Elogio
a La maternidad
Quiero componer un canto a la
maternidad, a esas madres buenas y generosas que
pasaron y pasan ocultas, a las que tanto debemos. No eran ignorantes ni cortas
de miras. Pero, y eso te lo confirmo, eran valientes y tenían un coraje de
heroínas. No se les ponía nada por delante y la mayoría de ellas eran polifacéticas.
Puedo hablar de la mía: Era matrona, enfermera, modista, profesora, peluquera,
cocinaba de chuparte los dedos. Era limpia, ordenada, era economista, pues con
muy poco dinero hacia auténticos milagros; era empresaria, cuentacuentos, etc.,
Para nosotros lo era todo…
Si alguien se atreve a debatirme que no eran
nadie, que tan sólo, amas de casa, esposas y madres, me gustaría tener un cara
a cara con él, y comparar quien es más completo. No tuvieron másteres, quizás no estudiaron cursos superiores, pero se han
abierto camino en la universidad de la vida, cursando todas las ciencias.
Como decía, ha cambiado muy deprisa
la vida, ¿para mejor?, ¿para peor? No lo se. Es lo que toca, y no todo tiempo pasado
es mejor… Pero, con mucho respeto y veneración, Eran los cimientos del hogar,
los niños no poseíamos gran cosa, pero éramos muy felices, no teníamos el
estrés y la inseguridad que tienen muchos niños ahora. Lo tienen todo, pero
pasan 12 horas fuera de casa, en muchas actividades y muy poco tiempo con su
familia, llegan agotados todos a la tarde noche a casa y toca….tarea, ducha,
cena, cama. No hay tiempo, no hay espacios familiares para expandirse, contar,
preguntar, compartir, etc. Incluso en estos cortos espacios, asume el
protagonismo, la omnipresencia de la televisión, móviles, pley. etc
Que poco cálculo tienen los jóvenes
y, menos aún, los niños de lo que realmente hace el paso del tiempo en las
personas. Parece que los que nos rodean siempre han estado ahí y que siempre
seguirán, aguardando y ayudando.
Cuando somos jóvenes y tenemos todo
un porvenir por delante, que nos hace correr mirando al frente, con la
aspiración de conquistar metas en el estudio, en el deporte, en los bocetos de
futuro que toda juventud se fragua. Al mismo tiempo que el almanaque sigue
adelante consumiendo con ritmo acompasado días, semanas, meses, años, que, en
un suspiro, se van.
Un hijo siempre será un niño para
su madre, el poso que van dejando los intrincados caminos de
la vida, nos hacen más reflexivos, más serenos y ponderados. Maduran el cuerpo
y el espíritu. Surgen nuevos proyectos, nuevas etapas que toca asumir, a veces
con sorpresas, como un regalo, otras con desganas, pero en todos los casos como
una obligación que no se puede eludir.
Se despierta el deseo, convertido en
añoranza, de tener cerca el abrigo del corazón materno. Ese corazón, que
llenaba de grandeza lo más pequeño e inapreciable, siempre dispuesto, alegre y
amable… ¡Quien mejor que ella para poder compartir vivencias, reveses,
sinsabores y escuchar nuestras experiencias!
“También los grandes hombres se han formado en
las rodillas de sus madres”; todo hombre, por tanto, tiene
necesidad de una madre.
LUCIA SS

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