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1.7.20

Gestacion subrogada

    

   La gestación subrogada

   Es una nueva alternativa a la maternidad/paternidad, donde el bebé es gestado por una mujer que no lo va a criar y que, a cambio, recibe un ingreso económico. 

 Creo recordar que comente;  que una prioridad para mi,  son los temas actuales, que atañen especialmente al más débil. Antes de escribir, leo mucho, Oigo, pienso y reflexiono sobre el tema para plasmarlo a pesar de su dificultad y controversia.

Soy consciente, de que esta práctica se está extendiendo, y me implico  bastante con el tema, ya que la imagen que se quiere presentar es casi idílica y tantas cosas permanecen veladas.

 Cómo afecta a los bebés

No podemos pasar por alto todo lo que implica para el recién nacido, los riesgos y los graves efectos psicológicos. Más allá de los sentimientos de los padres y de la ética del "negocio",

 La idea de que los recién nacidos son como una tabla de cera en la que todo está por escribir es muy antigua, ya lo pensó Aristóteles. De hecho, durante siglos los científicos de la época y  filósofos, debatían al respecto; de si al nacer el ser humano posee algún tipo de conocimiento. El tema se zanjó definitivamente en el siglo XX con el desarrollo de la tecnología que permitió comprender el desarrollo embriológico y ver las reacciones de los bebés a diferentes estímulos, desde momentos muy tempranos del embarazo. Respuestas por parte del feto,  visual, auditiva, olfativa y de preferencias  humanas y por supuesto al dolor.

¿Cómo influye en el bebé lo que siente su madre en el embarazo?

Los bebés en el útero perciben su ambiente y les afecta enormemente, todo lo que vive y siente la madre. Se llama “teoría de programación fetal”, es decir, que durante algunos momentos del embarazo hay sistemas biológicos del bebé  que quedan “programados” para dar una respuesta de por vida a un tipo de ambiente externo.  La psique comienza en el embarazo, con el vínculo prenatal, condicionado por el estado emocional de la madre.           

Investigaciones confirman, que lo que se vive en el útero, deja una huella que durará de por vida y que en muchos aspectos condiciona la salud física y emocional. el bebé y su cuerpo recuerdan la vida intrauterina.Condiciona en muchos aspectos su desarrollo cerebral lo que vive en el embarazo, en el parto y en los primeros días. Dejan una huella muy importante en su vida psíquica.

 Cada vez es mayor la evidencia, que demuestra como ese viaje que supone salir del vientre materno quedó profundamente grabado en la psique y en el cuerpo.  Una serie de mecanismos neurohormonales hacen que nada más nacer los bebés esperen encontrarse con su madre, reconocerla, olerla, mirarla a los ojos, e idealmente iniciar la lactancia. 

¿Cómo le afecta al bebé ser separado de su madre nada más nacer y definitivamente?

El bebé gestado, espera encontrarse con la mujer que le ha gestado, que para él es su única madre. Espera ser amado y criado por ella. La herida primal, el trauma de la separación, Y pérdida de su madre, son enormes,  equivalentes a su muerte durante el parto.

 Nils Bergman, investigador neonatólogo, referente mundial y  evidencia científica actual, demuestra lo doloroso que es para los bebés ser separados de su madre nada más nacer. Las consecuencias son más dañinas y las secuelas más graves, obviamente, cuanto la gravedad médica justifican esa separación inmediata.

Esta herida primal. Es la que muchos niños  adoptados han sufrido con separaciones tempranas y traumáticas de la madre.  Que a veces favorece trastornos del vínculo o alteraciones muy graves de la conducta en la infancia o adolescencia que pueden ser muy difíciles de tratar: Precisando terapias. Familiarmente vinculado a la falta de raíces.

Adopción y  subrogación

 La mayoría de niños adoptados crecen saludablemente y sin secuelas del abandono inicial, pero también hay una minoría que sí tiene dificultades muy severas y graves trastornos de conducta, independientemente de los cuidados de sus familias adoptivas. Pero la adopción y la subrogación son dos situaciones muy diferentes. El abandono o rechazo que precede a la adopción, es decir, que una madre (¡y un padre!) no se hagan cargo de su bebé, es algo que, al hijo-a “le pasa”. Por el contrario, que alguien decida gestar un bebé en el vientre de una madre de la que le separarán nada más nacer es algo que “le hacen”.En el primer caso, la familia adoptiva repara ese daño aceptando y queriendo al bebé. En el segundo,  es la propia familia la que decide hacer pasar al bebé por ese embarazo y parto con separación posterior. Acallando el daño que causa en el bebé.  Poniendo por encima su presunto derecho a ser padres. Al bebé le afectará enormemente cómo vive psicológicamente la gestante el embarazo y los sentimientos de esta mujer por su situación de pobreza, de presión y de instrumentalización. Incluso en los casos de gestación “altruista” como Canadá hay gestantes que expresan “disfruté mucho del embarazo, pero nunca sentí una conexión maternal”. ¿Quién puede pensar que eso no afecta al desarrollo del bebé?

  Además, se programa el parto o se realiza una cesárea en la mayoría de los casos, para favorecer que estén presentes los padres que han “contratado” la subrogación. El bebé no se va a beneficiar de un parto espontáneo, no va a tener piel con piel con la madre, no va ser a amamantado.etc. La memoria corporal no se podrá borrar, las sensaciones del embarazo y la ausencia de esa madre que le gestó perdurará de por vida

La ética gestante y el útero del capitalismo

Desde el punto de vista del recién nacido la subrogación no solo es una agresión injustificable éticamente, además, es arriesgado y previsible que algunos de estos bebés pueden sufrir secuelas psíquicas y dificultades para los vínculos afectivos el resto de sus vidas

El capitalismo salvaje llega ya hasta las entrañas. Convierte el cuerpo de la mujer en una máquina de parir y a los bebés en un producto de mercado. “¿Tenías que ser diestro? Supongo que ya nadie solicita un hijo zurdo”.

Gestación: ¿deseo o derecho?

La maternidad subrogada ha generado un turbulento debate público.

Los defensores de la supuesta libertad de la mujer para alquilar su útero sostienen argumentos propios del capitalismo feroz (en ocasiones camuflado de altruismo) y apelan a una nueva modalidad de reproducción asistida.

Los críticos con esta práctica acumulan teorías que se preguntan por la voluntad de las gestantes y por las consecuencias en los gestados.

 El limbo legal, la asimilación de esta práctica con nombres famosos, y las contradicciones de quienes rescatan razones que no siempre usaron cuando defendieron modelos de familia diferentes al tradicional, permiten que un creciente número de empresas emergentes hagan caja con este nuevo negocio. Y cuando la confusión es el resultado, siempre ganan los mismos.

  La idea de que la paternidad es un derecho y el alquiler de vientres es un acto de libertad de la mujer nos sitúan de nuevo en la perversión del lenguaje.

Subrogación: ¿alquiler de vientres o venta de seres vivos?

Hasta hace poco tiempo, la palabra subrogación, te llevaba a pensar en la hipoteca. Mientras se gestaba  un negocio. Ahora es el cuerpo humano (como casi siempre, el de la mujer) que adquiere atributos propios de otros campos: la agricultura, la ganadería, la minería o la industria.

Para mucha gente, el concepto “maternidad subrogada” se hizo carne cuando algunos famosos utilizaron este método para adquirir sus primeros hijos. Desde entonces, la práctica se ha convertido en una deshumanizada moda y se ha ido normalizando.

Pero la subrogación se define como “un negocio (jurídico) mediante el cual una persona sustituye a otra en una obligación”. Y de eso se trata, finalmente: de un puro negocio.

Alquilar los vientres es la última fase de la oferta sistemática y exhaustiva del cuerpo y la voluntad de la mujer.

Tengo que deciros que me asusta. Pues una vez saqueada la superficie, invadidos los orificios y destruidas las emociones y libertades, se llega directamente a las entrañas, en un mercado de órganos, la trata de personas y la prostitución. 

Se a creado una propaganda en  este nuevo sector industrial tan rápida como seductora. En el que las leyes, las normas, los precios y las condiciones de este sistema parecen fruto de la improvisación. El ser humano del siglo XXI es el banco de pruebas de una revolución genética, social, productiva y (a)moral.

Somos la nueva humanidad cobaya.

Venta del menor: Stock y menú

Este año no hay noticia de esa feria llamada “surrofair” empresas de Canadá, California, Las Vegas y de Bilbao, con nombres tan irresistibles como “Soñando juntos”, “Interfertility” o “Building Families”.Cuya materia prima son los vientres de alquiler. Es el principio del futuro bebé a la carta. Con atributos de legalidad, bondad, oportunidad y modernidad. Si continuamos así lo siguiente será; Ferias de distribuidores de riñones frescos y toda clase de órganos, quien pone el tope quien regula.

Lo más aterrador es que esa Feria es: la consecuencia de la insaciable invasión de la humanidad, las sensibilidades y los sentimientos de las mujeres en aras de la mejora del rendimiento y la capacidad productiva (reproductiva en este caso) de sus cuerpos. La deshumanización siempre busca coartadas sanitarias y apela a la libertad con idéntica ausencia de autoridad y de vergüenza.

  Esta beatífica solución, tan atractiva y rentable para tantos padres y madres atacados por la capitalista agitación de incrementar su unidad familiar, acude a extremos argumentales inimaginables: A veces llegan a usar el cínico bálsamo de considerar los futuros bebés como refugiados afortunados por vivir en sus residenciales mundos. Nadie los está defendiendo

 hijos de un vientre esclavo

La complejidad de la maternidad subrogada plantea muchísimos problemas que apenas se pueden apuntar en este texto: desde la escalofriante existencia de “granjas” de madres de alquiler, donde los intermediarios deciden todos y cada uno de los asuntos vitales de estas mujeres, al escándalo de esos padres de pago cuya madre de alquiler tuvo mellizos, uno sano y otro enfermo, y decidieron devolver al segundo y quedarse solo con el primero.


O esa maraña legislativa, tan desigual e improvisada que permite todo tipo de resquicios por los que se desarrolla este negocio. O la inicial adscripción de este fenómeno al gay-capitalismo.

Pero si hay un asunto que no se puede obviar es cómo afecta todo esto a los más inocentes: Violencia, herida, secuestro  violencia obstétrica.

Hablamos de la diversidad y formas de familia: sin duda alguna, el modelo social que más transformaciones radicales ha sufrido en las últimas décadas. Curiosamente, muchos de los detractores clásicos de cada uno de esos cambios, defienden ahora este pay per baby y definen como un ejercicio de libertad lo que es sólo una nueva conquista del mercado. el verdadero útero del capitalismo.



    La gestación subrogada parece estar de moda. Es una nueva alternativa a  la maternidad/paternidad que supone que el bebé es gestado por una mujer que no lo va a criar y que, a cambio, recibe un ingreso económico.


Más allá de los sentimientos de los padres y de la ética del "negocio", no podemos pasar por alto todo lo que implica para el recién nacido, los riesgos y los graves efectos psicológicos.


Maternidad subrogada: cómo afecta a los bebés

Tabula rasa. La idea de que los recién nacidos son como una tabla de cera en la que todo está por escribir es muy antigua, ya lo pensó Aristóteles. De hecho, durante siglos los científicos de la época, es decir, los filósofos, debatían al respecto de si al nacer el ser humano posee algún tipo de conocimiento o no.


El tema se zanjó definitivamente en el siglo XX con el desarrollo de la tecnología que permitió comprender el desarrollo embriológico y ver las reacciones de los bebés a diferentes estímulos desde momentos muy tempranos del embarazo.


Ahora sabemos que hay respuesta a la sensación dolorosa desde la semana 25 del embarazo, respuesta visual y preferencia por caras humanas desde la semana 26 y capacidad auditiva similar, y respuesta olfativa clara desde la semana 29.


¿Cómo influye en el bebé lo que siente su madre en el embarazo?

Los bebés en el útero perciben su ambiente y les afecta, enormemente, todo lo que vive y siente la madre.


Los estudios además han confirmado lo que se llama “teoría de programación fetal”, es decir, que durante algunos momentos del embarazo hay sistemas biológicos del bebé que quedan “programados” para dar una respuesta de por vida a un tipo de ambiente externo.


La construcción de la psique comienza en el embarazo, con el vínculo prenatal, y el neurodesarrollo del bebé está muy condicionado por el estado emocional de la madre, más aún si consume alcohol, tabaco u otros tóxicos.


Todos estos estudios e investigaciones confirman efectivamente que lo que se vive en el útero deja una huella que durará de por vida y que en muchos aspectos condicionara la salud física y emocional. Es decir, que el bebé y su cuerpo recuerdan la vida intrauterina.


¿Y qué pasa si lo separan de su madre?

Lo mismo podemos decir del nacimiento: cada vez es mayor la evidencia que demuestra como ese viaje que supone salir del vientre materno queda profundamente grabado en la psique y en el cuerpo.


Toda una serie de mecanismos neurohormonales hacen que nada más nacer los bebés esperen encontrarse con su madre, reconocerla, olerla, mirarla a los ojos, e idealmente, iniciar la lactancia.


Condiciona en muchos aspectos su desarrollo cerebral lo que vive en el embarazo, en el parto y en los primeros días. Deja una huella muy importante en su vida psíquica. Por todo ello cuando hablamos de gestación subrogada es imprescindible ponernos en la piel del bebé y hacernos las siguientes preguntas:


¿Cómo le afecta al bebé lo que viva y sienta la gestante?

¿Cómo le afectará ser separado de su madre nada más nacer y despedirse de ella definitivamente?

El bebé gestado por subrogación, al igual que todos los de nuestra especie, espera encontrarse al nacer con la mujer que le ha gestado y que para él es su única madre. Espera ser amado y criado por ella.


La herida primal: el trauma de la separación

Ser separado de la madre nada más nacer y probablemente no volverla a ver suponen un trauma y una pérdida enormes: equivalentes a que su madre muera en el parto.


“Lo peor que le puede pasar a un recién nacido es que le separen de su madre”


Esta frase del neonatólogo Nils Bergman, investigador referente a nivel mundial, sintetiza muy bien toda la evidencia científica actual que demuestra lo doloroso que es para los bebés ser separados de su madre nada más nacer.


Las consecuencias son más dañinas y las secuelas más graves, obviamente, cuanto más prolongada es la separación. Precisamente por toda esa evidencia, sólo situaciones de cierta gravedad médica justifican esa separación inmediata.


Es lo que llamamos la herida primal. Muchos de los niños que han sido adoptados sufrieron esas separaciones tempranas y traumáticas de la madre lo que a veces favorece trastornos del vínculo o alteraciones muy graves de la conducta en la infancia o adolescencia que pueden ser muy difíciles de tratar: suelen ser precisos años de terapias.


Adopción vs subrogación

Hay una mayoría de niños adoptados que crecen saludablemente y sin secuelas del abandono inicial, pero también hay una minoría que sí tiene dificultades muy severas y graves trastornos de conducta, independientemente de cuanto les quieran y cuiden sus familias adoptivas.


Pero la adopción y la subrogación son dos situaciones muy diferentes. El abandono o rechazo que precede a la adopción, es decir, que una madre (¡y un padre!) abandonen o no se hagan cargo de su bebé, es algo que, al hijo-a “le pasa”. Por el contrario, que alguien decida gestar un bebé en el vientre de una madre de la que le separarán nada más nacer es algo que “le hacen”.


En el primer caso, adopción, la familia adoptiva repara ese daño aceptando y queriendo al bebé.


En el segundo, subrogación, es la propia familia la que decide hacer pasar al bebé por ese embarazo y parto con separación posterior negando el daño que todo eso puede causar, poniendo por encima su presunto derecho a ser padres.


Al bebé le afectará enormemente cómo viva psicológicamente la gestante el embarazo. Es difícil imaginar lo que pueda vivir un bebé gestado por una mujer que lo hace por su situación de pobreza.


Incluso en los casos de gestación “altruista” como Canadá hay gestantes que expresan “disfruté mucho del embarazo, pero nunca sentí una conexión maternal”. ¿Quién puede pensar que eso no afecta al desarrollo del bebé?


Mucho más que perder una madre

La gestación subrogada supone infringir una herida psíquica enorme a un recién nacido: separarle de la madre que lo gestó, y mantener la separación.


Además, se programa el parto o se realiza una cesárea en la mayoría de los casos, para favorecer que estén presentes los padres que han “contratado” la subrogación.


El bebe no se va a beneficiar de un parto espontáneo, no va a tener piel con piel con la madre, no va ser a amamantado…Supone toda una suma de pérdidas con muchos riesgos y posibles efectos adversos en la salud a muy largo plazo.


La memoria corporal no se podrá borrar, las sensaciones del embarazo y la ausencia de esa madre que le gestó perdurará de por vida


Desde el punto de vista del recién nacido la subrogación no solo es una agresión injustificable éticamente, además, es arriesgado y previsible que algunos de estos bebés puedan sufrir secuelas psíquicas y dificultades para los vínculos afectivos el resto de sus vidas


La ética gestante y el útero del capitalismo

El capitalismo salvaje llega ya hasta las entrañas. Convierte el cuerpo de la mujer en una máquina de parir y a los bebés en un producto de mercado.

Gabriel Núñez Hervás

 

 

 Alquiler de vientres

“¿Tenías que ser diestro? Supongo que ya nadie solicita un hijo zurdo”.


(Gattaca, 1997)


Gestación: ¿deseo o derecho?

La eclosión mediática de la maternidad subrogada ha generado un turbulento debate público.


Los defensores de la supuesta libertad de la mujer para alquilar su útero sostienen argumentos propios del capitalismo feroz (en ocasiones camuflado de altruismo) y apelan a una nueva modalidad de reproducción asistida.


Los críticos con esta práctica acumulan teorías que se preguntan por la voluntad de las gestantes y por las consecuencias en los gestados.


Mientras tanto, el limbo legal, la asimilación de esta práctica con nombres famosos, y las contradicciones de quienes rescatan razones que no siempre usaron cuando defendieron modelos de familia diferentes al tradicional, permiten que un creciente número de empresas emergentes hagan caja con este nuevo negocio.


Y cuando la confusión es el resultado, siempre ganan los mismos.


La idea de que la paternidad es un derecho y la insistencia en que el alquiler de vientres es un acto de libertad de la mujer nos sitúan de nuevo en la perversión del lenguaje, y nos conducen irremisiblemente hacia el erial ético.


Subrogación: ¿alquiler de vientres o venta de seres vivos?

Hasta hace poco tiempo, cuando alguien escuchaba la palabra subrogación pensaba inmediatamente en la hipoteca. Mientras tanto, se gestaba –nunca mejor dicho– un negocio en el que el cuerpo humano (como casi siempre, el de la mujer) adquiría atributos propios de otros campos: la agricultura, la ganadería, la minería o la industria.


Para mucha gente, el concepto “maternidad subrogada” se hizo carne cuando algunos famosos utilizaron ese método para adquirir sus primeros hijos. Desde entonces, la práctica se ha convertido en una deshumanizada moda y se ha ido normalizando.


Pero la subrogación se define como “un negocio (jurídico) mediante el cual una persona sustituye a otra en una obligación”. Y de eso se trata, finalmente: de un puro negocio.


Alquilar los vientres es la última fase de la oferta sistemática y exhaustiva del cuerpo y la voluntad de la mujer. Una vez saqueada la superficie, invadidos los orificios y destruidas las emociones y libertades, se llega directamente a las entrañas, en una sinécdoque brutal del mercado de órganos, la trata de personas y la prostitución.


La maquinaria de propaganda de este nuevo sector industrial es tan rápida como seductora. Y se mueve como feto en líquido amniótico en un escenario mundial desquiciado y contradictorio en el que las leyes, las normas, los precios y las condiciones de este sistema parecen fruto de la improvisación.


El ser humano del siglo XXI es el banco de pruebas de una revolución genética, social, productiva y (a)moral.


Hoy somos las ratas de los laboratorios farmacéuticos.


Somos la nueva humanidad cobaya.


Venta del menor: Stock y menú

Este año no hay noticia de esa feria llamada surrofair cuya materia prima son los vientres de alquiler. Es el principio del futuro bebé a la carta. Todo lo que irrumpe de una manera tan sofisticada y publicitada en el mercado adquiere, ipso facto, atributos de legalidad, bondad, oportunidad y modernidad.


No hay Ferias de distribuidores de cocaína ni de dispensadores de riñones frescos.


Pero el año pasado se reunieron dos docenas de expositores en esta verbena: empresas de Canadá, California, Las Vegas y de Bilbao, con nombres tan irresistibles como “Soñando juntos”, “Interfertility” o “Building Families”.


El texto promocional del evento, coronado por la imagen de un bebé (rubio y con los ojos azulísimos, ¿quién lo podría haber sospechado?), no tenía desperdicio:


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“Las mujeres con endometriosis, malformaciones uterinas, algunos tipos de cáncer o problemas cardiovasculares muchas veces no tienen la capacidad de gestar incluso sometiéndose a técnicas tradicionales de reproducción asistida. Además, a todas ellas se les unen los hombres solteros y las parejas de hombres que quieren formar una familia...”.


Y seguía explicando la faena con una sintaxis claramente subrogada:


“...Pese a que la adopción es una opción, las largas listas de espera, la burocracia y la prohibición en muchos países que sufren las parejas homosexuales es un gran impedimento. Por tanto, si estás pensando en formar una familia y te encuentras en esta situación…”.


¡Sáltate las listas si tienes divisas!, les faltó añadir. Pero las guindas estaban al final de la introducción:


“...Con el fin de proteger la intimidad de los asistentes, se prohibe (sic) hacer fotos o grabaciones dentro del evento. La organización corre a cargo de la revista online Babygest”.


Lo más aterrador es que esa Feria no era la causa, sino el síntoma y la consecuencia de la insaciable invasión de la humanidad, las sensibilidades y los sentimientos de las mujeres en aras de la mejora del rendimiento y la capacidad productiva (reproductiva en este caso) de sus cuerpos.


La deshumanización siempre busca coartadas sanitarias y apela a la libertad con idéntica ausencia de autoridad y de vergüenza.


Liquidación por cierre

A similar ritmo que el de las ofertas, hay un alud de discursos diarios empujando en direcciones opuestas el rumbo argumental de este conflicto. Los que reman a favor suenan, inevitablemente, a mentiras y extraperlos. Los que soplan en contra incluyen, con preocupante frecuencia, justo es expresarlo, algunos alientos extraños.


Una perspectiva amable y cobarde acudiría sin duda a la inclusión de esta “problemática” en el álbum de las nuevas formas de familia. Una vez más, lo reaccionario se apropia del análisis libertario para reconducirlo a su rueda.


Esta beatífica solución, tan atractiva y rentable para tantos padres y madres atacados por la capitalista agitación de incrementar su unidad familiar, acude a extremos argumentales inimaginables: A veces llegan a usar el cínico bálsamo de considerar los futuros bebés como refugiados afortunados por vivir en sus residenciales mundos.


La realidad es que estos niños no iban a nacer.


No tendrían que refugiarse en ningún lugar. Nadie los está salvando.


Epílogo: hijos de un vientre esclavo

La complejidad de la maternidad subrogada plantea muchísimos problemas que apenas se pueden apuntar en este texto: desde la escalofriante existencia de “granjas” de madres de alquiler, donde los intermediarios deciden todos y cada uno de los asuntos vitales de estas mujeres, al escándalo de esos padres de pago cuya madre de alquiler tuvo mellizos, uno sano y otro enfermo, y decidieron devolver al segundo y quedarse solo con el primero.


O esa maraña legislativa, tan desigual e improvisada que permite todo tipo de resquicios por los que se desarrolla este negocio. O la inicial adscripción de este fenómeno al gaycapitalismo.


Violencia, herida y secuestro

Pero si hay un asunto que no se puede obviar es cómo afecta todo esto a los más inocentes de esta tragedia: cómo afecta todo este caos a los niños.


Nils Bergman ha desarrollado estudios que describen sin asomo de duda las nefastas consecuencias que tiene para un bebé la llamada violencia obstétrica.


Nancy Verrier ha acuñado un término fundamental para entender la génesis de estos daños: la herida primal.


Ibone Olza recuerda cómo este método evoca irremisiblemente al secuestro de bebés (sería un pre-secuestro, de hecho).


No ha sido fácil, pero hemos aprendido a entender, aceptar y convivir con todas las nuevas formas de familia: sin duda alguna, el modelo social que más transformaciones radicales ha sufrido en las últimas décadas.


Curiosamente, muchos de los detractores clásicos de cada uno de esos cambios, defienden ahora este pay per baby y definen como un ejercicio de libertad lo que es sólo una nueva conquista del mercado.


Es la expresión más extrema de la ética protestante: el verdadero útero del capitalismo.



Escalando Horizontes

Me presento

  Me permito hacer una pequeña introducción, ahora que tengo una columna propia dentro de la revista. Parece que la iniciativa ha animado a ...