contra esa costumbre de ofrecer a los niños una avalancha de dibujos violentos, estridentes y frenéticos. Personajes irreales que viven en un permanente estado de agresividad.

Después nos sorprende que prefieran los videojuegos o que necesiten cada vez más estímulos para entretenerse.

¿Cómo van a disfrutar de la sencillez si hemos acostumbrado sus ojos al exceso?

Todas las especies alimentan a sus crías según sus necesidades.

¿Por qué nosotros prestamos tanta atención a alimentar el cuerpo y tan poca a alimentar la sensibilidad?

Los dispositivos electrónicos pueden llegar a crear una auténtica dependencia. Más tarde aparecen el insomnio, la hiperactividad o la dificultad para concentrarse, y buscamos remedios cuando quizá el problema comenzó mucho antes.

Siempre he pensado que el mal no se vence añadiendo más mal, sino inundando la vida de bien.

Después de miles de libros leídos, sigo sintiendo la misma emoción al abrir uno nuevo. Me apasionan especialmente las novelas históricas y las que me acercan a otras culturas, porque permiten comprender otras formas de pensar y de vivir.

Podría citar muchos títulos, pero solo mencionaré algunos que siguen vivos en mi memoria:

Un saco de canicas, Matar a un ruiseñor, Cisnes salvajes, El esbirro, El diario de Ana Frank, Vientos del Este, vientos del Oeste, Mi familia y otros animales, Velando en la noche, Buena suerte, La llave de Sara, El secreto de mi madre, La estepa infinita, La sombra del olivar, La rosa de medianoche, No sin mi hija y El precio a pagar.

He querido recordar libros publicados hace ya muchos años porque temo que algunos permanezcan olvidados en las estanterías de las bibliotecas, cuando todavía tienen mucho que ofrecer.

Y termino con una costumbre personal que quizá pueda servir a otros lectores.

Me gusta tener varios libros empezados al mismo tiempo. Hay días para una novela, otros para un ensayo y otros para una lectura ligera. El estado de ánimo también necesita su propio libro.

La alfabetización nos enseña a leer las palabras.

La lectura, en cambio, enseña a leer la vida.

Porque leer pone en marcha la imaginación, la memoria, la emoción, la inteligencia, la reflexión y la intuición. Por eso quien no lee mantiene una parte de su mundo interior sin desarrollar.

Y quiero despedirme con unas palabras de Miguel de Unamuno que resumen mejor que nadie todo cuanto he intentado expresar:

«Leer, leer, leer; vivir la vida que otros soñaron.»

          LUCIA SS

23.8.24

La A mistad

Bienvenido/a a Escalando Horizontes. En este espacio comparto experiencias, reflexiones y aprendizajes, con la esperanza de que puedan inspirar, acompañar o ser de utilidad a otras personas. Gracias por estar aquí y por compartir este camino conmigo.

        


     
  LA AMISTAD (ALGUNA ENSEÑANZA DE LA MANO DE LA BIBLIA)

1️⃣ 📖 Cita bíblica; Marcos 2,3-5 – El paralítico y sus amigos

“Llegaron a él trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo donde estaba; y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.”

👉 Enseñanza “La amistad verdadera no se limita a palabras: carga, insiste y no abandona. Cuando uno no puede caminar, el amigo camina por él. “La amistad se demuestra con hechos concretos; acompañar al otro en sus dificultades es un acto de amor.”

2️⃣ 📖 Lucas 10,33-35 – El buen samaritano

“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídale; y todo lo que gastares de más, yo te lo pagaré cuando vuelva.”

👉 Enseñanza “El amigo es quien se detiene cuando otros pasan de largo. La amistad nace del cuidado gratuito y del compromiso con el dolor del otro. “La verdadera amistad se construye con cercanía y servicio desinteresado.”

3️⃣ 📖 Éxodo 17,12 – Moisés sostenido por Aarón y Jur

“Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.”

👉 Enseñanza “Hay amistades silenciosas que no brillan, pero sostienen. El amigo fiel permanece cuando el cansancio vence. “El valor de un amigo muchas veces se nota en su presencia silenciosa y constante.”

4️⃣ 📖 Hechos 16,25 – Pablo y Silas en la cárcel

“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.”

👉 Enseñanza “La amistad auténtica no desaparece en la prueba. Compartir la oscuridad transforma el sufrimiento en esperanza. “La amistad verdadera permanece incluso en las circunstancias más difíciles.”

5️⃣ 📖 Lucas 24,15-16 – Jesús y los discípulos de Emaús

“Y aconteció que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.” 👉 Enseñanza “El verdadero amigo camina al ritmo del otro. Escucha, acompaña y espera el momento justo para hablar. “La amistad requiere paciencia y acompañamiento, sin imponer ni apresurar.”

6️⃣ 📖 Rut 1,16-17 – Rut y Noemí

“Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.” 👉 Enseñanza “La amistad fiel no se abandona cuando la vida se oscurece. Elegir quedarse es una de las mayores formas de amar. “El compromiso y la fidelidad son pilares de una amistad verdadera.”

7️⃣ 📖 1 Samuel 20,42 – David y Jonatán

“Y Jonatán dijo a David: Vete en paz, porque ambos hemos jurado por el nombre del Señor, diciendo: El Señor esté entre tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre.” 👉 Enseñanza “La amistad verdadera busca el bien del otro, incluso cuando cuesta perder. El amigo no compite: “Proteger y alegrarse por el bien del amigo es una manifestación del amor sincero.”

8️⃣ 📖 Proverbios 17,17 – La amistad constante

“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.”

👉 Enseñanza “La amistad verdadera no depende de las circunstancias. Un amigo auténtico permanece a tu lado tanto en los buenos como en los malos momentos. “El amor de un amigo fiel se reconoce en la constancia y en el apoyo cuando más se necesita.”

9️⃣ 📖 Proverbios 27,17 – La amistad que fortalece

“Hierro con hierro se afila; y el hombre se afila con el rostro de su amigo.”

👉 Enseñanza “Los amigos nos ayudan a crecer y mejorar. La verdadera amistad nos desafía a ser mejores personas, sin lastimarnos, sino con honestidad y cuidado. “Un amigo fiel no solo acompaña, sino que inspira y fortalece nuestra vida diaria.”

10️⃣ 📖 Proverbios 27,9 – La dulzura de un amigo

“El perfume y el incienso alegran el corazón; y la dulzura de un amigo es más que los consejos sinceros.” 👉 Enseñanza “La amistad se percibe en los gestos de afecto, cuidado y palabra amable. No todo es utilidad o consejo; a veces basta la cercanía sincera.”

“El amigo que alegra el corazón aporta bienestar y alegría, tan valioso como cualquier consejo práctico

CONCLUSION PENSAR CADA UNA COMO SERIA LA MIRADA DE JESUS.

·       Con su madre que siempre estuvo a su lado

·        Al Joven rico, que quiere seguirle le atrae, pero no quiere renunciar a sus riquezas

·       A zaqueo, un hombre que al encontrase con Su mirada cambia radicalmente su vida y rectifica su actitud para con los demás

·       A la Magdalena la pecadora, donde otros condenan El perdona

·       Al paralitico, le pregunta con cariño. Pero quiere que tenga fe

·       A los apóstoles rudos, poca cosa etc. Os escojo como instrumentos etc.

●       A mí me ayuda repetir “Jesús que yo vea con tus ojos Jesús de mío, Jesús de mi alma


22.8.24

La felicidad (Aristoteles)



                                                       LA FELICIDAD EN ARISTÓTELES

Síntesis de la Ética a Nicómaco, Libro I y Libro X

1. La felicidad como fin último

En la Ética a Nicómaco, Aristóteles parte de una idea fundamental: toda acción, elección, arte o conocimiento busca algún bien. Por eso se pregunta cuál es el bien supremo de la vida humana. En el Libro I, capítulo IV, sostiene que prácticamente todos están de acuerdo en llamar felicidad al bien supremo, aunque existen grandes diferencias acerca de qué significa realmente ser feliz. La felicidad es elegida por sí misma y no como medio para conseguir otra cosa. Por eso ocupa el lugar de fin último de nuestras acciones. citeturn0search0turn0search4

2. ¿En qué consiste la felicidad?

Aristóteles rechaza la idea de que la felicidad pueda identificarse simplemente con el placer, las riquezas o los honores. En el Libro I distingue entre los bienes exteriores, los bienes del cuerpo y los bienes del alma, y afirma que los bienes del alma tienen una importancia especial. La felicidad consiste en una actividad o ejercicio del alma realizado de acuerdo con la virtud. Por tanto, no basta con poseer buenas cualidades: hay que ponerlas en práctica mediante nuestras acciones. citeturn0search0

3. La virtud y la vida feliz

La felicidad, para Aristóteles, está estrechamente unida a la virtud. Una persona feliz es aquella que desarrolla sus capacidades humanas y actúa de acuerdo con la razón y las virtudes. La felicidad no es un estado pasivo ni una emoción momentánea, sino una manera de vivir y actuar. Por eso la vida buena exige ejercicio, hábitos y decisiones correctas. Aristóteles considera además que los bienes externos tienen cierta importancia: la salud, los recursos necesarios y las relaciones humanas pueden facilitar la realización de acciones buenas, aunque no constituyen por sí solos la felicidad. citeturn0search0

4. Los capítulos IX y X del Libro I

Aristóteles analiza también la relación entre felicidad y fortuna. Algunas circunstancias dependen de nosotros y otras no, de modo que la vida humana está expuesta a acontecimientos externos. Sin embargo, la felicidad no debe quedar reducida a la suerte. Aristóteles la relaciona fundamentalmente con el ejercicio de la virtud y con la actividad racional. En el capítulo X afirma que la felicidad es un ejercicio del alma conforme a la virtud perfecta. citeturn0search0

5. La felicidad en el Libro X

En el Libro X, Aristóteles vuelve al tema de la felicidad y establece una distinción entre la vida activa y la vida contemplativa. En el capítulo VII sostiene que la forma más elevada de felicidad se encuentra en la contemplación, porque esta actividad utiliza la facultad intelectual, considerada la parte más excelente del ser humano. La contemplación es buscada por sí misma, puede mantenerse de manera relativamente continua y depende menos de los bienes exteriores que otras actividades. citeturn0search1turn0search7

6. ¿Qué significa la vida contemplativa?

La vida contemplativa consiste en ejercitar la razón y el entendimiento mediante el conocimiento y la reflexión sobre las realidades más importantes. Aristóteles considera que, cuanto más participa una persona de esta actividad intelectual, más se acerca a la forma superior de felicidad. No obstante, reconoce que el ser humano sigue necesitando determinadas condiciones externas, como la salud, el alimento y otros medios básicos para poder desarrollar su actividad. citeturn0search1turn0search23

7. Conclusión

La concepción aristotélica de la felicidad puede resumirse así: ser feliz no significa simplemente sentir placer, tener dinero o recibir honores. La felicidad es el fin último de la vida humana y consiste en vivir activamente de acuerdo con la virtud y la razón. Para Aristóteles, una vida plenamente realizada requiere desarrollar nuestras mejores capacidades y actuar bien; y, en su forma más elevada, culmina en la actividad contemplativa del intelecto. De este modo, la felicidad es algo que se realiza a través de una forma de vida, no algo que simplemente se posee.

Fragmentos y capítulos clave para estudiar

• Libro I, capítulo IV: presenta la felicidad como el bien supremo y fin último.
• Libro I, capítulo VIII: relaciona la felicidad con los bienes del alma y con la actividad virtuosa.
• Libro I, capítulo IX: analiza si la felicidad procede de la enseñanza, del hábito, de la fortuna o de otros factores.
• Libro I, capítulo X: relaciona la felicidad con el ejercicio del alma conforme a la virtud.
• Libro X, capítulo VI: retoma y resume la concepción aristotélica de la felicidad.
• Libro X, capítulo VII: presenta la contemplación como la forma más elevada de felicidad.
• Libro X, capítulo VIII: compara la vida contemplativa con otras formas de vida y explica sus condiciones.

Citas breves para recordar

«la felicidad el sumo bien» — Ética a Nicómaco, Libro I, cap. IV.

«la felicidad es un ejercicio del alma conforme a perfecta virtud» — Libro I, cap. X.

«la felicidad será una especie de contemplación» — Libro X, cap. VII. citeturn0search0turn0search1

Fuentes consultadas

Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro I y Libro X, traducción de Patricio de Azcárate (1873), disponible en Filosofía.org y Wikisource. También se ha contrastado el texto del Libro X, capítulos VI–VIII, en una edición académica disponible en línea. citeturn0search2turn0search0turn0search23amino conmigo.

Para Aristóteles, la felicidad (eudaimonía) no consiste simplemente en sentirse bien, tener dinero, éxito o disfrutar de placeres.
Es, sobre todo, vivir bien y vivir de acuerdo con la virtud.
Su idea podría resumirse así:
La felicidad no es un momento de alegría, sino una forma de vivir.
Aristóteles piensa que todos buscamos un bien último, algo que deseamos por sí mismo y no simplemente para conseguir otra cosa. Ese bien último es la felicidad.
¿Y cómo se alcanza?
Mediante una vida en la que vamos desarrollando buenas disposiciones: prudencia, justicia, fortaleza, templanza, generosidad, amistad…
No nacemos siendo plenamente virtuosos. Nos hacemos virtuosos mediante nuestros actos y nuestros hábitos.
Por eso es tan importante la idea de Aristóteles de que:
“Somos lo que hacemos repetidamente.”
La felicidad sería, por tanto, el resultado de vivir bien, elegir bien y orientar nuestra vida hacia el bien.
Un detalle muy interesante: la amistad
Para Aristóteles, una persona no puede alcanzar una vida plenamente feliz aislándose de los demás.
La amistad es necesaria para una vida buena. Y distingue entre amistades basadas en el interés, en el placer y, la más valiosa, aquella en la que queremos el bien del otro por sí mismo.
Aquí hay un puente muy bonito hacia el cristianismo: la felicidad no se entiende como “yo estoy bien”, sino también como amar y procurar el bien de los demás.
Aristóteles y el cristianismo
Hay una diferencia fundamental.
Para Aristóteles, la felicidad se alcanza mediante una vida buena y virtuosa, culminada en la contemplación y la realización de las capacidades humanas.
El cristianismo añade algo decisivo: la felicidad última del ser humano está en Dios.
Por eso podemos poner en diálogo a Aristóteles con las palabras de Jesús:
«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.»
(Mateo 5,6)
Y también:
«Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»
(Juan 10,10)
Así, podríamos plantear una reflexión muy bonita:
Aristóteles pregunta: “¿Cómo debemos vivir para ser felices?”
Jesús lleva la pregunta más lejos: “¿Dónde está la verdadera vida y cuál es el camino para encontrarla?”

Sí. Y aquí hay un tema muy rico: Aristóteles no fue cristiano, pero su manera de entender la felicidad influyó enormemente en la filosofía cristiana medieval, especialmente en santo Tomás de Aquino. Lo interesante es que el cristianismo recoge algunas ideas de Aristóteles, las transforma y las lleva más allá.
La felicidad: de Aristóteles a la visión cristiana
1. Aristóteles: todos buscamos la felicidad
En la Ética a Nicómaco, Aristóteles parte de una observación muy sencilla:
Todo lo que hacemos busca algún bien.
Estudiamos para aprender, trabajamos para conseguir algo, cuidamos a una persona porque queremos su bien… Pero tiene que existir un bien último que no buscamos para conseguir otra cosa.
Para Aristóteles ese bien es la eudaimonía, normalmente traducida como felicidad.
Pero no significa simplemente estar contento.
Es haber alcanzado una vida lograda, vivir de acuerdo con la razón y desarrollar las virtudes.
2. Una idea fundamental: la felicidad se construye
Para Aristóteles no basta con tener buenos sentimientos.
Una persona se hace justa practicando la justicia; se hace generosa siendo generosa; se hace prudente aprendiendo a elegir bien.
Por eso la felicidad tiene mucho que ver con los hábitos.
Aquí encontramos una conexión muy interesante con la formación cristiana:
No basta con saber qué es el bien; hay que aprender a vivirlo.
El cristianismo hablará posteriormente de virtudes, y distinguirá entre virtudes humanas y virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.
3. ¿Dónde cambia el cristianismo a Aristóteles?
Aquí está la cuestión fundamental.
Para Aristóteles, la felicidad más elevada está relacionada con la vida contemplativa, con el ejercicio de lo mejor que hay en el ser humano.
Pero el cristianismo afirma algo mucho más radical:
El ser humano no encuentra su felicidad definitiva únicamente en sí mismo ni en sus capacidades. La encuentra en Dios.
San Agustín lo expresará de una manera preciosa:
«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.»
Y el Catecismo recogerá esta misma idea al hablar del deseo humano de felicidad y de su cumplimiento último en Dios.
4. Santo Tomás de Aquino: el gran encuentro
Aquí aparece la figura clave: santo Tomás de Aquino (1225-1274).
En el siglo XIII, las obras de Aristóteles fueron recuperadas y estudiadas profundamente en Europa.
Tomás de Aquino encontró en Aristóteles una herramienta extraordinariamente útil para explicar racionalmente muchos aspectos de la fe cristiana.
Pero no se limitó a copiar a Aristóteles.
Lo integró dentro de una visión cristiana.
Para Aristóteles:
La felicidad = vida lograda mediante la virtud y el desarrollo de nuestras capacidades.
Para santo Tomás:
La felicidad perfecta = unión y contemplación de Dios.
Y aquí está el salto decisivo:
La felicidad que el ser humano busca naturalmente no puede ser plenamente satisfecha por bienes limitados.
Dinero, reconocimiento, placer, conocimientos, éxito, incluso las relaciones humanas más hermosas son bienes reales, pero ninguno puede ser el Bien absoluto.
Para Tomás, solamente Dios puede satisfacer plenamente ese deseo.
5. Aristóteles aporta las virtudes
Esta influencia es especialmente importante.
Aristóteles había estudiado las virtudes cardinales:
Prudencia
Justicia
Fortaleza
Templanza
Santo Tomás las incorpora a la tradición cristiana.
Pero el cristianismo añade tres virtudes que tienen a Dios como origen y destino:
Fe – Esperanza – Caridad.
Por eso se suele representar la vida cristiana mediante:
Virtudes cardinales → nos ayudan a vivir bien humanamente.
Virtudes teologales → nos orientan hacia Dios.
La caridad ocupa un lugar especial porque no consiste simplemente en ser amable: es amar a Dios y al prójimo por Dios.
6. La felicidad cristiana no es simplemente "sentirse feliz"
Esto es muy actual.
Podemos preguntarnos:
¿Puede una persona estar triste y, sin embargo, tener una vida feliz?
Desde esta perspectiva, sí.
Una persona puede atravesar sufrimiento, enfermedad, dificultades o pérdidas y, sin embargo, conservar sentido, esperanza, amor y confianza en Dios.
Por eso la felicidad cristiana no equivale a estar siempre alegre.
Jesús mismo no presenta una vida sin dificultades.
Las Bienaventuranzas son fundamentales:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.»
(Mt 5,3)
Y:
«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.»
(Mt 5,6)
Es sorprendente: Jesús llama bienaventurados a personas que, según los criterios habituales del mundo, no parecen las más felices.
Ahí aparece una concepción de felicidad mucho más profunda.
7. Una comparación que puede funcionar muy bien en clase
Aristóteles
Cristianismo
Todos buscamos la felicidad
Todos tenemos un deseo profundo de felicidad
La felicidad es el bien último
Dios es el Bien último
Se alcanza mediante una vida virtuosa
La vida virtuosa es también camino hacia Dios
Importan los hábitos
Importan las virtudes y la conversión del corazón
La razón orienta hacia el bien
Razón y fe se iluminan mutuamente
La amistad es necesaria para una vida buena
El amor al prójimo es esencial
Felicidad como vida lograda
Felicidad plena como comunión con Dios
Contemplación como culminación de la vida humana
Visión de Dios como felicidad definitiva
8. La gran pregunta que une a Aristóteles y al cristianismo
Podríamos plantearla así:
Aristóteles pregunta:
¿Qué necesitamos para vivir una vida verdaderamente buena?
El cristianismo responde y profundiza:
¿Para qué hemos sido creados y dónde puede descansar definitivamente nuestro deseo de felicidad?
Y aquí podemos llegar a una idea preciosa:
Aristóteles ayuda al cristianismo a explicar cómo vivir bien.
El cristianismo afirma además hacia quién está orientada la vida.
No se trata solamente de "ser buena persona para ser feliz", sino de descubrir que el bien, la verdad, el amor y la felicidad tienen su plenitud en Dios.
9. Un texto bíblico que resume muy bien el tema
El Salmo 16 expresa algo que encaja extraordinariamente bien con esta reflexión:
«Me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.»
(Salmo 16,11)
Y san Pablo lleva la mirada hacia la plenitud futura:
«Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara.»
(1 Corintios 13,12)
Eso conecta con la idea tomista de que la felicidad definitiva no consiste simplemente en poseer cosas buenas, sino en alcanzar a Dios mismo.
Para cerrar el tema
Yo dejaría como frase central para la imagen o para la clase:
ARISTÓTELES: vivir bien para alcanzar una vida plena.
CRISTIANISMO: vivir en el bien y en el amor para encontrar la plenitud en Dios.
Y una pregunta final que puede dar mucho juego:
¿Buscamos la felicidad… o buscamos aquello que creemos que nos hará felices?
Porque quizá una de las grandes aportaciones de Aristóteles y del cristianismo es precisamente enseñarnos a distinguir entre placer momentáneo, éxito, bienestar y verdadera felicidad.

11.7.24

Angeles De Pantalón Corto

                                        

                                                                                 LOS "ÁNGELES DEL COLE"

Hubiera sido un privilegio escuchar la conversación de aquellos tres amigos de cuarto de Primaria cuando, un buen día, decidieron poner en marcha, en el más absoluto secreto, un plan que los comprometía a convertirse en los «ángeles custodios» de todos los niños del colegio.

Durante las clases estarían atentos a quienes tenían dificultades con las lecciones para ayudarles, en la medida de sus posibilidades. En el recreo recorrerían el patio procurando que nadie permaneciera solo, sin jugar, aburrido o envuelto en una pelea. Ellos, los «ángeles del cole», estaban entusiasmados con aquella gran idea y se pusieron manos a la obra en cuanto tuvieron ocasión.

La ilusión propia de la infancia, unida a la fuerza de su generosidad, hizo que pronto se notara su presencia. En el patio aparecían siempre para defender al más perjudicado en una riña o intervenir en cualquier altercado, fortaleciendo, al mismo tiempo, los lazos de amistad con aquellos compañeros a quienes protegían.

Pero, del mismo modo que existen corazones nobles que buscan el bien sin egoísmo, que transmiten alegría y siembran paz con su bondad, también los hay endurecidos por la malicia.

Así ocurrió que, un día, al salir de clase y antes de despedirse, los tres amigos fueron acorralados por la pandilla de los «mandones del cole», esos que solo con su presencia infunden miedo. Les propinaron una buena paliza para amedrentarlos y conseguir que dejaran de entrometerse en sus asuntos; es decir, en sus continuos abusos y acosos sobre los niños más pequeños y vulnerables.

Los tres «ángeles» tuvieron que ser atendidos en el centro de salud más cercano. Y fue precisamente aquel incidente el que sacó a la luz el secreto que habían guardado con tanta discreción.

Esta historia real, ocurrida hace algunos años, invita a una profunda reflexión sobre el verdadero significado de la bondad.

Con frecuencia se confunde la bondad con la debilidad, cuando sucede exactamente lo contrario. Hace falta una gran fortaleza para dominar el propio carácter, controlar los impulsos y transformarlos en mansedumbre, comprensión y auténtica sensibilidad hacia las necesidades de los demás.

La bondad perfecciona a quien la practica. No tiene nada de ingenua, blandengue o afectada. Es una virtud exigente, que requiere firmeza, dominio de uno mismo y una constante disposición a hacer el bien.

En cambio, las actitudes agresivas, los malos modales, las palabras altaneras, burlescas o despectivas y el desprecio hacia los demás revelan, por encima de todo, una profunda carencia de educación, de elegancia y, en definitiva, de humanidad.

¡Qué equivocados están quienes creen engrandecerse recurriendo a esos comportamientos! Al actuar así se incapacitan para escuchar con interés, comprender al otro o tratar con amabilidad a quien busca un consejo, una ayuda o simplemente un poco de comprensión.

La bondad es una inclinación natural, pero también una cualidad que puede educarse y fortalecerse. Paciente y serena, perfecciona a quien la posee porque sabe dar y darse, transmitiendo ánimo, esperanza y entusiasmo a cuantos le rodean.

Los muchachos de aquel colegio poseían esa bondad espontánea que no pierde el tiempo buscando culpables, sino comprendiendo las circunstancias que han llevado a cada persona a su situación. Preferían descubrir lo bueno que había en los demás y actuar solidariamente.

No eran conscientes de que estaban viviendo una auténtica virtud. Hoy, por desgracia, ser virtuoso suele tener un precio. Ellos lo comprobaron en su propia piel.

Vivimos un tiempo en el que parece librarse un pulso constante entre dos fuerzas. De un lado, la exasperación, la ira, la soberbia y el egoísmo, que amenazan con arrinconar la bondad. Del otro, una multitud silenciosa de personas que siguen creyendo que el bien merece la pena.

Dar las gracias. Pedir las cosas por favor. Escuchar con atención. Pedir perdón cuando es necesario, sin convertirlo en un drama. Sonreír. Respetar al que piensa distinto. Son gestos sencillos, casi imperceptibles, pero de una importancia inmensa.

Esos pequeños actos cotidianos constituyen el otro brazo de ese pulso. Son el abono fértil del que brotará una sociedad más humana, más respetuosa y más comprometida con el bien.

Porque la bondad nunca hace ruido, pero siempre deja huella.


Lucia SS



5.6.24

La Felicidad





Hay palabras que pronunciamos con tanta frecuencia que terminamos creyendo que conocemos su verdadero significado. Felicidad es una de ellas. Todos hablamos de ella, todos la perseguimos, todos creemos reconocerla cuando aparece. Sin embargo, si alguien nos preguntara qué es exactamente, probablemente guardaríamos unos segundos de silencio antes de responder.

¿Qué es la felicidad? Yo tampoco sabría definirla. Sospecho que no existe una respuesta única. Si hiciéramos una encuesta, encontraríamos tantas definiciones como personas, porque cada vida recorre un camino distinto y cada corazón aprende a latir de una manera diferente.

Hace tiempo escuché que la mejor forma de explicar algo consiste en comenzar diciendo lo que no es. Quizá con la felicidad ocurra exactamente lo mismo.

La felicidad no es un destino al que se llega un día para quedarse. Tampoco un premio reservado a quienes acumulan éxitos, dinero o reconocimientos. Es algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más profundo.

Desde que nacemos tenemos derecho a ser felices. No debería ser un privilegio, sino una forma de vivir.

Sin embargo, casi nadie nos enseñó eso.

Nos educaron creyendo que la felicidad siempre estaba un poco más adelante. Era una recompensa que llegaría cuando alcanzáramos determinadas metas.

Desde niños fuimos escuchando frases que todos conocemos:

"Estudia y serás feliz."

"Compórtate bien y serás feliz."

"Haz deporte y serás feliz."

"Consigue un buen trabajo y serás feliz."

"Compra un coche mejor, una casa más grande, cambia de móvil, viaja más, consume más… y entonces serás feliz."

Sin darnos cuenta, aprendimos a colocar la felicidad siempre detrás de alguna condición.

Y quizá ahí comenzó el error.

Tal vez deberíamos invertir el orden.

Sé feliz y estudiarás mejor.

Sé feliz y trabajarás con ilusión.

Sé feliz y amarás con mayor generosidad.

Sé feliz y serás mejor compañero, mejor padre, mejor madre, mejor amigo.

Porque la felicidad no es la consecuencia de vivir bien; muchas veces es precisamente la causa.

Nos hemos acostumbrado a buscarla fuera de nosotros, cuando, en realidad, lleva toda la vida llamando desde dentro.

Vivimos convencidos de que el siguiente logro nos hará sentir completos. Pero cuando llega, apenas permanece unos instantes antes de que aparezca un nuevo deseo.

Es como intentar llenar un cántaro con agua mientras el fondo permanece abierto.

No significa que los bienes materiales sean malos. Al contrario. Son una bendición cuando ocupan el lugar que les corresponde. El problema comienza cuando esperamos de ellos lo que nunca podrán ofrecernos.

Si el dinero fuera sinónimo de felicidad, todos los ricos serían inmensamente felices. Y la experiencia nos demuestra que no es así.

Las cosas pueden hacernos la vida más cómoda, pero difícilmente consiguen llenar el corazón.

Con los años uno descubre que la felicidad depende mucho menos de nuestras aptitudes que de nuestra actitud.

No siempre podemos elegir lo que sucede, pero sí la manera de responder a lo que sucede.

La vida nunca deja de sorprendernos. A veces con regalos; otras, con heridas.

Pero incluso en los momentos difíciles seguimos teniendo dos posibilidades: vencer... o aprender.

Y aprender también es una forma de ganar.

Existen pequeñas actitudes que, casi sin darnos cuenta, iluminan la existencia.

La primera es la gratitud.

La persona agradecida jamás vive instalada en la queja permanente. Reconoce que nada importante se consigue completamente solo. Descubre que cada día está lleno de pequeños regalos: una conversación, una sonrisa inesperada, una mano tendida, una puesta de sol, un abrazo, la salud cuando acompaña o el cariño de quienes permanecen.

Quizá por eso nuestros mayores repetían aquel refrán que nunca pierde actualidad:

«Es de bien nacidos ser agradecidos».

La segunda actitud es saber pedir perdón.

Pocas palabras poseen tanta fuerza como un sencillo «perdóname» pronunciado a tiempo.

Todos nos equivocamos. Todos herimos alguna vez sin querer. Todos dejamos escapar palabras que jamás debieron salir de nuestros labios.

El orgullo levanta muros.

El perdón construye puentes.

Cuántas familias habrían evitado años de distancia si alguien hubiera tenido el valor de decir: «Me equivoqué.»

Y cuántos corazones vivirían hoy más ligeros si aprendieran también a perdonar.

La tercera actitud consiste en pedir ayuda.

Durante demasiado tiempo hemos confundido la fortaleza con la autosuficiencia.

Pero nadie puede recorrer solo todos los caminos.

Necesitamos consejos, abrazos, compañía, silencios compartidos y personas que sostengan nuestra esperanza cuando las fuerzas flaquean.

Somos seres creados para encontrarnos unos con otros, no para vivir aislados detrás de una pantalla.

Hace algún tiempo leí unas palabras atribuidas a Carla Bruni que me hicieron reflexionar profundamente. Decía que, después de cierta edad, la belleza deja de depender del cuerpo para convertirse en un estado del espíritu. Lo que realmente ilumina el rostro ya no son los rasgos físicos, sino la bondad, la serenidad, la elegancia interior, la sensibilidad y la manera de afrontar la vida.

Creo que existe una gran verdad en esa reflexión.

Con los años comprendemos que la belleza más hermosa no se contempla: se percibe.

Está en quien sabe escuchar.

En quien sonríe con sinceridad.

En quien inspira paz.

En quien ama sin hacer ruido.

En quien ha aprendido a vivir con el corazón limpio.

Al final, la felicidad quizá no sea otra cosa que esa luz discreta que nace cuando aprendemos a reconciliarnos con nosotros mismos, a valorar lo esencial y a comprender que vivir ya es, por sí solo, un regalo extraordinario.

No esperes a tener más para empezar a ser feliz.

No esperes a que desaparezcan todos los problemas.

No esperes al momento perfecto, porque probablemente nunca llegará.

Empieza hoy.

Da las gracias.

Abraza a quienes amas.

Perdona.

Pide ayuda cuando la necesites.

Y recuerda siempre que la felicidad no suele hacer ruido.

Llega despacio.

Se sienta a nuestro lado.

Y permanece únicamente en aquellos corazones que han aprendido a abrirle la puerta.

Hoy, simplemente, no olvides ser feliz.    

                                 LUCIA SS










   

14.4.24

Mayo Mes De Maria

                                                           


A lo largo de los años se han escrito innumerables artículos sobre personajes históricos. Sin embargo, como esta revista se publica en el mes de mayo, quiero dedicar estas líneas a la persona a quien, desde hace siglos, la tradición cristiana consagra de un modo especial este tiempo: la Virgen María.

Mayo es su mes. También celebramos el Día de la Madre y la naturaleza se llena de flores. No parece una casualidad. María es la Madre por excelencia: Madre de Dios y madre nuestra; la flor más bella entre todas las flores.

No pretendo hacer un recorrido por su vida, sobre la que tanto se ha escrito. Prefiero recordar algo mucho más cercano y entrañable: aquellas canciones que durante generaciones hemos cantado en iglesias, colegios y hogares, y que todavía hoy son capaces de despertar recuerdos, emoción y esperanza. Al leer sus letras, muchos volveremos, aunque solo sea por un instante, a nuestra infancia.

«Madre, óyeme: mi plegaria es un grito en la noche…»

«Buena Madre, veo en ti a la mujer llena de Dios…»

«Cuántas veces, siendo niño, te recé…»

Estas y tantas otras canciones acompañaron el mes de mayo de miles de niños. Eran días de flores, de altares improvisados, de rezos sencillos y de una fe que se aprendía casi sin darnos cuenta, al calor de la familia y de la escuela.

A mí todo aquello no me hizo ningún mal. Al contrario. Aprendí las primeras oraciones y devociones casi al mismo tiempo que comenzaba a hablar. Es cierto que, en muchos momentos de mi vida, las dejé a un lado. Pero también puedo decir que, cuando más las necesité, fueron un verdadero salvavidas.

Quiero terminar con una anécdota que refleja la sencillez con la que vivíamos aquella devoción.

En casa teníamos una imagen de la Virgen junto a la escalera. Desde pequeños nos enseñaron a saludarla al pasar, lanzarle un beso, pedirle ayuda o darle las gracias.

Un día había visita en casa. Uno de mis hermanos, que apenas tenía tres años, cogió una tremenda pataleta. Lloraba y gritaba sin consuelo. Lo mandaron a su habitación y mi madre comentó a la visita:

—Ahora se callará.

Y así fue. Al llegar a la imagen de la Virgen, el niño hizo un silencio absoluto. La visita quedó desconcertada. Apenas unos segundos después, continuó llorando con la misma intensidad mientras seguía subiendo la escalera.

Mi madre sonrió y explicó:

—Ha hecho una pausa para saludar a la Virgen.

Son recuerdos sencillos, propios de otra época, pero que dejaron una huella profunda. Porque la fe, muchas veces, no se transmite con grandes discursos, sino con pequeños gestos cotidianos que permanecen para siempre en el corazón.        


A lo largo de los años, se han escrito muchísimos artículos sobre personajes históricos,
Pues como la revista sale en el mes de mayo. Quiero hablar de un personaje Único, maravilloso al que se dedica por tradición este  mes
. Mayo mes de la Virgen, Nadie ha tenido tanto reconocimiento ni en el cielo ni en la tierra. También se celebra el día de la madre, y es el mes de las flores. Creo que precisamente porque la Virgen es la madre por excelencia pues es de Dios y nuestra, y la flor de las flores.
No voy a hablar de ella, pero si he recopilar la letra de alguna canción dedicadas en su honor y que la mayoría recordaremos
·        Madre, óyeme: mi plegaria es un grito en la noche. Madre, mírame en la noche de mi juventud. Madre, sálvame, mil peligros acechan mi vida. Madre, lléname de esperanza, de amor y de fe.

Madre, guíame: en la sombra no encuentro el camino. Madre, llévame, que a tu lado feliz cantaré. Madre, una flor, una flor con espinas es bella. Madre, un amor, un amor que ha empezado a nacer.

 Madre, sonreír, sonreír aunque llore en el alma. Madre, construir, caminar aunque vuelva a caer. Madre, sólo soy el anhelo y la carne que luchan. Madre, tuyo soy, y en tus manos me vengo a poner.
·        Buena Madre veo en ti, a la mujer llena de Dios. Buena Madre por la fe, sabes vivir en la oscuridad. Mira a tus hijos caminar, buscando luz. Mira la angustia y el dolor,   Danos tu fe y acógenos.
·        Cuántas veces siendo niño te rece .Con mis besos te decía que te amaba .Poco a poco, con el tiempo, alejándome de Ti Por caminos que se alejan me perdí.
Hoy he vuelto, Madre a recordar, cuántas cosas dije ante tu altar, y al rezarte puedo comprender, que una Madre no se cansa de esperar
Al regreso me encendías una luz. Sonriendo desde lejos me esperabas. En la mesa la comida aún caliente y el mantel. Y tú abrazo en mi alegría de volver

·        . 
Aunque el hijo se alejara del hogar, una madre siempre espera su regreso, que el regalo más hermoso, que a los hijos da el Señor, es su madre y el milagro de su amor.
     A mí no me hizo ningún mal. Por el contrario, las oraciones y devociones que aprendí a la vez que comenzaba a hablar. Aunque las he abandonado en muchos momentos. En otros han sido mi salva-vidas.
     Como colofón una anécdota: En casa teníamos una imagen de la Virgen al subir la escalera. Y nos enseñaron a saludarla, tirar un beso, pedirle cosas , pedirle ayuda etc. Pues un día en casa estaba una visita y no sé el motivo, pero uno de mis hermanos con 3 añitos cogió una pataleta, y los gritos y lloros  aumentaban. Debieron mandarlo a su cuarto. Mi madre le comento a la visita, calculando que el niño iba por la escalera, ahora se callará, y así fue ante la sorpresa de esta visita, para continuar berreando. Mi madre explico que  el motivo de la pausa fue dedicado a la Virgen




24.3.24

En Torno A La Vida (Micro Relatos)






SIEMPRE HAS ESTADO A MI LADO

Desde mi concepción, Tú ya estabas a mi lado.

Podría haber muerto antes incluso de nacer. Mi madre sufrió un accidente durante el embarazo y el miedo la invadió de repente. No temía tanto por ella como por la pequeña vida que llevaba en su seno.

Cuando los médicos le dijeron que ambos estábamos bien, respiró aliviada. Poco antes había descubierto que no latía un solo corazón dentro de ella, sino dos. Aquella noticia la había llenado de emoción y también de incertidumbre.

Sin embargo, nunca dejó que el miedo ocupara el lugar de la confianza.

Como tantas madres generosas, no pensó en dos bocas más que alimentar, ni en dos cuerpos que vestir, ni en las innumerables necesidades que traería una familia más numerosa. Levantó la mirada hacia el cielo y, con la naturalidad de quien habla con un amigo de toda la vida, Te dijo:

—Esta vez tendrán que venir con dos panes debajo del brazo.

Y Te dio gracias porque los tres seguíamos con vida.

Con el paso de los años, en las reuniones familiares, volvían una y otra vez los recuerdos de la infancia. Entre risas, alguien terminaba preguntándole:

—¿Cómo podíais sacar adelante una familia tan grande viviendo solo del campo?

Ella sonreía.

Sabía muy bien que trabajar la tierra era vivir mirando al cielo. Se araba, se sembraba, se abonaba... y bastaba una tormenta de granizo para perder en unos minutos el esfuerzo de todo un año.

Sin embargo, nunca insistía en las penurias. No hablaba de las noches sin dormir, ni de las estrecheces económicas, ni de los sacrificios silenciosos que solo conocen los padres. Prefería detenerse en las bendiciones.

Recuerdo escucharle decir que, curiosamente, el año en que nacía un hijo solía llegar acompañado de una cosecha mejor o de alguna sorpresa inesperada. Los pocos animales que tenían criaban más de lo habitual; incluso una vaca llegó a parir dos terneros. Eran pequeños detalles que otros habrían atribuido a la casualidad, pero ella los recibía como una caricia de la Providencia.


Con inteligencia, trabajo y una extraordinaria capacidad para administrar lo poco, conseguía multiplicarlo todo. Nunca sobró nada, pero jamás faltó lo necesario.

Con los años he comprendido que, cuando uno vive convencido de que Dios camina a su lado, las dificultades no desaparecen, pero dejan de ser muros infranqueables. La confianza abre caminos donde antes solo parecía haber obstáculos.

Quizá por eso las personas más sencillas suelen descubrir antes Su presencia. Dios no acostumbra a levantar la voz. Habla en el silencio, actúa sin hacer ruido y ayuda de puntillas, sin reclamar reconocimiento.

Muchas veces nos apropiamos de los dones que hemos recibido, como si fueran únicamente fruto de nuestro esfuerzo. En cambio, cuando llega el sufrimiento, protestamos enseguida:

—¿Por qué a mí?

Con el tiempo he aprendido que existe una pregunta mucho más fecunda:

—¿Para qué?

Los diamantes no nacen brillando. Antes han soportado una enorme presión, han sido golpeados y cuidadosamente pulidos hasta reflejar la luz.

Quizá ocurra lo mismo con las personas.

Por eso, cuando miro hacia atrás y recuerdo aquel accidente que pudo cambiar mi historia antes de empezar, ya no me pregunto por qué seguí con vida.

La única pregunta que permanece en mi corazón es esta:


Señor, ¿para qué me dejaste con vida?


SOY ESPECIAL

Cuando mis padres supieron que iban a tener un hijo, desbordaban de alegría. Nunca quisieron conocer mi sexo antes de nacer. Querían que aquel momento fuera una sorpresa.

Todo transcurrió como sucede en la mayoría de los embarazos.

Llegó el día en que, por fin, nos conoceríamos. Mi madre ingresó en el hospital para traerme al mundo. Fueron horas de dolores, de espera y de esperanza. Y, como me daba mucha pena que sufriera tanto, decidí nacer.

Como a todos los recién nacidos, me llevaron para los cuidados inmediatos. Pasaban los minutos y mis padres preguntaban por mí. Se extrañaban de que tardaran tanto en llevarme al regazo de mi madre y a los brazos de mi padre. La inquietud comenzó a apoderarse de ellos.

—¿Le habrá pasado algo?

Esperaban ansiosos conocer a su pequeñín.

Las enfermeras dudaban antes de entregarme.

Cuando, por fin, mis padres me vieron, se derrumbaron. Sintieron dolor, angustia, miedo. No encontraban consuelo. No podían comprender lo que estaba ocurriendo. Por un instante, no supieron qué hacer conmigo.

Después de un largo rato, abrazados y llorando, hicieron silencio en su corazón y rezaron.

Entonces Dios les susurró:

—Lo que estáis viendo es solo el sobre de una carta. El sobre acaba desechándose; lo importante es la carta. Leedla despacio y descubriréis el inmenso regalo que habéis recibido.

Desde aquel instante, nunca más dejaron de abrazarme entre sus dos corazones.

Perdonad..., todavía no os he contado qué tenía de especial.

Nací con un cromosoma más.

Muchos creen que esa es nuestra única diferencia. Pero se equivocan. Somos especiales por muchísimas más cosas, aunque demasiadas veces no nos dejan demostrarlas... porque ni siquiera nos permiten nacer.

Tenemos un don para ganarnos el cariño de quienes nos rodean. Somos capaces de reunir a toda la familia, de arrancar sonrisas cuando parecen imposibles y de regalar un amor inmenso, sin condiciones.

A mí me llaman "rompecorazones". No sé muy bien qué significa, pero debe de ser algo bonito, porque siempre me lo dicen con una sonrisa llena de ternura.

Hubo un momento en que mis padres no sabían qué hacer conmigo.

Hoy sé que no sabrían qué hacer sin mí.

HE VUELTO A NACER

Era uno de esos días en los que la lluvia invitaba a quedarse en casa. Aunque a ninguno nos apetecía salir, teníamos pendiente una reunión entre amigos para celebrar distintos acontecimientos. Vencimos la pereza y, por fin, nos reunimos.

Yo regresé a casa a una hora prudente. Me esperaban mis obligaciones familiares y, además, necesitaba recuperar algo de sueño, así que me acosté temprano. Los demás decidieron prolongar la velada.

Ya entrada la noche recibí un mensaje que me dejó helado:

«He vuelto a nacer.»

Al regresar a casa, con la carretera empapada y algunas zonas comenzando a helarse, el coche de este amigo derrapó. Dio dos vueltas completas sobre sí mismo antes de acabar en la cuneta.

Horas después pudo contar lo sucedido. Me confesó que había visto la muerte muy de cerca. El coche quedó destrozado, pero él sobrevivió milagrosamente.

Me dijo que, en apenas unos segundos, toda su vida pasó por delante de sus ojos. Y añadió una frase que no he podido olvidar:

—Había cosas que no me gustaron nada.

Pensó que, si hubiera muerto en aquel instante, habría dejado demasiados asuntos importantes sin resolver. Mientras el coche giraba sin control, solo pudo rezar y pedir a Dios un poco más de tiempo.

Tiempo para dedicárselo a su familia.

Tiempo para jugar con su pequeño, para no perderse ninguna etapa de su infancia, para estar presente en su crecimiento.

Y, sobre todo, tiempo para abrazar a su mujer y decirle cuánto la quería; decirle que estaba por encima de todo, aunque hacía demasiado tiempo que no se lo expresaba.

Aquel accidente le hizo comprender que la vida no estaba en sus manos, como tantas veces había creído. Descubrió, de la manera más dura, que la muerte no siempre llama a la puerta de los demás.

Vivimos viendo cómo otros parten y, casi sin darnos cuenta, pensamos que esa desgracia siempre les ocurre a otros. Nos sentimos, inconscientemente, inmunes.

Pero basta un segundo para descubrir que nosotros tampoco somos dueños del mañana.

Entonces recordó un mensaje de WhatsApp que alguien había compartido en el grupo unos días antes:

«Relájate. Dios existe... pero no eres tú.»

Nunca una frase tan sencilla había encerrado una verdad tan profunda.

A veces necesitamos rozar el abismo para comprender que cada día es un regalo, que el amor no puede aplazarse y que las palabras importantes no deberían esperar a mañana. Porque el mañana, sencillamente, no nos pertenece.

                                                               Lucia SS






27.1.24

Peregrino IV (Articulo recuerdo a Eusebio)



                                              


Como el trayecto de Madrid a Pamplona es largo, hay tiempo para todo. Cuando el interés por el alma™
de Juan decayó, a nadie le interesó seguir elucubrando sobre temas así de transcendentales, de modo que nuestro querido Juan se concentró en sus pensamientos y volvió a soñar, pero esta vez sin dormir, un sueño de hombre soñador. Y esto era lo que le circulaba por las neuronas de su cerebro. Lo transcribo tal cual. Tendréis que perdonarle que esta vez se ponga transcendental o filosófico o tierno y sentimental. Pero él es así: “Poco sabemos sobre cómo alcanzar la verdad, pero sí sabemos cómo caminar de un lugar a otro, por más arduo que sea el viaje. Esa es mi única aspiración en este viaje: caminar de un lugar a otro, no parar, porque parar es morir. Mi vida es como la de un pájaro parecido a la golondrina, que se llama vencejo y que tiene las patitas tan cortas que si se posa en el suelo no puede remontar el vuelo y muere. El vencejo se pasa la vida en un eterno viaje. Como yo, sólo que él va por el cielo y yo por el suelo; pero los dos condenados a un eterno peregrinaje. El se pasa la vida viajando por el cielo y no puede posarse, porque es volar o morir. Hasta aparearse lo hace volando. Si no vuela no podrá comer, ni respirar, porque él vive del aire y del alimento que el aire le proporciona, que son básicamente los mosquitos. Su boca abierta succiona aire y alimento y no podrá dejar de volar. Y sólo se posará en un risco o tejado alto para cumplir con su obligación de anidar y prolongar la especie, y eso sucede una vez al año. Pondrá sus huevos, alimentará a sus crías durante dos meses y tarea cumplida. Luego otra vez al cielo, a viajar alejado del suelo. Yo tampoco podré pararme en cualquier albergue del camino, porque esté cansado o me duelan los pies o el alma. Si quiero la meta, he de seguir caminando y no parar.
Parar sería el final de mi camino sin haber llegado a nada. Así que a caminar Juan, a ver qué nos encontramos. En el camino está la verdad, la vida. En la parada no hay nada, amigo mío. No tienes ya ninguna razón para detenerte. Tú, al igual que el vencejo, ya has anidado, ya has criado a tus hijos, has cumplido con el deber de ir perpetuando la especie. Ahora el camino es tu vida.” Y con estos pensamientos revoltosos y confusos cociéndose en su cerebro se fueron acercando a la estación. El tren se paró y Juan se levantó del asiento. Todos los del compartimento se fueron despidiendo y le desearon felices sueños, silenciosos o compartidos y Feliz Camino. Todos fueron comprensivos con él, porque los viejos se duermen en cualquier parte y hay que ser educados y respetarles el merecido descanso. Y cada uno se fue por su lado hasta nunca más ver, pero se llevaron un agradable recuerdo de aquel viejo soñador. Juan se sentó en un banco de la estación y mientras esperaba al autobús que le iba a llevar a Saint Jean Pied de Port, no pudo por menos de recordar a la persona que le había contado la vida de estos increíbles pájaros que se pasan el 80 por ciento de su vida en el aire. Esta persona le contó cómo ella recogía a algunos vencejos que caían al suelo y les ayudaba para salvarles de la muerte. Y es que los pobres tienen un grave problema cuando caen al suelo, sobre todo las crías. Mientras están en el nido la madre los alimenta y les hace engordar hasta que pesan incluso más que ella misma. Pero a los dos meses tienen que saltar del nido y nunca más volverán a él. Tendrán que buscarse la vida por sí mismos en otra parte del planeta, porque el nido ya no será su casa y su madre les soltará definitivamente de su protección. La madre si volverá año tras año al mismo nido con una precisión de GPS y allí criará otros polluelos. Algunas veces


estas crías no aciertan con el aleteo correcto o no están suficientemente fuertes y caen al suelo y ya sabemos que caer al suelo significa la muerte. Esta persona con ternura los recogía y alimentaba un tiempo hasta que estaban suficientemente fuertes para ´volver emprender una vida en Dios sabe que latitudes de la tierra. Juan me encargó encarecidamente a mí , su portavoz, que le diera las gracias a esa persona en su nombre. Me dijo que fue gloria bendita oir el relato de su boca y que siempre se la imaginará teniendo en su mano una cría de vencejo y alimentándolo tiernamente, para darle una oportunidad de vivir y divisar la tierra casi entera desde las alturas, ya que son aves migratorias y realizan gigantescos viajes, buscando los mejores climas del globo terráqueo Me dijo que ella le había inspirado este episodio de su Camino y que a ella le dedicaba estos pensamientos que me ha dejado para que se los transmita a ustedes, mis pacientes y sufridos lectores. Y este día se despidió diciéndome: “Amigo escribano, ten en gran
aprecio a una persona así, porque no se encuentran muchas de éstas en el mundo y quien encuentra a una de ellas encuentra un tesoro Una persona que acuna y mima así a un pobre pájaro ha de tener un alma muy especial”. Y prosiguió: “No os voy a revelar su nombre, porque no sé si a ella le gustaría. Sólo os diré que, mientras me contaba esta tierna historia de los vencejos, su rostro lucía con una luz especial. Si un día, en vuestro peregrinaje os encontráis con ella, la reconoceréis fácilmente, porque os contará historias entrañables y su rostro resplandecerá otra vez, mientras el corazón se le seguirá saliendo por la boca”.




3.10.23

El Valor Oculto Del Amor





Hay mucha gente buena en el mundo, más de la que podemos imaginar. A diario se cruza en nuestro camino, pasando inadvertida, pero sus vidas son fecundas: generan bien, entregan amor y, la mayoría de las veces, la sonrisa y el buen humor son sus señas de identidad.

Podrían compararse al aire limpio, a la hierba fresca o a esas pequeñas plantas de tallo tierno que, en silencio, cubren grandes superficies.

El tiempo corre veloz.

Sin embargo, me gustaría recordar la conmoción que causó la noticia del accidente sufrido por un grupo de jóvenes que, recién terminado el curso, decidieron dar lo mejor de sí mismas en un proyecto solidario en Costa de Marfil.

Mientras amigos y compañeros preparaban sus hamacas y chancletas para pasar el verano tumbados al sol, treinta jóvenes estudiantes emprendían un viaje de cuatro mil kilómetros para dirigirse a una zona del África occidental, lejos de la comodidad de sus hogares, donde realizarían labores de voluntariado y solidaridad.

Allí las esperaban con los brazos abiertos para recibir apoyo en su formación y ayuda en tareas sanitarias y educativas; todo ello impregnado del cariño, la generosidad y esa alegría desbordante propia de los corazones jóvenes.

Pero el destino quiso otra cosa.

Un fortuito accidente frustró aquellos magnánimos deseos. La noticia saltó rápidamente a los informativos y, a través de la prensa, se conoció todo lo que, durante años, habían realizado desde este proyecto de apoyo a África.

De no haber ocurrido el lamentable suceso, su labor habría permanecido ignorada y oculta para la mayor parte del mundo.

Estas jóvenes, como la hierba fresca que crece callada, llevaban con su presencia, su trabajo y su buen hacer una ráfaga de esperanza y cercanía a los más necesitados.

No se sentían heroínas ni titanes, porque cuando es el amor el que impulsa a hacer las cosas no hay medida ni cálculos mezquinos.


Así vivía Teresa Cardona, la única fallecida en el accidente, una de las responsables e impulsoras de este gran proyecto social en África. Mujer de sonrisa abierta y corazón generoso, había hecho de esa entrega una forma cotidiana de vivir. Era profesora de un colegio de Barcelona.

A veces juzgamos demasiado deprisa.

Nos parece que los tiempos están revueltos, que la juventud anda confundida, desorientada y sin ideales. Sin embargo, esas afirmaciones no hacen justicia a la valentía y a la generosidad que siguen demostrando tantos jóvenes de hoy.

Además, la experiencia enseña que, por poco que demos y ayudemos, siempre recibimos mucho más: lecciones de gratitud, de alegría, de fortaleza y de generosidad. Casi podría decirse, con un punto de egoísmo, que recibimos multiplicado cada pequeño gesto de lo que ofrecemos.

Pasa el tiempo, surgen otras noticias y nuestra atención se dispersa entre la avalancha de información que cada día nos llega.

Pero, mientras tanto, el bien continúa abriéndose camino en silencio, sin hacer ruido, como esas pequeñas plantas que crecen sin que nadie repare en ellas y, poco a poco, cubren la tierra de vida.

Y es entonces cuando volvemos a descubrir que la verdadera felicidad, la que llena de sentido la vida, nace cuando vivimos con el corazón abierto a los demás.

la felicidad que llena la vida, se encuentra cuando se vive en disposición de continua apertura a los demás.

      Lucia SS











Escalando Horizontes

Me presento

  Me permito hacer una pequeña introducción, ahora que tengo una columna propia dentro de la revista. Parece que la iniciativa ha animado a ...