UNO + UNO + UNO
Un día que estaba de vacaciones en tierras
del cantábrico. Caminando por la playa, reparé en un hombre que
se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía
lo mismo una y otra vez. Al principio, pensé un deporte como otro
cualquiera de flexiones.
Me aproximé y observé que lo que agarraba eran
estrellas de mar, que las olas depositaban en la arena, y una a una las
arrojaba de nuevo al mar. Le pregunté por qué lo hacía, y me respondió: "Estoy
lanzando estas estrellas marinas nuevamente al
océano, para que tengan una nueva oportunidad”.
Yo no entiendo de mar, pues soy de tierra adentro y el
lo percibió en mi rostro y continuo: Como ves, la marea está
baja y estas estrellas han quedado en la orilla. Si no las devuelvo morirán
aquí por falta de oxígeno.
"Entiendo” -le dije-, pero debe haber miles de estrellas
de mar sobre la playa, no puede lanzarlas todas. Son
demasiadas, teniendo en cuenta que esto sucede probablemente en
cientos de playas a lo largo de la costa. Y veo que
le exige demasiado esfuerzo, pues los años no
perdonan y tiene poco sentido con su edad este sacrificio.
“No tiene sentido”. El hombre me sonrió, ¿no
tiene sentido? Se inclinó y tomó otra estrella marina y mientras la
lanzaba de vuelta al mar me respondió: ésta sí lo tuvo!".
Esta lección, es aplicable en nuestra vida, para cada
uno ¡en tantas acciones!
No puedo cambiar el mundo pero si a mi mismo y mi entorno
No puedo salvar el mundo de tanto residuo tóxico indestructibles, pero
puedo reducir el mal uso o abuso de algunos materiales, y
depositar en
sus contenedores clasificarlos bien para su reciclación correspondiente.
No puedo evitar la guerra, pero si puedo ser un remanso de
paz en el entorno en el que me muevo.
Y así con cada acto de mi día. Uno a Uno+uno
GESTIONANDO LOS PROBLEMAS
El panadero me contrato para ayudarle a
reparar su viejo horno.
Acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su taladrador eléctrico se
dañó y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora el antiguo camión
se negaba a arrancar. Me ofrecí a acercarle a su casa.
Mientras le llevaba, estaba sentado en silencio,
cansado, contrariado pero sereno.
Cuando llegamos a su casa. Me invitó a conocer a su
familia y mientras nos dirigíamos a la puerta , se detuvo brevemente
frente a un pequeño árbol que tenía en
el jardincillo, tocando las puntas de las ramas con ambas
manos.
Al abrirse la puerta, el rostro de aquel hombre se transformó,
sonrió, abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Luego me
acompañó de vuelta hasta el coche.
Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunte,
señalando al arbusto. ¿que había hecho un rato antes? Se hizo el
despistado, pero mi pregunta esperaba tras mirarle "Oh, ese es
mi árbol de los problemas", contestó. "Sé que no puedo
evitar tener problemas en el trabajo, y a lo largo de la
jornada. pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa,
ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el
árbol cada noche cuando llego a casa.
Luego, a la mañana siguiente, los recojo otra
vez. Y sabes ..Lo bueno es -concluyó, sonriendo; que cuando
salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber
colgado la noche anterior".
Ese día aprendí, una lección magistral, que trato de
practicarla todos los días. No niego la
realidad cuando hablo con mi esposa, pero ya no
como problema, para no añadir un peso más, y así
también hacerme más cargo de los suyos.
Que los problemas y preocupaciones no nos aparten de ellos
EL MEJOR REGALO
Con frecuencia nuestros hijos nos dan lecciones que
nos hacen reflexionar
Hace un tiempo, un amigo mío me contaba arrepentido y
emocionado una pequeña anécdota. Un día regañó a su hija
de tres años por gastar un rollo de papel de
envolver regalos. No andaba muy sobrados de
dinero y lo tenían reservado para un compromiso, por eso se
enfureció cuando la niña trató de decorar una caja para ponerla bajo el árbol
de Navidad.
A pesar de la regañina, la pequeña
llevó este regalo a su padre a la mañana siguiente Acercándoselo
hasta su cama, diciendo: "Esto es para ti, papá".
Me conto que el estaba turbado por su excesiva
reacción el día anterior, pero se molestó de nuevo cuando vio que la caja
estaba vacía. Le dijo "¿No sabes que cuando le das a alguien un
regalo se supone que debe haber algo dentro?"
La pequeña lo miró con lágrimas en los ojos y dijo: "Pero,
papá. No está vacía. He puesto muchos besos en la caja, la
he llenado y todos son para ti, papá".
El padre se quedo hecho polvo. Rodeó con sus brazos
a la pequeña y le pidió que le
perdonara. Este amigo
me decía, que conservó esa caja visiblemente muy mal
forrada sin ningún valor material, junto a su cama durante años.
Y siempre que estaba descorazonado, triste,
preocupado… sacaba un beso imaginario y recordaba con
cuanto amor lo había puesto allí su pequeña.
Realmente, a todos los padres, se nos ha dado una
caja de regalo llena de amor incondicional y besos de nuestros
hijos. Es la posesión más preciosa que se puede tener



No hay comentarios:
Publicar un comentario