El dulce arte de escribir, el dulce arte leer
“Angeles Doñate le da sentido al género epistolar. pero en
los tiempos del correo electrónico, los sms, Facebook y los WhatsApp “El
invierno que tomamos cartas en el asunto” hace mucho más que eso. Con la excusa
o, mejor dicho, gracias al intento de una octogenaria de salvar el puesto de
trabajo de la cartera de una pequeña población de las montaña, se inicia una
cadena de cartas entre desconocidos, cuya única condición será la falta de
remitente y la obligación de no romper la cadena.
Tal y como nos
transmite la autora, una carta empieza siendo un escaparte, un medio de
comunicación que, con solo llegar a la tercera línea, nos obliga a desnudar el
alma sin permiso ninguno, sin defensa alguna sobre actos inconscientes que
realizamos conscientemente y que nos permiten exhalar esos pensamientos
atascados entre nuestro corazón y nuestra boca y que jamás conseguirían salir,
de no ser por medio de la escritura.
Cada una de las
cartas contiene un pedazo del espíritu de sus autores, parte de sus
remordimientos por culpas no redimidas, de sus anhelos jamás confesados, de sus
pasados enquistados en zonas de su ser en las que nunca hubieran mirado sin ese
pretexto del bien común traducido, en la buena obra de: mantener a una igual
que es la pequeña cartera pelirroja; esta, sin quererlo, se ha convertido en
centro y parte de un fenómeno que despierta a un pueblo hasta entonces dormido.
Historias de
amor y desamor, historias pretéritas de un lejano pasado en blanco y negro
sobre fotografías de esquinas recortadas en rombo o historias tan presentes
como la vuelta de un viajero cuyo día a día pivota sobre una comunicación por
chat; todos ellos tienen espacio para Angeles Doñate. Nuestra autora ha sabido
abstraerse de cualquiera de los personajes para no darles a ninguno de ellos el
titulo de protagonista, cuando para ella ese honor solo le podría corresponder
al centro de esta historia que son las cartas.
Estas cartas que
desnudan a cada uno de los personajes, que nos permiten conocerlos mucho más de
lo que cualquiera de sus vecinos los conoce, que nos permiten prever las
reacciones porque sabemos sus miedos, pasiones, sensaciones, pasados y
pretensiones de futuro.
Impresionante
la labor de documentación de la autora, porque además de las cartas entre los
actores de este teatro de marionetas que con tanta destreza maneja, la ingente
cantidad de referencias literarias con que cuenta la obra hace de ella, no solo
una novela deliciosa en su lectura, sino una apasionada oda de encumbramiento a
todos los pensamientos compartidos en papel entre gentes de los cinco
continentes en todos los tiempos de la historia; esto unido a unas más que
ocurrentes citas de personajes famosos al inicio de cada uno de los capítulos
hace que sea imposible separarse del libro.
No es una
novela para prestar, no es una novela para comentar o compartir porque la
autora consigue entrar en nuestro interior y proporcionarnos esa deseada
sensación de “no quiero que se termine”; los devoradores de letras sabemos lo
que nos pasa por la mente en el inicio de un libro y como el autor pasa de ser
un nombre en una portada a ser alguien con quien adquirimos una confianza
plena, que nos permite tutearlo y perder la mirada en cada punto y aparte de su
obra o en cada cambio de capitulo.
No sé me ocurre
cual es el lector adecuado para esta maravillosa obra pero, lo que es mejor, no
se me ocurre quién de nosotros no sería el lector perfecto para esta
delicatesen de la literatura; aquellos que leen habitualmente se sorprenderán a
sí mismos con la mirada perdida pensando en las montañas de Porvenir, aquellos
que no sean lectores habituales serán víctimas de la maravillosa prosa de
Angeles Doñate y, con ese virus inoculado, buscarán con avidez nuevas
historias. Quizás las pidan por carta…….
“Uno de los
placeres de leer viejas cartas es saber que ya no necesitan respuesta”
Un libro maravilloso no sólo por su contenido literario ,
lleno de valores, donde todo el mundo participa en el bien sugerido y propagado
desde el corazón de una anciana.






